Puerto de Melilla. El sobrecoste de 9 millones que nadie vio Creo que el presidente del Puerto en aquella época, como mínimo, debería honrarnos con una rueda de prensa para explicarnos por qué si se bajó la calidad de los materiales se nos disparó el sobr

 

 

 

Melilla

Creo que el presidente del Puerto en aquella época, como mínimo, debería honrarnos con una rueda de prensa para explicarnos por qué si se bajó la calidad de los materiales se nos disparó el sobrecoste

 

No sería serio hablar de un informe del que sólo conocemos opiniones políticas que, por cierto, han sido pintorescas. Por un lado, los cepemistas amenazan con denunciar y yo no lo entiendo. Si tienen dudas razonables, ¿cómo es que no han denunciado ya?


Imbroda, por su parte, nos dejó en shock. No sólo se lava las manos sino que también lava las del PSOE no porque se haya vuelto socialdemócrata sino porque ahí les manda un aviso a navegantes. Cuidado con revolver la mierda, que igual os salpica.
 
 
Es antológica su frase: “Ni tenemos nada que ver ni hemos visto nada” como si los ciudadanos creyéramos que de haber visto algo nos lo iban a confesar.

Los que hemos hecho obras en casa sabemos que siempre nos gastamos más de lo planificado porque por el camino se suman no sólo imprevistos sino también caprichos que vamos añadiendo sin pensar en que nos saltamos las líneas rojas.

Pero a juzgar por los avances que nos ha hecho el presidente de la Autoridad Portuaria, Víctor Gamero, y el consejero Hassan Mohatar, aquí no es que el presupuesto se haya disparado en un 52,25% para hacer de la Estación Marítima la mejor del planeta. Es que las obras se entregaron con retraso y encima pasaron de costar 16 millones de euros a terminar costando 26 millones pese a que el aire acondicionado que pusieron es montonero y el techo en lugar de ser de hormigón terminó siendo de chapa.

Una escucha eso y se queda más pálida que un muñeco de nieve. No porque le extrañe que en este país pueda darse algún tejemaneje con el dinero público sino porque en medio del juicio de Bárcenas y el golazo que el PP le ha metido al PSOE con el inicio de la reunificación del centro derecha en Murcia, lo último que le hace falta a Pablo Casado es que se destape una trama de supuesta corrupción entre sus filas.

Yo no sé cuántos melillenses pueden hacerse una idea más o menos clara de cuánto son 9 millones de euros. Para que se entienda: con ese dinero debió construirse media Estación Marítima. Sin embargo, esta cifra casi se multiplicó por tres para que hoy tengamos una zona portuaria sin mayores pretensiones y prácticamente vacía de negocios. Lo bordamos.

Creo que el presidente del Puerto en aquella época, como mínimo, debería honrarnos con una rueda de prensa para explicarnos por qué si se bajó la calidad de los materiales se nos disparó el sobrecoste. Señores, tenemos que seguirle la pista al dinero. No podemos parar hasta saber cómo se empleó hasta el último céntimo.

Y sí, es cierto, como dice Imbroda, que hay un Tribunal de Cuentas en España. Pero también lo es que ese organismo fiscalizador no ha servido para frenar la corrupción en nuestro país. Cómo si no se explican los escándalos que hundieron en la miseria al PP valenciano al destaparse el presunto cobro de comisiones en la construcción del circuito la Fórmula 1. Pero no fue un caso aislado. También tenemos aún recientes las famosas comisiones del 3% que Pascual Maragall echó en cara a la desaparecida Convergencia i Unió en Cataluña.

Cada vez que escucho a un político decir que no sabía nada, me pregunto para qué les pagamos sueldos tan generosos si luego no se enteran de la película ni la mitad. Si nadie sabe explicar cómo se pudieron disparar en 9 millones las obras de la Estación Marítima de Melilla no nos queda otra que llevar el caso a los juzgados para que expliquen a un juez lo que se niegan a aclarar a la ciudadanía.

El tripartito lleva tiempo rascando por aquí y por allá en busca de premio y finalmente lo ha encontrado. Creíamos que en cuanto entraran en la Asamblea iban a destapar chanchullos escondidos en todos los cajones y les ha llevado dos años anunciar un sobrecoste en las obras de la Estación Marítima.

Ahora vamos a ver cuánto tardan en denunciarlo y cuánto tarda la justicia en archivarlo o en encontrar defectos de forma que impiden meter en la cárcel a un político que no se llame Rodrigo Rato.