'El chárter náutico tiene un gran problema de legislación fiscal e inseguridad jurídica'

 

 

 

 

 

  • Gerente de la empresa de chárter náutico Latitud 0 y socio de la Marina La Lonja

  • Es el presidente de la comisión de chárter de la APEAM

José María Jiménez. A. VERA

NADAL SUAU Palma

Actualizado: 19/10/2014 11:05 horas

Entusiasta del mar y de su trabajo; exuberantemente crítico con las instituciones y la legislación españolas. Esas son las dos caras que Jiménez muestra a su interlocutor mientras pasea con él arriba y abajo por el pantalán de la Marina La Lonja. Su mirada sobre la realidad es descarnada y exigente, pero él se reafirma a cada paso: "nunca digo nada que no sea cierto".

 

¿Por qué los empresarios del chárter náutico deciden invertir en una Marina como esta?
Sí, invertimos tres millones y medio de euros, cuando en realidad nuestro negocio no es la Marina, claro, sino los barcos. Esta decisión ha condicionado mucho nuestra capacidad de renovación de flota, pero es que era imprescindible para disponer de un espacio para nuestros barcos. A mí me gusta explicar esa historia con una comparación: ¿te imaginas que Ryanair, Air Berlin y otras compañías que son competencia directa entre ellas tuvieran que unirse para poder tener un aeropuerto en el que aterrizar sus aviones? Pues eso es lo que nos ha pasado a nosotros: sin unirnos, hoy no tendríamos una Marina para nuestros barcos. A los pescadores, que están aquí al lado, el pantalán se lo ha pagado la Autoridad Portuaria (con nuestras tasas, todo hay que decirlo), mientras que nosotros logramos la concesión a precio de mercado y a nueve años, que es un tiempo muy corto para recuperar una inversión así. La logramos en un concurso a precio de mercado, y como presentarse a un concurso es voluntario, alguien podría pensar que no debo quejarme. Pero eso es un poco engañoso, porque insisto: si no, no teníamos sitio. Por otra parte, ya te puedes imaginar que el concurso no estaba diseñado de forma precisamente neutral; si logramos ganarlo, fue a base de testarudez, ofreciendo unas inversiones inmejorables y pagando una tasa muy alta
¿Cuántas empresas están aquí?
Cuando este proyecto empezó, que tuvimos que poner dinero a ciegas porque ni siquiera teníamos la concesión ganada, éramos diez empresas; hoy quedamos seis, todos con las mismas atribuciones, las mismas acciones, y con un préstamo avalado solidariamente. O sea que, como los otros cinco quiebren, me toca pagar a mí. Hoy la gente se puede divorciar en un mes, pero yo de mis socios no me puedo divorciar hasta que acabemos de pagar la hipoteca... ¡y que no los atropelle un coche, ojo! [Ríe]
De diez empresas a seis... ¿Ese descenso es consecuencia de la crisis?
Esto se debe a la situación económica, por supuesto; pero no a la crisis general que ha padecido todo el país, porque en realidad casi todos nuestros clientes son extranjeros y de hecho los años 2008 y 2009 fueron buenos para nosotros. No, nuestra situación económica deriva directamente de un gran problema de legislación fiscal e inseguridad jurídica. Para que te hagas una idea, a nosotros algún delegado de Inspección ha llegado a decirnos: "estáis locos invirtiendo en este negocio, ni siquiera nosotros sabemos cómo movernos en él". Claro, uno puede luchar por enmendar los problemas que provoca un cliente conflictivo, o por reparar un barco que ha tenido un percance... Pero la inseguridad jurídica, y los palos que la Agencia Tributaria puede llegar a pegar por los caminos más insospechados... Todo eso es lo que realmente desanima a muchos empresarios del sector, los cohíbe a la hora de invertir, los aleja de los inversores y hasta los puede llevar a cerrar.
Sabía que hablaríamos de fiscalidad y legislación, pero ¿exactamente a qué se refiere con "inseguridad?"
Inseguridad, sí, pero también discriminación con el resto de países europeos. Básicamente, la inseguridad viene dada porque en determinados casos, cuando haces una inversión y calculas los costes fiscales en función de la supuesta exención del impuesto de matriculación, luego viene la Agencia Tributaria y te exige lo que se llama "inversión de la carga de la prueba", es decir, que demuestres que estás cumpliendo la legislación. Esto genera un problema importante, básicamente, a las empresas radicadas en España, porque implica un montón de detalles absurdos. Te pongo algún jemplo. Imagina que sois un grupo de amigos con sueldos normales, y a todos os gusta navegar. Como tenéis sueldos normales y una hipoteca, buscáis la forma de practicar esa afición sin que tener un barco os suponga un gasto excesivo. Entonces veis un anuncio de Latitud 0, venís y yo os digo: haced una cooperativa, comprad vuestro barco y dejádmelo a mí en gestión. Así yo lo ofreceré como chárter y vosotros le sacaréis algún dinero (menos que antes, claro, porque el IVA ha pasado del 13 al 21% sin que nosotros hayamos subido nuestros precios) y, cuando no esté alquilado por ningún cliente, podréis disfrutarlo. Suena razonable, ¿verdad?
Verdad
Ya, pero luego nos vamos a la Agencia Tributaria y allí me preguntan de dónde sois. Yo contesto que sois españoles, y entonces me replican: "pues que ni se les ocurra subir al barco, porque si lo usan ellos una sola vez tendrán que pagar el impuesto de matriculación (que supone en torno al 14% del valor del barco)". Ahora bien, si vosotros fuerais no residentes (normalmente, alemanes), hubieras constituido vuestra sociedad en otro país y el barco lo hubierais traído aquí para que lo explote una compañía española, entonces sí que podríais navegar. Eso es inseguridad jurídica, o simplemente una situación de injusticia. ¿Cómo puedo yo competir en estas condiciones? Estamos perdiendo clientes continuamente: últimamente, por ejemplo, hemos perdido muchísimos clientes polacos porque hay una empresa, PUND, que los trae aquí en esas condiciones
¿Y existe también un problema de piratería?
¡Claro! Nuestra situación es muy parecida a la de los taxistas. Existen páginas web que facilitan al cliente el alquiler de barcos particulares que no tienen autorización de chárter, ni cumplen las condiciones mínimas de seguridad ni pagan IVA... Claro que en nuestro sector hay un agravante respecto del sector del taxi: a ellos las flotas de otros sitios no les hacen la competencia en temporada alta, mientras que los barcos de fuera sí vienen a Mallorca en verano. Y claro, como hablan alemán o inglés y los funcionarios que tienen que fiscalizarlos no, pues ya ni se acercan a comprobar si cumplen o no las condiciones. Hay un componente de incompetencia muy grande en todo esto, y también de burocracia absurda: recuerdo que hace años compraba los barcos en diciembre para poder tener la matrícula en abril. ¿Te imaginas tener la flota cuatro meses sin rendir, pero eso sí, pagando amarre? Al menos, esto sí se ha agilizado mucho, y ahora en una semana te matriculan la embarcación. Pero en fin, hay ocasiones en que tengo que contenerme mucho, porque las arbitrariedades de la administración son increíbles. Claro, los políticos en general no saben nada de nada, y hasta cuando saben un poco, parece que estén fuera de la realidad. Y las instituciones arrastran malas costumbres muy difíciles de eliminar. En la Autoridad Portuaria, por ejemplo, la dirección de ahora puede tener muy buena voluntad, pero limpiar aquello será muy complicado.
¿La solución a este panorama que está dibujando pasa por una legislación comunitaria europea?
Sí, lo principal es lograr una homologación fiscal europea. Yo estoy a favor de la libertad de movimientos, es sano para los clientes y estimula la competencia, que es necesaria. Ahora bien, necesitamos competir todos con las mismas reglas. Más aún en un sector de costes brutales como el nuestro. Porque yo estoy radicalmente en contra de cualquier forma de subvención, no creo en ello ni me parece bien.
Usted inténtelo, pero no sé si logrará convencerme de que la náutica ya no es elitista.
Pues verá qué fácil: ¿ve ese barco? Tiene cuatro cabinas dobles y dos baños, y ahora mismo alquilarlo cuesta unos 1.600 euros semanales. Es decir, un grupo de ocho personas (que es su ocupación natural) puede pasar una semana en él por 200 euros por persona. ¿Eso es elitista? ¡No fastidiemos! Y ojo, que si uno sabe navegar a vela, el gasto en combustible puede ser mínimo. Es cierto que los amarres encarecen más la práctica náutica, pero también pueden evitarse a menudo fondeando en arena. La náutica no es elitista, y empresas como las nuestras han contribuido mucho a ello. Ten en cuenta, además, que más del 80 % de barcos chárter en España son de unas dimensiones y niveles medios. El lujo es algo distinto, muy restringido y más relacionado, creo yo, con aparentar que con navegar. Por ejemplo, hace poco se comentaba mucho la supresión del impuesto de matriculación para barcos de eslora superior a quince metros. "Esto os irá fenomenal", me dijo alguien, pero no es verdad: yo no voy a comprar barcos de esas dimensiones, porque el perfil de mis clientes y de los grupos con los que trabajo no es ese. En todo caso, sí puedo admitir que ese prejuicio del elitismo es culpa nuestra, que no hemos sabido transmitir la realidad de este mundo tan apasionante. Y desde luego, los empresarios del sector chárter tampoco llevamos vidas elitistas: yo tengo callos en las manos de trabajar, y todos nosotros vivimos en pisos normales y nos movemos con vehículos normales. Ayer mismo me tiraba a treinta metros para tratar de recuperar una pieza que se nos cayó.
Alguna vez ha declarado usted que los chárter son mal recibidos en los clubs náuticos. ¿A qué se debe?
Bueno, un cliente de chárter está de vacaciones, y por lo tanto puede que esté hasta las doce cenando y charlando en la cubierta, o que haga más ruido. Sólo se debe a eso. Pero ojo, porque por otra parte nos necesitan: son barcos en tránsito que pagan más que un barco de base que está todo el año, así que eso le permite al socio disfrutar de unos precios más reducidos.
¿Cómo ha ido la temporada alta, ahora que está a punto de cerrarse para ustedes?
Hemos tenido un descenso medio en torno al 15%. Esa es la temporada positiva de la que tanto hablan los políticos. De hecho, ha habido semanas de temporada alta que nosotros estamos en ocupación de un 60%. Julio y agosto fueron meses muy decepcionantes, tal vez septiembre haya sido mejor, pero a base de una reducción significativa de tarifas. En conjunto, el año ha sido históricamente malo.
Cuénteme como un economista especializado en tributación acaba de empresario náutico.
Yo siempre fui muy aficionado a los deportes, particularmente a las motos. Pero cuando tuve un accidente grave en el 89, tuve que abandonarlas. Fue entonces cuando me aficioné a la náutica, concretamente a la vela ligera con un catamarán que me salió baratísimo. Luego, la evolución lógica es pasar al crucero. Cuando nos casamos, teníamos un dinerito ahorrado (hablo de cinco millones de pesetas, nada del otro mundo), y entonces me di cuenta de que si con esa cifra comprábamos un barco y lo alquilábamos, podríamos pagar el alquiler de la vivienda y aún nos sobraría dinero. Nada de hipotecas, por lo tanto. Como mi mujer está tan loca como yo, dijo que le parecía bien, y allí empezó todo.

 

  • Su Mayor ACIERTO: "Haberme dedicado a la náutica, negocio muy distinto a estar en la oficina. Me encanta porque es muy activo y te permite conocer a gente excelente"
  • SU mayor ERROR: "Haber invertido tanto dinero en la construcción de esta Marina. Fue un error forzado, claro, pero ha limitado el crecimiento de mi empresa"
  • Su consejo a los jóvenes: "Luchar con disciplina y no rendirse nunca. Y no hacer caso de quien te diga que no vas a conseguir algo. No te puedes permitir ni una limitación psicológica"
  • EL FUTURO: "Lo veo difícil a todos los niveles (basta ver la fuga de talento para asustarse mucho), pero trabajando saldremos adelante, sin duda"