La crisis deja más de 150 barcos abandonados en puertos y clubes

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La crisis deja más de 150 barcos abandonados en puertos y clubes

Buena parte de los 16 puertos y dársenas de la provincia acumulan embarcaciones en desuso por problemas económicos de los dueños.  Vender la nave es para muchos una liberación

 

Publicado: 09:35 - 21/11/2014               

En su insospechado alcance, la crisis ha acabado afectando a lo que hace años fue un icono del placer, el ocio y un holgado poder adquisitivo: las embarcaciones. El socavón económico ha dado al traste con el sueño de muchos de convertirse en patrones de un barco propio. Aquel boom de los deportes náuticos en años de bonanza se ha diluido y ha dejado un panorama que, en un goteo constante, se palpa en los puertos deportivos de todo el litoral: el abandono de embarcaciones.

Los puertos de Tarragona no escapan a esa dinámica en auge: desde Sant Carles de la Ràpita hasta Coma-ruga, en El Vendrell, proliferan las embarcaciones descuidadas, dejadas a su suerte. «Hay dos grandes momentos en la vida del dueño de un barco: cuando lo compra y cuando se deshace de él», sostiene con ironía un navegante, certificando la losa que para muchos supone ahora conservar una propiedad de ese tipo.

Suciedad y algas

La Federación Española de Asociaciones de Puertos Deportivos cuantifica en más de 150 las embarcaciones en ese estado en Tarragona, alrededor del 3% de toda la flota distribuida en los 7.038 amarres que hay en la provincia y que, de media global, están ocupados al 75%. Y eso sólo teniendo en cuenta las embarcaciones de más de 4,5 metros de eslora. «Sólo hay que darse una vuelta. Hay barcos que llevan abandonados tres años, ya les cuelgan algas y están sucios. Los barcos ya no lucen igual, ya no brillan como antes», explica Álex Franqueza, técnico gerente de Portman Nàutic, una firma de Cambrils de compraventa y mantenimiento integral.

También en esto hubo cierta burbuja. «Hay un porcentaje importante de gente que se precipitó, que no se tenía que haber comprado un barco. No es una prioridad, no es algo vital. Ahora o se abandona o se procura vender», explica Jaume Milà, de Autonàutica Milà, en Cunit. «Quien más sufre es el que tiene un barco de tamaño medio, de entre cinco y ocho metros», añade Milà.

En casos donde se ha ostentado demasiado, a veces da hasta apuro poner el yate a la venta. Franqueza define el perfil del que se ha visto obligado a vender: «El típico paleta que en el boom pasó de albañil a constructor en un mes, de la furgoneta al Cayenne, y de no tener barco a tener uno».

«No tenemos demasiados casos. Hay alguna situación de abandono, pero son puntuales. Es gente que nos ha llamado diciendo que se pasarán, que ya pagarán», explican desde el puerto de Sant Carles de la Ràpita.

Julián Unzaga, gerente del puerto de Roda, también ha detectado el fenómeno:«En todos los puertos hay casos. Nosotros tenemos una baja ocupación, y de 160 embarcaciones, dos están abandonadas, por una cuestión económica, de gente que no puede pagar. Es difícil contactar con el propietario. Tienes que empezar un proceso de embargo, para después ir a juicio e intentar recuperar al menos parte de la deuda arrastrada, pero es difícil, además de un proceso largo».

En el Port Esportiu de Tarragona hay más de 15 embarcaciones, casi todas pequeñas, de menos de 10 metros, en ese estado de deterioro. «Se ha notado un incremento –dice Arturo Ortí, el director–.  Existen históricamente embarcaciones con problemas de abandono que tienen origen en fallecimientos del propietario con herencia no aceptada, divorcios con malos acuerdos y en algún caso por motivos de salud o económicos del propietario, pero esta situación ahora se ha agravado».

Y como vender se ha convertido en un trámite complicado (la demanda es baja, aunque por internet proliferan gangas), en muchos casos la embarcación acaba descuidada en un rincón de un puerto o de un club náutico. Es el desenlace inevitable, dada la imposibilidad de asumir los gastos en mantenimiento, que incluyen seguro, amarre o revisiones mecánicas. Así, la cantidad total estimada de embarcaciones abandonadas en España asciende a unas 4.500 unidades. Si se consideran las que tienen menos de 4,5 metros de eslora, la cifra oscila entre las 10.000 y las 12.000. «Parte importante de la flota alcanzará pronto más de 25 años, lo que se aproxima en la mayoría de modelos al final de la vida útil de la embarcación. Cada año se incorporan a ese censo entre 750 y 1.000 nuevas unidades», explica Gabriel de Sandoval, presidente de la Federación de Puertos.

El abandono supone un problema para puertos y clubes. «La gente deja de pagar las cuotas, no se hace mantenimiento, abandonan la embarcación… Entonces los puertos tienen que iniciar un trámite de abandono en el que se acaba obteniendo la titularidad a cargo de la deuda y permite sacar la nave. Cuando se quedan abandonadas ocupan un espacio que no podemos comercializar. Hay que iniciar un trámite administrativo largo, que puede durar un año», explica Fabián Escudé, gerente del Club Nàutic Cambrils. En el puerto de Cambrils, con 426 amarres y una ocupación del 85%, existen tres casos de abandono. «Hay que vigilar que no haya problemas tales como rotura de amarres o de sus anclajes, rotura de jarcia o mástiles, perdidas de combustible y lubricantes, riesgos de incendio de origen eléctrico y también de hundimiento (con la consiguiente contaminación)», dice Arturo Ortí en el Port de Tarragona.

Entidades del sector como la Federación o la Asociación de Empresas Náuticas trabajan para dar solución al problema. «Es un riesgo para  el medio ambiente y un desaprovechamiento de la gestión del dominio público», resume Gabriel de Sandoval.

El problema se extiende por buena parte del litoral tarraconense y las 16 instalaciones existentes en la provincia, entre dársenas y puertos marítimos.

A menos inversión, más riesgo 

Varias son las consecuencias de tener un barco abandonado en un puerto. Sin llegar a ese extremo, algunos expertos alertan de que la dejadez en el mantenimiento puede acarrear peligros latentes. «Puede darse la situación de que el dueño no haga mantenimiento habitualmente, pero venga un día y coja el barco, que lleva tiempo sin usar, y se vaya a dar una vuelta. Eso puede acarrear riesgos en el mar», advierte Álex Franqueza, técnico gerente de Portman Nàutic en Cambrils. Él, en su faceta de mecánico, ha detectado últimamente un incremento de las incidencias:«Viene más gente con problemas mecánicos derivados de no haber hecho el mantenimiento necesario». La ubicación en el puerto también puede comportar inconvenientes.  «Hay una serie de elementos que si tú no cambias pueden provocar la corrosión de los barcos de al lado», asegura Franqueza.  Residuos como aceites o combustibles son un peligro en potencia. «Las embarcaciones pueden contar con diversos materiales contaminantes, como son los aceites y fluidos hidráulicos, filtros de los motores, baterías y otros elementos que en mayor o menor medida forman parte de las embarcaciones», explica la Federación Española de Asociaciones de Puertos en un informe reciente sobre barcos abandonados. Los equipos eléctricos y electrónicos a bordo como sondas, radares, emisoras VHF o radios también forman parte del material de desecho