EL MUSEL, EN LA CALLE Y EN LA MAR

El Musel está de rabiosa actualidad, y tiempo lleva estándolo, en información de medios y en conversación de «calle»; primero, por la gran «reconstrucción», y sus posibles efectos sobre mares, mareas y arenas playeras; ahora, en plena explosión del éxito constructivo, se habla del «deslizamiento» de algo más de un par de cientos de millones de euros, suave soplo de treinta o cuarenta mil millones -el monto de millones depende de la regla del señor Palao- de «nuestras» (de todos, también de usted estimada señora) antiguas pesetas, y por la necesidad del «riego» para 2009, de una barbaridad de metros cúbicos de arena de las Amosucas sobre la de San Lorenzo... «De Este a Oeste extendido su manto canela», cantó en 1941 D. Diego, el profesor poeta.... ¿De qué manto y de qué canela hablaremos mañana, tras le ejecución de «Riego»?...

  Constato, en mi ignorancia, y bien me extraña, que de la proximidad de las Amosucas, Providencia y Sanatorio Marítimo, una y dos dragas, de magnífico porte, y me dicen que hasta tres, han estado chupando arena durante horas y horas, semanas y semanas... ¿estará el tesoro almacenado, secando, hasta el 2009, para «regarlo» sobre la playa? ¿O serán aquellas arenas lastre de esos inmensos cajones, orgullo de nuestros técnicos?...   El Musel, como el vecino curioso, puede ver desde el paredón de Liquerique, sigue, a pesar de las grandes obras «galácticas» y del buen «deslizamiento», frente a Santa Catalina, como la batería del fuerte de Arnao, que se levantó para defensa de la «Concha» por la guerra «coronaria» entre el Borbón y el Austriaco, estuvo siempre frente a la de

la Atalaya. Hoy, a nuestra querida Concha de Gijón, nadie la defiende, que quienes se le acercan, no es para «tomarla», sino, dicen los más llamados a callar, sólo es para «explotarla».   También estuvieron frente a frente, casi treinta años, el muelle de El «Musel» y el muelle de «Santa Catalina» con ocasión de la guerra decimonónica de los puertos. «Muselistas», de Torres, contra «apagadoristas» de la Santa y D. Florencio...   Durante todos aquellos años de mala guerra portuaria, que tuvieron a Gijón, a las familias, al Consistorio, a los casinos, a los cafés, a las industrias, al Instituto, a la parroquia y hasta los niños, a lo Salomón, partidos en dos, Oviedo, cabeza y capital de la provincia, metió para sus intereses, y bien a fondo y más de una vez, como si la mar fueran rica «sopa de marisco», su cuchara; dicen que hoy, que unos de Oviedo, más otros de Madrid, han vuelto a meter la cuchara en las «sopas deslizantes» de El Musel; y el muy inquieto «pilarín opositor» -mira que ahora dicen que el señor Aznar va a dejar a la señora Botella, ¡por fin, abstinencia y templanza!- que tanto pregunta a la Alcaldesa por las olas de El Musel, como si la regidora fuera la presidenta de la «Constructora Gijonesa», bien podría inquirir cerca de sus amigos sobre las canteras beneficiadas por el «recule» del portugués, que tan altos costes ha traído; y también, por la «etiqueta» que lucen los constructores de la obra... sobre los que no ha de caer ninguna responsabilidad, pues dice el señor del Fomento «que acudir a la vía judicial por el sobrecoste podría paralizar el superpuerto»...; o sea, lo del cabo y el saludo al general, «entre , no vamos a andar con pamplinas».   Hoy, en la calle, nadie recuerda el «muelle» de Santa Catalina, ni el «muellín» de D. Florencio, como nadie recuerda a la Santa Bárbara, porque todavía no truena, aunque me temo, ciudadano, que, pronto, «recordar y rezar», habremos; hoy, en las conversaciones, por los «Moros», sin duda la calle más comercial de la villa, o por la Corrida segundona, sólo se habla de la dificultad de las obras; se pondera, y muy mucho, la profesionalidad y lo perfecto de la ejecución, pero algún ciudadano, nunca falta un «cigoreyu pa un remiendu», piensa en alto mientras pasea, «si todo ha sido tan milimétricamente pluscuamperfecto, como dicen los técnicos, ¿cuántos miles de millones, a más de los treinta/cuarenta, dependiendo de la regla, se hubieran podido «deslizar», de haber caído mal a la mar, aunque sólo fuera una docena de pedraplenes?...   Las cuentas de El Musel, de las que tanto se habla en la calle y en delicioso café Capuccino, son como las cuentas famosas que le pidieron al Gran Capitán, después de sus mil victorias... Que, el deslizamiento, por lo que parece, no se debe a fallo o imprevisión, sino a «prisas» de verano y a los embates -nada pueriles señora senadora del pardo poder que todo lo sabe- de las mareas del 19 de marzo, la marea vivísima del San José de este año, que debieron ser las mismas -cada quinientos años, dicen los técnicos locales del puerto que aparecen- que terminaron con el sueño conquistador de la Armada Invencible, en el remoto 1588, «alguna de cuyas velas», cuenta la leyenda histórica del señor Rendueles, vinieron con D. Pedro Menéndez de Avilés, el Adelantado, al abrigo de Torres... (aunque el Adelantado hubiese muerto en Santander, en 1574)...   Y no olviden, debería verlos la señora senadora y concejala, sólo preocupada de las olas y las divisiones de concejales por salarios, que los horribles, pavorosos y aterradores marcos «ferreros» de la exposición «National» finita el 30 del pasado setiembre, lino, lana, lona, trinidad del mal gusto, ahí siguen, interrumpiendo el paseo..., tentando la caída del niño, la meada del perro, el hos...azo del distraído... ¿Habrán quedado, por la crisis política y el deslizamiento marítimo, las administraciones que «los plantaron» en julio, sin euros para ensilarlos con la yerba en octubre?... ¡Quién iba a creer que tanto mal iba a traer a Gijón «la pueril marejada de San José»...   Hoy, a modo de consuelo y ahorro, los caballeros, adelantados y de gusto, no acuden con sus «velas» al amparo Torres, por si les cae sobre el pie uno de los «bloques negros» que se «recobraron» del dique Norte, sino que acuden al amparo de los abrigos, chaquetas, y chaquetones de «Quintanal», «que liquida / por jubilación las estupendas prendas de su exposición», al resguardo de D. Eusebio Álvarez Garaya..., el gran «benefactor».