Las órdenes militares en la Edad Media

 

 

 

 

 

 

Nueva Tribuna

 

 
f15Edmundo Fayanas Escuer

Son un conjunto de instituciones religioso-militares, que surgieron en el contexto de la llamada Reconquista. Aparecieron en el siglo XII en las Coronas de León y Castilla y en el siglo XIV en la Corona de Aragón y Navarra.

Durante la Edad Media, al igual que en otros lugares de la cristiandad, en la Península Ibérica aparecieron órdenes militares autóctonas, que si bien compartían muchas similitudes con otras órdenes internacionales, presentaban peculiaridades propias, debido a las especiales circunstancias históricas peninsulares marcadas por el enfrentamiento entre musulmanes y cristianos.

El nacimiento y expansión de estas órdenes autóctonas se produjo fundamentalmente en la fase de la Reconquista, en la que se ocuparon los territorios al sur de los ríos Ebro y Tajo. Vino a marcar la característica principal de la repoblación, en grandes extensiones, en las que cada Orden, a través de sus encomiendas, ejercía un papel político y económico similar al del señorío feudal.

La presencia de otras órdenes militares foráneas, como la del Temple o la de San Juan fue simultánea, y en el caso de los caballeros templarios, su supresión en el siglo XIV benefició significativamente al resto de las órdenes españolas.

La implantación social de las órdenes militares entre las familias nobles fue muy significativa, extendiéndose incluso a través de órdenes femeninas vinculadas, como las Comendadoras de Santiago y otras similares.

Después de la crisis bajomedieval, el cargo de Gran Maestre de las órdenes fue objeto de violentas disputas entre la aristocracia, la monarquía y los validos. Fue Fernando el Católico, a finales del siglo XV, quien consiguió neutralizarlas políticamente al obtener la concesión Papal de la unificación en su persona de ese cargo para todas ellas, y su sucesión conjunta para sus herederos.

La incorporación definitiva de las órdenes a los reyes de la Monarquía Hispánica se consiguió en el año 1523, bajo el reinado del emperador Carlos I. La Corona las administraba a través del Consejo de Órdenes.

Perdida paulatinamente toda función militar a lo largo del Antiguo Régimen, la riqueza territorial de las órdenes militares fue objeto de la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, quedando reducidas éstas a partir de entonces a la función social de representar, como cargos honoríficos, un aspecto de la condición nobiliaria.

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Territorios de las órdenes militares de los reinos ibéricos hacia finales del siglo XV: Orden de Montesa Orden de Santiago Orden de Calatrava Orden de San Juan (Castilla) Orden de Alcántara Orden de Christo Orden de Santiago de la Espada Orden de Avis Orden de San Juan (Portugal) Residencia del Gran Maestre

¿Cómo nacieron las Órdenes Militares?

Aunque la aparición de las órdenes militares hispánicas puede interpretarse como pura imitación de las internacionales surgidas a raíz de las cruzadas, tanto su nacimiento como su posterior evolución presentan rasgos diferenciales.

Jugaron un papel de primer orden en la lucha de los reinos cristianos contra los musulmanes, en la repoblación de extensos territorios, especialmente entre el río Tajo y el río Guadalquivir.

Se convirtieron en una fuerza política y económica de primera magnitud, teniendo además gran protagonismo en las luchas nobiliarias habidas entre los siglos XIII a XV, cuando finalmente los Reyes Católicos lograron hacerse con su control.

Para los arabistas, el nacimiento de las órdenes militares españolas estuvo inspirado en los ribat musulmanes. Otros autores opinan, que su aparición fue consecuencia de un proceso de fusión de hermandades y milicias concejiles teñidas de religiosidad, que, mediante absorción y concentración, dieron lugar a las grandes órdenes en un momento, en que la lucha contra el poderío almohade requería de todos los esfuerzos posibles por parte del lado cristiano.

Se admite, que la primera en aparecer, fue la de Orden de Calatrava, nacida en esa villa del reino castellano en el año 1158. Le siguió la Orden de Santiago, surgida en la ciudad de Cáceres, que formaba parte del reino leonés en el año 1170.

Se creó la Orden de Alcántara seis años después, en principio denominada de San Julián del Pereiro. La última en aparecer fue la Orden de Montesa, que lo hizo más tardíamente, durante el siglo XIV, en la Corona de Aragón debido a la disolución de la Orden del Temple.

 

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Castillo de Calatrava

 

¿Cómo se regían las Órdenes Militares?

La organización de las órdenes internacionales y las españolas fue idéntica:

  • El maestre fue la máxima autoridad de la orden, con un poder casi absoluto, tanto en lo militar, como en lo político o en lo religioso. Era elegido por el consejo, compuesto por trece frailes, de donde les viene a sus componentes el nombre de Trece.

El cargo de maestre es vitalicio y a su muerte los Trece, convocados por el prior mayor de la orden, eligen al nuevo maestre. Cabe la destitución del maestre por incapacidad o por conducta perniciosa para la orden. Para llevarla a cabo se necesita el acuerdo de sus órganos superiores: consejo de los trece, prior mayor y convento mayor.

  • El Capítulo General es una especie de asamblea representativa que controla toda la orden. Lo forman los trece, los priores de todos los conventos y todos los comendadores. Se debe reunir anualmente un día determinado en el convento mayor, aunque en la práctica estas reuniones se celebraron donde y cuando el maestre quiso.
  • En cada reino existió un Comendador Mayor, con sede en una localidad o fortaleza. Los priores de cada convento eran elegidos por los canónigos, pues hay que tener en cuenta, que dentro de las órdenes existían los caballeros y los monjes profesos que instruían y administraban los sacramentos.
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Castillo templario de Ponferrada

¿Cómo era su organización territorial?

Dado su doble carácter de instituciones militares y religiosas, en lo territorial las órdenes desarrollan una doble organización separada para cada una de estas esferas, aunque a veces no totalmente desligadas.

En lo político-militar se dividían en “encomiendas mayores”, existiendo una encomienda mayor por cada reino peninsular, en el que estuviera presente la orden en cuestión. Al frente de ellas estaba el comendador mayor.

Le seguían las encomiendas, que eran un conjunto de bienes, no siempre territoriales ni agrupados, pero que generalmente constituían demarcaciones territoriales. Las encomiendas eran administradas por un comendador. Las fortalezas, que por cualquier tipo de causa no estaban bajo el mando del Comendador, tenían a su frente un Alcaide nombrado por aquel.

Se organizaban por conventos en lo religioso, existiendo un convento mayor, que constituía la sede de la orden. La orden de Santiago tenía su sede en Uclés, tras las desavenencias de la orden con el monarca leonés Fernando II. La orden de Alcántara lo tuvo en la villa cacereña de Alcántara.

Los conventos no eran sólo lugares en los que vivían los monjes profesos, sino que constituían prioratos, demarcaciones territoriales religiosas, donde los respectivos priores con el tiempo, tuvieron las mismas atribuciones que los obispados, resultando que las órdenes militares se sustrajeron al poder episcopal en extensos territorios.

 

 
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El mando del ejército lo ejercían las más altas dignidades de cada orden. Se hallaba el maestre en la cúspide, seguido de los comendadores mayores. La figura del alférez fue destacada en un principio, pero en la Baja Edad Media había desaparecido. El mando de las fortalezas estaba en manos del Comendador o de un Alcaide nombrado por él.

El reclutamiento se solía hacer por encomiendas, contribuyendo presumiblemente cada una de ellas con un número de lanzas u hombres relacionado con el valor económico de la demarcación.

Hay, que destacar, la sorprendente belicosidad de las Órdenes y su rigurosa promesa de combatir al infiel, lo que en muchos casos se manifestó en la continuación de auténticas guerras privadas contra los musulmanes cuando, por diversas causas, los reyes cristianos abandonaron la lucha, debido a la firma de treguas, o bien por dirigir sus acciones bélicas en otros sentidos.

¿Cómo era la repoblación?

El papel militar jugado por las Órdenes Militares fue muy importante, debido a su carácter repoblador, económico y social. No bastaba con arrebatar territorios al enemigo, si éstos no se poblaban suficientemente como para ocuparlos y administrarlos, facilitando así su defensa.

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Las órdenes recibieron grandes extensiones de terreno, cuya repoblación les reportó gran poder político y económico. Para atraer pobladores a las tierras adquiridas, utilizaron métodos similares a los usados por otras instituciones.

Uno de ellos consistía en otorgar fueros a las villas de su jurisdicción, que las hicieran atractivas a gentes del norte. Se copiaron los modelos de los fueros más generosos, como el de Cáceres o el de Sepúlveda. Un ejemplo de esta generosidad fue, el de las exenciones fiscales por nupcialidad, tomadas del fuero de Usagre.

Unas tierras que fueran improductivas resultaban inútiles, por lo que se preocuparon de su desarrollo económico. Además de las ventajas dadas a los nuevos pobladores, como las donaciones de baldíos, se consiguieron ferias para sus villas o se realizaron importantes obras de infraestructura en la red de comunicaciones.

Las ferias tenían la ventaja de estar libres de impuestos, lo que fomentaba el comercio, que también era impulsado por la mejora de comunicaciones por medio de puentes, caminos, etc.

LAS ÓRDENES MILITARES Y EL PODER

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Destacaron tres grandes órdenes en Castilla: Calatrava, Santiago y Alcántara. En la ideología de estas órdenes predominó un ideal místico-religioso de cuño musulmán, aunque con el tiempo perdieron carácter religioso y se convirtieron en potencias económicas y militares, cuya intervención en la política del reino castellano fue en ocasiones decisiva.

 

Llegaron a poseer grandes señoríos, conocidos como Maestrazgos, participaron de los grandes beneficios de la Mesta y alcanzaron una gran riqueza que atraería a numerosos nobles, lo que las dotaría de un carácter aristocrático a partir del siglo XIV.

Los Reyes Católicos fueron incorporando progresivamente a su hacienda la mayor parte de sus intereses y beneficios, poniendo fin a su papel económico y político en el último tercio del siglo XV.

El Papa Adriano VI concedió a Carlos I los títulos de Gran Maestre de las tres órdenes militares con carácter hereditario en el año 1522, lo que supuso su incorporación permanente a la Corona, llegando hasta nuestros días como instituciones de carácter honorífico y nobiliario.

Las relaciones de las órdenes militares hispánicas con otros poderes e instituciones fueron diversas. En general, gozaron del apoyo papal, pues constituían una base sólida para la reconquista y dependían directamente de su autoridad. Los Papas repartieron atribuciones episcopales a los priores de las Órdenes en su pugna con los obispos, lo que les dio una gran independencia.

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La relación de las Órdenes con los reyes, tuvo varias etapas. Al principio, los monarcas las impulsaron, porque llegaron a considerarlas el florón más preciado de sus coronas. Conscientes de sus enormes posibilidades en la tarea reconquistadora, y repobladora después, los reyes las fomentaron e introdujeron en sus respectivos reinos.

Las donaciones reales, en su mayor parte, estuvieron constituidas por territorios, para hacerlas eficaces en la lucha contra los musulmanes. Además, recibieron de los monarcas otro tipo de donaciones de carácter no estrictamente militar o político, tales como las motivadas por razones de caridad, merced, hospitalidad o amistad.

El favor de los reyes también se manifestó en los numerosos pleitos, que se plantearon con otros poderes, en los que generalmente los monarcas fallaron a favor de las Órdenes militares. Los privilegios tributarios o de otro tipo fueron igualmente frecuentes, lo que a veces ocasionó la irritación de los Concejos de realengo, cuyos vecinos tributaban en mayor medida.

A cambio del favor real, las Órdenes llevaban a cabo las misiones que tenían encomendadas y eran leales a los monarcas, en cuyo bando se situaron, desde que a finales del siglo XIII, las disputas nobiliarias se hicieron tan frecuentes.

Los reyes tomaron consciencia del enorme poder de las Órdenes y del peligro que podía suponer el tenerlas en contra, de ahí, que con el rey Alfonso XI comenzase una pugna por conseguir su control, a través de la designación del Maestre de la Orden.

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Castillo de Montesa

Esta pugna continuó a lo largo de toda la Baja Edad Media hasta la consecución absoluta de los propósitos regios por parte de los Reyes Católicos, quienes lograron ostentar el Maestrazgo de todas ellas a perpetuidad. Este Maestrazgo se convirtió en hereditario con sus descendientes.

Más problemática resultó la relación con los concejos de realengo, que eran los municipios en territorio regio, sobre todo con aquellos dotados de extensos dominios de difícil control y ocupación. A menudo, sufrieron la depredación de zonas despobladas por parte de las Órdenes, hasta que los reyes pusieron fin a las usurpaciones.

A partir del siglo XIV, estos concejos sufrieron la misma depredación por parte de señores laicos. También, hubo pleitos con los colindantes, a veces prolongados e incluso tan vehementes, que llegaron a producir enfrentamientos físicos.

Igualmente diversa resultó la relación con el resto del clero. El concurso de éste fue fundamental para la configuración de las Órdenes, como ocurrió con el apoyo del arzobispo de Santiago de Compostela respecto de la orden santiaguista o con el obispo de Salamanca respecto de la de Alcántara.

Posteriormente, hubo de todo, desde piadosas donaciones, a pleitos y refriegas interminables, e incluso algún hecho de armas, como el ataque a los obispos de Cuenca y Sigüenza por parte del comendador santiaguista de Uclés.

Las tensiones con los obispos fueron frecuentes en la lucha por la jurisdicción eclesiástica, a la que se sustrajeron los priores, quienes recibieron finalmente el apoyo Papal.

La hermandad y coordinación fueron las actitudes dominantes en las relaciones entre órdenes. Calatrava y Alcántara, que estaban unidas por relaciones de filiación, sin que ello supusiera falta de autonomía de Alcántara.

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El castillo de Monzón

 

Hubo pactos entre Órdenes de ayuda mutua y reparto de lo conquistado. Incluso acuerdos, como el tripartito de amistad, defensa mutua, coordinación y centralización firmado en el año 1313 por la de Santiago, Calatrava y Alcántara.

La Orden del Temple

Se fundó en el año 1118, por nueve caballeros franceses liderados por Hugo de Payns tras la primera cruzada. Su propósito original era proteger las vidas de los cristianos, que peregrinaban a Jerusalén tras su conquista.

La orden fue reconocida por el patriarca latino de Jerusalén, Garmond de Picquigny, que les impuso como regla la de los canónigos agustinos del Santo Sepulcro. Esta regla, dentro del contexto templario, es conocida como Regla latina. Tuvo desde un principio un carácter marcadamente militar. Alcanzó un inmenso poder y riqueza en los siglos XII y XIII.

El veinticuatro de abril del año 1147, el Papa Eugenio III les concedió el derecho a llevar permanentemente la cruz. Esta era sencilla, pero ancorada o paté, que simbolizaba el martirio de Cristo de color rojo, porque el rojo era el símbolo de la sangre vertida por Cristo, pero también de la vida.

La cruz estaba colocada en su manto sobre el hombro izquierdo, encima del corazón. Militarmente, sus miembros se encontraban entre las unidades mejor entrenadas, que participaron en las cruzadas.

Los miembros no combatientes de la orden gestionaron una compleja estructura económica dentro del mundo cristiano. Crearon, incluso, nuevas técnicas financieras que constituyen una forma primitiva del moderno banco.

La organización interna la dirigía un Gran Maestre, con su corte y su consejo, y la reunión o capítulo general de sus cargos directivos. Las posesiones se dividían por reinos, y dentro de éstos por prioratos. Bajo los priores vivían los bailíos y los comendadores, que tenían a su cargo grupos más o menos extensos de caballeros y escuderos de cada orden.

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Tanto la Orden de San Juan, como la de los Templarios, tuvieron grandes posesiones en España. Colaboraron con los reyes en la Reconquista y posterior repoblación, por lo que recibieron numerosos privilegios y donaciones, entre ellas un quinto de las tierras conquistadas, el diezmo eclesiástico, parte de las parias cobradas a los reinos taifas.

Exentos de toda jurisdicción, adquirieron una gran fuerza política, económica y social. Alfonso I el Batallador, rey de Aragón en su testamento del año 1134 les cedía su reino, y aunque el testamento fue revocado y los nobles aragoneses entregaron la corona a Ramiro II, hubieron de hacer numerosas concesiones, tanto de tierras como de derechos comerciales, a las órdenes, para que renunciaran.

Castilla recibió una gran ayuda de los templarios frente a la invasión almohade y destacó su participación en la batalla de Las Navas de Tolosa en el año 1212.

La Orden de Montesa

Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, fundó tras la conquista de Zaragoza en el año 1118, nuevas órdenes con fines defensivos como Monreal y Belchite, pero las grandes órdenes constituidas por monjes-caballeros bajo el mando de un maestre, no aparecerían hasta el siglo XII. Pedro II el Católico fundó en el año 1201, en agradecimiento por la asistencia de San Jorge a sus ejércitos, la Orden de San Jorge de Alfama.

 

 
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La Orden fue aprobada por el Papa Juan XXII en el año 1363, y tuvo una vida relativamente breve, ya que en el año 1399, se unió a la Orden de Montesa. Esta Orden fue instituida en el año 1317, por el Papa Juan XXII, a petición de Jaime II, para hacerse con los bienes de la disuelta Orden del Temple en el Reino de Valencia.

Su primera residencia fue el Castillo de Montesa, próximo a Játiva, en la frontera del reino de Valencia con los musulmanes. Gozó de importantes gracias y privilegios y se convirtió en una de las principales fuerzas militares defensoras del trono.

Tenía jurisdicción sobre 90.000 personas y poseía 13 encomiendas a finales del siglo XV, pero su poder e independencia empezaba a declinar por la cada vez mayor injerencia de la monarquía en sus asuntos. Finalmente, fue incorporada a la Corona en el año 1587.

LA ORDEN DE CALATRAVA

La Orden de Calatrava fue la primera orden religiosa-militar creada en España. Fue fundada, en el año 1158, por el abad Raimundo de Fitero a instancia del rey Sancho III, y aprobada por el Papa Alejandro III en el año 1164, para defender esta plaza de los musulmanes por su importancia estratégica como baluarte avanzado de Toledo.

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La Orden alcanzó su afianzamiento definitivo tras la batalla de las Navas de Tolosa en el año1212, cuando fijó su sede en la nueva fortaleza de Calatrava la Nueva en el año 1218. Sus grandes recursos humanos y económicos dieron a la Orden un enorme poder político y militar, que duró hasta el final de la Reconquista.

Disponía de tierras y castillos a lo largo de toda la frontera de Castilla, ejerciendo un señorío feudal sobre miles de vasallos, llegando a adquirir tal nivel de riquezas y poder, que sus maestres se convirtieron en verdaderos príncipes eclesiásticos temidos y mimados por reyes y llamados a Concilio por los Papas.

Además, disfrutaba de gran autonomía. Fernando el Católico logró ser elegido Maestre de la Orden en el año 1477, con lo que sus bienes se incorporaron a la Corona de Castilla.

Se saltaron la obediencia al poder real con el tiempo, provocando su declive y dispersión y quedando simplemente en una Orden encargada de custodiar las reliquias.

La Orden de Santiago

La Congregación de los Fratres de Cáceres fue creada en el año 1170, y reconocida por el Papa como Orden de Santiago en el año 1175. Colaboró activamente en la Reconquista y la repoblación de las comarcas de Teruel y Castellón.

Alfonso VIII le cedió Uclés en el año 1174, Moya y Mora en el año 1211, a los que luego se sumaron Osa y Montiel. Combatieron en las Navas de Tolosa en el año1212, y obtuvieron de los sucesivos monarcas castellanos privilegios, que les permitieron repoblar extensas regiones en Andalucía y Murcia.

Ya en el siglo XV, trasladó su acción a la cordillera de Sierra Morena, pasando a convertirse Llerena en residencia habitual de sus maestres. Por otro lado, se vio con frecuencia implicada en las luchas internas del reino de Castilla, al mismo tiempo que sus inmensos bienes la obligaron a sostener las pretensiones de la monarquía. Finalmente, los Reyes Católicos la unieron a la Corona en el año 1493.

La Orden de Alcántara

La Orden de Alcántara surgió en León a mediados del siglo XII, en el año 1177 con el nombre de San Julián de Pereiro, para oponerse al peligro almohade. Recibió los bienes que poseía en el reino de León, la Orden de Calatrava, en el año 1218, entre ellos la población de Alcántara.

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Alfonso VIII de Castilla y Leonor de Plantagenet entregan el castillo de Uclés al maestre de la Orden de Santiago

A raíz del establecimiento de su sede central en esta villa, el primitivo nombre de Orden de San Julián fue desapareciendo, hasta que en el año 1253, sus maestres se titulaban los maestres de la Orden de Alcántara.  

La Orden de Alcántara ejerció su actividad principalmente en la zona extremeña, donde se concentraban la mayor parte de sus posesiones: Navasfrías, Valencia de Alcántara, comarca de la Serena, Trujillo, Zalamea, etc.

Participó en las campañas andaluzas del rey Fernando III, aunque apenas recibió donaciones en esta región. Participó también en la lucha entre Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara. La potencia militar de la Orden fue menor que la de sus hermanas de Santiago y Calatrava debido a sus menores posesiones territoriales y, en consecuencia, su menor poder económico.

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Castillo de Uclés

Finalizó su actividad militar a comienzos del siglo XV, tras ser derrotada en Granada. Será en el año 1494, cuando los Reyes Católicos logren la administración de sus bienes.


BIBLIOGRAFIA

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