Historias olvidadas: la etapa del dueño de Buquebus en Nueva Zelanda

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13 junio, 2014
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Segunda parte con otro capítulo  del libro, "López Mena, el zar del Río de la Plata", desvela las tramas ocultas de Buquebus en Nueva Zelanda, EE.UU y España, años antes del escándalo de Pluna

Como narrábamos en el artículo anterior sobre el fracaso de los intentos del dueño de Buquebus de incursionar con sus barcos en el mercado estadounidense, en La Florida; ahora vamos a contar otra experiencia negativa que tuvo en Nueva Zelanda con un buque rápido y que le hizo desistir de navegar por el turbulento estrecho de Cook.

Una  nueva  embarcación del  empresario argentino tuvo -entre 1994-1995- una accidentada experiencia en Nueva Zelanda, donde López  Mena  llevó su barco rápido Albayzin, un buque con casco de aluminio fabricado en España en 1994.

El naviero conformó la sociedad Sea Shuttles NZ Ltd. con el empresario neozelandés Brooke  McKenzie y otros accionistas  minoritarios. López  estuvo  acompañado, en esa etapa, por su hijo Juan Patricio.

Tenía el control de la compañía, con el 60% de las acciones, y luego de varios enfrentamientos entre los socios, en febrero de 1995, López Mena anunció que compraría el resto  del paquete accionario para  obtener el control total. Afirmaba que estaba comprometido con el éxito de este proyecto,  y por  tanto  había  accedido a comprar los intereses de las minorías.

A los reiterados problemas técnicos que tuvo en navegación el Albayzin, se sumaban las denuncias de contaminación  ambiental que producían los buques rápidos.

Grupos de defensa  del medio  ambiente alertaban sobre que estas embarcaciones rápidas destruían los cultivos de salmón y mejillones, y porque arrasaban con las granjas de cangrejos. También se les acusaba  de la extracción de la arena de las playas y de provocar daños en instalaciones construidas cerca del agua.

El “Cometa vómito”

Los pasajeros se quejaban, además,  por  el zarandeo incesante de la nave en plena  navegación.

El estrecho de Cook,  por  donde se desplazaba el Albayzin  en sus travesías entre los puertos de  Wellington y Picton  en  Nueva Zelanda, se caracteriza por sus aguas bravías, peligrosas  y con fuertes corrientes.

Los viajeros se mareaban, vomitaban y finalmente llegaban a destino  en precarias condiciones físicas. Algunos de estos buques rápidos -incluido el Albayzin- recibieron un apodo  nada halagüeño en Nueva Zelanda:  el “Cometa Vómito”, por  el resultado que  provocaban en los pasajeros los incesantes zarandeos en las travesías.

Por los problemas técnicos y por las protestas referidas a las condiciones en que se viajaba, el Albayzin canceló sus frecuencias, a lo que debería añadirse la fuerte competencia de otra empresa naviera,  Tranzrail, que incorporó inmediatamente barcos rápidos  en las mismas frecuencias. En  esa  etapa,  según  se  conoce, el  plantel   de  empleados de Sea Shuttles  NZ Ltd. estaba  conformado por ochenta personas.

En abril  de  1995, las diferencias entre Brooke  McKenzie y López Mena, por problemas de la empresa, eran  evidentes.

En ese mismo  mes el naviero  argentino, un  día después de comunicarles a sus funcionarios que los puestos de trabajo  estaban asegurados, fueron despedidos. Lo grave para los trabajadores de la empresa era que no tenían derecho a reclamo alguno.

“Todos se   encontraban con  contratos individuales  sin ninguna  previsión por despido —señaló  el  presidente del sindicato  marítimo, Dave Morgan;  el sindicato ha estado tratando de negociar un contrato colectivo para 26 tripulantes de cabina y personal de cubierta”.

El Albayzin  (con  sus problemas técnicos  de navegación) estaba  fondeado en  el puerto de  Wellington. Este hecho, y los comentarios de la prensa y los pasajeros sobre las malas condiciones de los viajes, hicieron que se abandonaran las travesías.

En la publicación NZ History, luego de los fracasados viajes del buque Albayzin en Nueva Zelanda, se mostraba una  publicidad  gráfica  de la empresa naviera  de López Mena y se hacía un comentario sobre el confort, el lujo y la rapidez  del servicio que anunciaba, pero  que  contrastaba con la realidad.

“El doble de confort, el doble de lujo, el doble de velocidad… y el doble de frustración”, agregaba la crónica  neozelandesa, señalando los problemas mecánicos del Albayzin y el desenfrenado movimiento del buque, que  hacían insoportable  el viaje por aguas del turbulento estrecho de Cook.

Los socios de Nueva Zelanda amenazaron con llevar ante  los  estrados  judiciales  al dueño de  Buquebus por presunto incumplimiento de los acuerdos.

El monocasco Albayzin fue destinado a navegar por aguas algo más tranquilas y menos  turbulentas; pasó en ese tiempo a cubrir la línea  entre Colonia  y Buenos Aires por el Río de la Plata. El “Cometa Vómito” parecía haber quedado en el pasado, un pasado del que no se habla.

Extractado del libro: López Mena, el zar del Río de la Plata, de Raúl Vallarino (editorial Planeta, 2009)