Nos encontramos con un nicho laboral, donde lo que manda son las banderas de conveniencia que los buques portan, que da igual cuantas navieras se llamen a si mismas españolas cuando lo que porta es una bandera de Chipre, para ahorrarse las cargas sociales de los trabajadores y de pagar lo correspondiente a España en impuestos; nos encontramos con convenios laborales que se hacen a nivel internacional y lo que parece un gran capital, en algunos sitios, es una miseria para el nivel de vida en otros. Con empresas de colocación de navieras que funcionan como subcontratas y con unos requisitos de aprendizaje que no te aseguran el conocimiento pero si el certificado de dicho conocimiento si pagas. En definitiva, es la puerta de atrás del sistema capitalista; porque ya se sabe: ‘lo que pasa en la mar se queda en la mar’. Si no que pregunten por el dinero dado por los anteriores gobiernos a navieras para que fabriquen buques, para cubrir rutas nacionales y como estas navieras lo han utilizado para hacer buques, pero buques de tal calado que les es imposible cubrir dichas rutas por no poder caber en los respectivos puertos.

Y si os preguntabais de su importancia o relevancia, lo cierto es que es mucha, tanto como para mover el 90% de las mercancías del comercio a nivel mundial. Si queréis verlo de una manera más técnica, tal es su importancia que es capaz de influir incluso en los combustibles de las
personas de a pie; solo hay que mirar y darse cuenta, de que a partir del 2020 los buques deben funcionar a base de diésel en vez de fuel, porque claro el fuel de los buques no es como el de cualquier auto, es mas pesado y las cantidades de azufre que expulsan son bastante dañinas para el Planeta. Volviendo, entonces, al hilo inicial; ese combustible que ahora se va a utilizar para mover los engranajes de este sistema económico saldrá del que usan los autos, de ahí que el mercado automovilístico se haya puesto a producir coches híbridos, aún sabiendo que su propia fabricación es más contaminante que la fabricación de un automóvil de diésel o gasolina, queda demostrado que
el sistema, se reinventa tanto por necesidad como para seguir produciendo, porque los buques no pueden parar.

Lo curioso es que posiblemente sea el único espacio, donde el sentimiento de nación o patria se disuelva, pudiéndose resumir en: el barco donde estás embarcado o dicho de otra manera en tu trabajo “¿patria de trabajadores, quizás?”, de trabajadores explotados pero de trabajadores.

Poniéndonos más en el contexto actual, a 14 de diciembre del 2020, vamos a hablar de como se está abandonado al sector naviero y dejándolo cada vez mas vendido, de como las tripulaciones corren el peligro de caer en la trampa de pagar a cambio de una certificación para poder embarcar, del tener un papel que dice que estás capacitado pero que en la práctica no lo estás y de como el desconocimiento real del trabajador pone en peligro al resto de la tripulación, mientras el gobierno, tanto éste como los anteriores son cómplices por apremiar a las academias privadas, provocando incluso una brecha social mas acuciada si cabe, ya que el precio de los cursos y lugares donde se hacen no todos los trabajadores se lo pueden costear. Mientras tanto se desmonta el Instituto Social de la Marina, administración pública, espacio donde se realizaba los cursos financiados por el Estado.

Esta es la situación. Situación que se ve apremiada por el CoVid19, donde la mayoría de la tripulación española, se encuentran en sus casas por la ineficaz respuesta que se da ante la necesidad de hacer cursos de formación o renovación, para poder embarcar a través de la administración
pública. Cursos que se ven ralentizados o directamente paralizados, pues no son ayudas económicas lo que las tripulaciones necesitan, necesitan que se respeten los convenios laborales, necesitan ganarse la vida con sus manos de una manera digna.