EL MUSEL.- LA HISTORIA DE UN EX SENADOR Y EL MUSEL

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    JOSÉ MANUEL SARIEGO MARTÍNEZ   Desde hace unas semanas, un ciudadano, que hace años fue senador del Partido Popular y que hoy, a título particular, nos ofrece una visión distorsionada de nuestro puerto y de nuestra ciudad, ha encontrado un filón quitapesares en el tema del modificado de la ampliación del puerto de El Musel y repite, cada cierto tiempo, con columnas alarmistas en la edición de Gijón de

LA NUEVA ESPAÑA.   Me parece tan atrevido, especulador, falso y grosero lo que este ciudadano refleja en sus columnas que no puedo menos que intentar responderle y aclarar alguna cosa.   La ampliación del puerto de Gijón es la mayor obra pública licitada en Asturias y, en su momento, en España. Es una infraestructura que garantiza para los próximos cincuenta años, al menos, el futuro portuario y logístico de Asturias, en un mundo cada vez más globalizado donde el transporte de mercancías, especialmente por vía marítima, está desempeñando una función fundamental en el desarrollo económico. Con el nuevo puerto de Gijón seremos algo en el mundo portuario y logístico europeo y mundial. Sin él, no contaremos... para nada.   Conjuntamente con la ampliación, aparece el desarrollo de la ZALIA en la zona central de Asturias, como suelo donde se instalarán muchas empresas, generadoras de riqueza y de empleo.   A su vez, esta inversión arrastra con una gran fuerza otras instalaciones o dotaciones que asegurarán, también durante décadas, el futuro industrial de Asturias: regasificadora, ciclos combinados, plantas de biodiésel, etcétera.   En definitiva, la capacidad de desarrollo que ofrece esta infraestructura para Asturias es innegable y a cualquiera de los sectores económicos a los que se dirija la mirada se verán beneficiados por esta importante inversión. Y es razonable que sea así, porque los puertos de interés general son infraestructuras de dominio público, de las cuales todos nos tenemos que beneficiar de una u otra forma. Pero además, a pesar de estar radicada en Asturias, su importancia transciende el ámbito de una ciudad, de una comunidad autónoma, e, incluso, de un país. Es una infraestructura al servicio del transporte en Europa y en el ámbito mundial.   Vaya esto por delante para centrar la cuestión y no olvidar de lo que estamos hablando, tratando de elevar un poco la perspectiva, lo que para algunos no es que sea difícil, es que resulta verdaderamente imposible. Pero no por ello debemos dejarles que alarmen a la sociedad y desvíen los esfuerzos del verdadero objetivo, que es terminar esta obra tan importante para los intereses públicos.   Por otra parte, la obra es física y técnicamente de una complejidad y dificultad desconocidas hasta ahora en el mundo. Es en Gijón donde se han puesto durante muchos años los cimientos del conocimiento técnico en obras marítimas, y con esta obra se continúa en esta línea, como se pudo constatar en el congreso celebrado recientemente en nuestra ciudad, al que asistieron especialistas de todo el mundo. Se está luchando contra uno de los mares más agitados de la tierra, a profundidades cercanas a los treinta metros, con técnicas constructivas que son totalmente innovadoras y, lo más importante, en unos plazos impensables hace unos años para este tipo de obras. Ver en la actualidad el dique en talud, prácticamente construido y el dique vertical, con cajones, al que le faltan tan sólo 600 metros, cuando la obra comenzó, en su fase marítima, en mayo de 2005, es realmente prodigioso. Máxime si se tiene en cuenta que solamente se avanza contra el mar en los meses de primavera y verano (abril-septiembre).   La dimensión de la obra es también digna de destacar. Son millones las toneladas o metros cúbicos de piedra, escollera y áridos, de los que hay que disponer en cada momento y acompasadamente para poder hacer frente al mar Cantábrico. Lamentablemente, a diferencia de lo que ocurre en otros puertos, las canteras de las que debe provenir este material no se encuentran a pie de obra. Con esta limitación, el proyecto se licitó incorporando un compromiso con Hidrocantábrico para tratar de asegurar la explotación de la cantera de Aboño, por cualquiera de los que fuese adjudicatario. Y en consonancia el precio del material con el que se calculó el presupuesto del proyecto estaba establecido pensando en que el mismo se traería de esa cantera. De hecho, tres de los licitadores la señalaron como la cantera principal en su oferta.   Sin embargo, por diversas causas sobrevenidas, no previstas en el momento de firmar el compromiso ni licitar la obra, sino una vez iniciada su ejecución, se ha puesto de manifiesto la imposibilidad de explotar esa cantera. Dichas circunstancias obedecen a las exigencias medioambientales a las que tuvo que hacer frente HC para desulfurar su central térmica de Aboño y cumplir con los protocolos internacionales que tratan de limitar la emisión de gases con efecto invernadero.   La imposibilidad de obtener los materiales de la cantera de Aboño obliga a traer éstos de otras canteras situadas en Asturias y León, produciéndose los correspondientes sobrecostes de explotación (no es lo mismo explotar una cantera sólo para una obra que para varios clientes) y, sobre todo, de transporte. Ahí se irá el sobrecoste que tanto preocupa alguno.   Indudablemente, es tanto el material que hay que aportar a la obra que cualquier incremento de la tonelada tiene un efecto muy importante en su presupuesto.   Ante esta circunstancia, se pueden adoptar varias decisiones:   1. Rescindir el contrato y paralizar la obra, entrando en un camino litigioso de resultado desconocido e incierto, perdiendo las campañas estivales de los años en los que la obra estuviese paralizada y los fondos europeos (247,5 millones de euros) asignados a las obras.   2. Paralizar la obra y esperar a que se dispusiese del material de la cantera de Aboño, perdiendo igualmente las campañas estivales correspondientes y los fondos europeos.   3. Tramitar un modificado de la obra por concurrir circunstancias sobrevenidas e imprevistas, lo cual está legalmente amparado en la normativa que regula los contratos de las autoridades portuarias, garantizando así la continuidad de las obras y la recepción de los fondos europeos.   Desde luego está última ha sido la más acertada decisión, pues con ella se garantizan los intereses generales representados en la finalización de la obra e igualmente se garantiza la percepción de la subvención, cuyo destino sigue al de la actuación para la que se otorga. El momento en el que debe plantearse el modificado es justamente ahora, no antes ni después, pues se conocen cómo se están ejecutando las unidades de obra principales y a qué precio y, sobre todo, la decisión de la Comisión Europea que otorga los fondos de cohesión sólo puede modificarse una vez.   ¿Podía haberse realizado una nueva licitación? En realidad estos sobrecostes no responden a nuevas unidades de obras. Éstas son las mismas pero con un precio mayor, por lo que sería imposible ejecutar la obra sin asumir estos incrementos, que no se reducirían con una nueva licitación pues responden a precios de mercado de los materiales y del trasporte, que deberían ser asumidos por cualquier otro contratista.   Finalmente, no puedo acabar sin hacer frente a la mayor de las falsedades que se está esgrimiendo, consistente en alarmar a los gijoneses diciendo que este sobrecoste se pagará por todos ellos a «tocateja». Ya se dice que la ignorancia es atrevida. La obra se está financiando con fondos europeos y fondos propios de la Autoridad Portuaria de Gijón, aproximadamente en un porcentaje del 50 por ciento cada uno. No se recibe dinero de los Presupuestos Generales del Estado, ni de la comunidad autónoma, ni de la ciudad de Gijón.   En definitiva, dejemos que se tramite, por los procedimientos legalmente establecidos, el modificado y la solicitud de modificación de la decisión y no alarmemos a la sociedad con cantos histéricos de salvadores de no se sabe qué patrias.     José Manuel Sariego Martínez es secretario general de la Agrupación Socialista de Gijón.    

 

11-12-07   EL MUSEL Y EL «GORDO» DE LAS CANTERAS DE ALÍ BABÁ      

ISIDRO MARTÍNEZ OBLANCA  

Mes y medio después de hacerse público el escandalazo, José Manuel Sariego, secretario general del PSOE local, se ha sentido en la servidumbre de tratar inútilmente de esclarecer el superpufo amagüestado en El Musel con ocultación, rechifla de las leyes, engaño, alevosía, compadreo y otras agravantes, para esplendor de la constructora «galáctica» y empobrecimiento del pueblo de Gijón. Lo más esencial del artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA por el que fuera uno de los padrinos de la pentakilométrica alternativa «3C» de Areces, no es lo que se lee; lo más notable es -¡ay, pillín, pillín, que se te ve el plumerín!- lo que no se lee. Y es que Sariego, personaje de letras, omitió el «pequeño detalle» de las clamorosas cifras: 232 millones de euros de sangría «extra». Efectivamente, 36.000 millones de pesetas de las de antes. Total, poca cosa para tenerla en cuenta, ¿verdad? De las argucias a las minucias.   Comoquiera que el asunto no afecta a ningún militante o simpatizante del PP y, por tanto, desvanecida ya toda esperanza de que la Fiscalía Anticorrupción encuentre apoyo para detener el infame saqueo a Gijón, en cuya economía repercutirá el sobrecoste de la ampliación, convendrá recordar ahora, y las veces que haga falta, que con el modificado de El Musel se ha perpetrado una de las decisiones más fétidas y perjudiciales en la historia de la ciudad, tanto por la befa socialista hacia las leyes y normas que rigen las administraciones públicas y las obras portuarias como por su repercusión negativa en dinero y en tiempo, así como en mengua de la futura competitividad de las instalaciones y servicios del principal puerto asturiano. Además de para Gijón, el palo para el futuro portuario es de campeonato.   El gordo de la lotería y, dada la cantidad de 232 millones de euros, todo un batallón de obesos, les cayó a la peña empresarial «galáctica» tras su excursión otoñal por la zona de Torres de la mano de Menéndez Rexach y con el salvoconducto de Fernando Palao, introductor de embajadas empresariales e inductor de «deslizamientos» hipermillonarios. ¡Qué vocación de servicio al pueblo! ¡Cuánta generosidad con los recursos públicos para provecho de las cajas acorazadas privadas! Ya se explica, ya, aquella gloriosa y lapidaria despedida en su mudanza desde la presidencia de nuestra Autoridad Portuaria hacia el calamitoso Ministerio de doña Maleni: «Paso a peor vida y pierdo dinero». ¡Qué filantropía la del secretario general de Transportes! Y, sobre todo, ¡qué rostro!   Las falanges arecistas tratan de camuflar, erre que erre, que la ejecución de la infraestructura de El Musel se adjudicó a la oferta «más cara» (sin cantera) en perjuicio de otras ofertas «más baratas» (con cantera propia). Durante casi dos años, desde la Autoridad Portuaria rechazaron cualquier sobrecoste e incluso desmintieron en Marzo de 2006 la información de LA NUEVA ESPAÑA en la que se atribuían a los temporales marítimos la necesidad de modificar el presupuesto de la obra. Como entre los «playos» no colaba semejante milonga, llegó el comandante Palao y mandó a parar: de las mareonas de Al Gore se pasó a las canteras de Alí Babá. En ésas seguimos, desde la neoconsigna de Fomento, entre pedraplenes castellanos y desulfuraciones de HC Energía que, curiosamente, fue la única empresa que se «sulfuró» -con inmediata nota oficial, contundente e inapelable- cuando desde el Consejo de Gobierno de Álvarez Areces trataron de imputarle la responsabilidad de no disponer de la cantera de Aboño.   A la ceremonia arecista de la confusión para marear perdices e incautos y para que Gijón se trague impunemente el bolo de 232 millones de euros, contribuye el infausto mutismo, cuando no sordina, de una sociedad civil con instituciones y asociaciones entregadas a mantener privilegios y regalías con el poder y la corriente oficial. Tampoco es ajena la irresponsabilidad política de permitir el toreo en el cumplimiento de la legalidad para que, traicioneramente, se lleve a término el asalto y saqueo de los intereses de la ciudad, arrastrando a sus actuales generaciones -y a la próxima- al pago de una factura que costeará el pueblo para lucro de unos pocos que se enriquecen a su costa y en su costa. Una forma vil, perversa e intolerable de capitalismo que es, a la vista está, a lo que nos condena este Socialismo, S. L. para quebranto y desgracia de Asturias y de Gijón.     Isidro Martínez Oblanca, ex senador por Asturias (PP)