Bilbao y y los capitanes

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En Bilbao se dieron todos los requisitos para que, pocos años después de su fundación, se confirmara como centro clave en el eje comercial entre Castilla y el norte de Europa

24.07.11 - 02:42 - IMANOL VILLA |El Correo

 

Fueron los pueblos mediterráneos los que enseñaron a los vecinos del norte de Europa el funcionamiento de sus instituciones mercantiles. Gentes llegadas de importantes ciudades italianas, de las costas catalanas y valencianas e, incluso, de la ribera mediterránea francesa mostraron en las plazas mercantiles del norte de Europa -Brujas, Lübeck o Londres- las ventajas de una organización que establecía cónsules o jueces, a modo de representación, en los diferentes países con los que se tenían tratos comerciales para, de ese modo, defender sus derechos y obtener ventajas frente a otros competidores. Al mismo tiempo, esas estructuras permitían solventar los diferentes conflictos de intereses que pudieran surgir entre mercaderes de un mismo lugar. Lo que aquellos hombres llegados de las costas mediterráneas enseñaron a sus homólogos del norte se conocía como Consulado o Tribunal Mercantil. Su éxito fue innegable. A partir del siglo XIV, cónsules y árbitros mercantiles, como si se tratara de personajes de un universo paralelo con sus propias normas y costumbres, poblaron las principales ciudades comerciales del norte europeo.

Fue por entonces cuando Bilbao se confirmó como un importante centro de intercambio comercial. La concesión de la Carta Puebla en 1300 y la confirmación y ampliación de privilegios diez años más tarde de la mano de doña María Díaz de Haro hicieron de la villa un lugar que, sin contar con un tejido productivo poderoso, iba a conseguir situarse en el punto clave de uno de los ejes comerciales más activos, importantes y rentables de la época.

De Flandes a Burgos y viceversa, se pasaba obligatoriamente por Bilbao. El resto de los condicionantes que favorecieron a la villa llegaron de la mano de la coyuntura internacional. A mediados del siglo XIV estalló la Guerra de los Cien Años (1337-1453), que enfrentó a Francia con Inglaterra. Esta situación provocó la interrupción del suministro de lana inglesa y su sustitución por la castellana, que, a partir de ese momento, vio cómo ganaba cotas de influencia cada vez mayores en las principales plazas comerciales del norte de Europa. Y Bilbao se hallaba en el lugar preciso.

Los principales agentes protagonistas en el flujo exportador de la lana castellana fueron los mercaderes burgaleses y los navegantes vascos, encargados de construir barcos para los armadores de Burgos, quienes, al fin y al cabo, eran los verdaderos dinamizadores de todo el proceso. Estas dos corporaciones, concebidas en función del mismo objetivo económico -a saber, el suministro al mercado flamenco de lana castellana-, fueron el origen de dos importantes corporaciones que confirmaron, no sólo la actividad, sino una apuesta vocacional por un sector económico muy concreto. Parece ser que entre el último tercio del siglo XIV y principios del XV nacieron la Universidad de Mercaderes de Burgos y la Universidad de Capitanes, Maestres de Nao y Mercaderes de la villa de Bilbao. En sus comienzos ambas adquirieron formas y prácticas muy semejantes a las de las hermandades y cofradías medievales. Incluso se acogieron a un patrón: los de Burgos, al Espíritu Santo; y los de Bilbao, a Santiago. No obstante, además de organizar actos piadosos y recogidas de limosnas, sus actividades se enfocaron cada vez más hacía prácticas que tenían mucho más que ver con sus intereses comerciales que con sus obligaciones religiosas. En su seno se luchaba a favor de sus objetivos frente a las autoridades municipales, de las cuales, por pura lógica, enseguida empezaron a formar parte.

Curiosamente, mientras en Burgos el peso lo llevaban los mercaderes, en Bilbao, la importancia mayor la tenían los capitanes y maestres de naos, debido, fundamentalmente, a la mayor relevancia que en aquel momento tuvo la función de transporte. Indudablemente, esto sería así mientras fuera Burgos el centro rector de la actividad exportadora. Con el paso del tiempo, hasta una vez alcanzado el siglo XVI, los papeles empezaron a cambiar y los mercaderes bilbaínos ganaron protagonismo: justo en el momento en el que el Consulado de Burgos, creado por los Reyes Católicos en 1494, entró en decadencia y Bilbao logró los permisos reales necesarios para contar con su propio Consulado y Casa de Contratación en 1511. Pero eso es otra historia.

Privilegios

Antes de confirmarse el poderío comercial de Bilbao, se establecieron las condiciones que dieron forma a las características que habrían de tener las relaciones internas en la villa entre los mercaderes y el poder municipal. En este sentido, y a diferencia de lo que ocurría en Burgos, en Bilbao la vinculación entre los capitanes, maestres de nao y comerciantes y el concejo municipal fue muy estrecha. De hecho, hay quienes interpretan este hecho como una consecuencia obligada de los privilegios, de sesgo claramente comercial, que la carta fundacional otorgó a la villa, cuando se le reservó todos los derechos sobre la navegación y tráfico de la ría. Es decir, Bilbao se asentó sobre derechos de claro e indiscutible contenido mercantil, por lo que la relación comercio-concejo respondió en parte a su propia naturaleza. De ahí que no fue extraño encontrar entre los alcaldes y regidores municipales de los siglos XIV, XV, XVI e, incluso, más allá, a armadores, navieros, dueños de astilleros, comerciantes, etc. Se trató, en cierto modo, de un matrimonio casi perfecto.