Cinco mitos sobre Cristóbal Colón y su “descubrimiento” de América

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Haciendo historia

Clarín

¿Creía que la Tierra era redonda? ¿Isabel la Católica financió la expedición con sus joyas? Algunos supuestos que la investigación histórica derriba.

 

"Primer desembarco de Cristóbal Colón en América", la visión romántica de la llegada de la expendición en la pintura de Dióscoro Puebla, 1862. Imagen: Wikipedia.

COMENTARIOS

(51)

1.

La forma de la Tierra: Cristobal Colón se había hecho una idea bastante sensual sobre la forma de la tierra. Más que redonda, él la asimilaba a un turgente seno de mujer: “El mundo no es redondo, sino que tiene forma de teta de mujer y la parte del pezón es la más alta, cerca del cielo, y por debajo de él fuese la línea equinoccial y el fin del Oriente adonde acaban toda tierra e islas del mundo”.

 

Si esto era así, poniendo proa al Occidente se debía poder llegar al Oriente. La idea de Colón no era original. Ya la había enunciado Aristóteles (384-322 a.C) mencionando a la isla de Antilia, ubicada entre Europa y Asia. San Agustín, en la Ciudad de Dios, aceptaba la división del Mundo en Europa, Asia y Africa y decía que sólo en el mundo compuesto por esas tres partes debía buscarse a los ciudadanos del cielo, pero que había otros mundos posibles alojados en la Tierra que quedaban excluidos por no ser escenario de la vida de los descendientes de Adán.

2.

Las Joyas de la Reina: Colón necesitaba financistas para concretar su idea. Recurrió primero a Portugal pero su rey consideró exageradas las pretensiones del futuro Almirante. Los Reyes Católicos estaban ocupados en hacer gala de lo que les daría la marca registrada de católicos: reconquistar todo el territorio ocupado por los musulmanes y expulsar a los judíos de sus dominios y no se mostraban dispuestos a distraer recursos ni energía en otros asuntos.

Finalmente, tras la toma de Granada concretada el 2 de enero de 1492, Isabel y Fernando decidieron apoyar la empresa comercial de Colón.

Monumento a Colón, en la Costanera de Buenos Aires.  Foto: Rafael Mario Quinteros

Monumento a Colón, en la Costanera de Buenos Aires. Foto: Rafael Mario Quinteros

Con tal de no aportar sus joyas para financiar la expedición, la reina recordó un viejo pleito con la ciudad de Palos. Sus habitantes habían sido multados por contrabando y piratería y les trocó –por una Real Cédula del 30 de abril de 1492– la multa en efectivo por la provisión y equipamiento a cargo de la comunidad de dos carabelas que se llamaron La Pinta y La Niña.

Colón marchó hacia Palos de Moguer, y armó una sociedad comercial con los hermanos Pinzón y el financista Luis de Santángel. Agregaron una carabela que sería la más grande de la expedición con 34 metros de eslora, La Gallega, a la que Colón bautizaría Santa María y sería la nave capitana.

3.

¡¡¡Tierra, tierra!!! La expedición zarpó el 2 de agosto de 1492 y tras innumerables contratiempos, durante la noche del 11 al 12 de octubre, Colón sostiene que fue él el primero en ver las luces de la tierra que pensaba asiática, quitándole el honor y la recompensa de 10.000 maravedíes al humilde marinero de La Pinta, Juan Rodríguez Bermejo.

El 12 o 13 de octubre Colón y sus hombres estaban frente al islote de Guanahaní (actuales Bahamas), al que el Almirante llamó San Salvador. Creía que había llegado al Asia.

Felipe Pigna

HISTORIADOR

4.

¿12 de octubre? Los que insisten en festejar el “día de la raza” el 12 de octubre se verían en problemas si se confirman las investigaciones que afirman que el descubrimiento se produjo el 13, pero, dado que tal número se identificaba con la mala suerte y que el 12 era la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, patrona de los Reyes Católicos y que caía en ese año en viernes, día de la pasión de Jesús, bien pudo el Almirante cambiar la fecha.

5.

El “descubrimiento”. El 12 o el 13 de octubre, Colón y sus hombres estaban frente al islote de Guanahaní (actuales Bahamas) al que el Almirante llamó San Salvador. Don Cristóbal confiaba en haber llegado al Asia aunque se asombraba de no toparse con los clásicos mercaderes chinos, sino con gente “muy bella y pacífica” que tomaba las espadas por el filo por desconocer las armas de guerra.

Ni Colón ni los reyes tenían la menor noción de haber “descubierto” un nuevo continente.

Para los americanos se terminaban los tiempos en que podían decidir por su cuenta su vida, su forma de pensar y su religión.

E.M.