Málaga, emblema del mar

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El Instituto Vicente Espinel prepara una exposición que recordará su pasado como escuela náutica, heredera del Colegio de San Telmo en el siglo XIX

Pablo Bujalance málaga | Actualizado 10.06.2015 - 05:00

 

Francisco Pareja y Juan Carlos Cilveti, junto a la corbeta didáctica de San Telmo, en el Instituto Vicente Espinel.

 

Las velas originales de la corbeta, reservadas para su próxima instalación.

En la historia marítima de Málaga destaca, por crucial, el año 1785: fue entonces cuando Carlos III emitió la cédula que daba vía libre a la apertura del Real Colegio de San Telmo de Málaga, escuela náutica de decisiva influencia en la hegemonía naval de España y en la que se formaron más de 600 hombres de mar que se incorporaron a la Armada o a la marina mercante. La influencia de Bernardo de Gálvez, héroe de Pensacola y adalid de la Independencia de EEUU, resultó fundamental para que el monarca se inclinara por Málaga para la instalación de semejante templo con vistas a la formación de futuros pilotos. Dicho y hecho: dos años después, tras las ordenanzas emitidas por la Corona en marzo de 1787, el Colegio de San Telmo abrió sus puertas en su reconocible sede, el inmueble que hoy ocupan el Ateneo y el Colegio Prácticas Nº 1. Con ello, una Málaga lastrada por el atraso, la delincuencia y una posición mediterránea que ejerció de ratonera para con el comercio en las Indias, encontró al fin una oportunidad para su desarrollo. El Colegio de San Telmo funcionó como tal hasta la creación en 1846 del Instituto Provincial en la sede del actual Instituto Vicente Espinel, en la calle Gaona: todas las enseñanzas oficiales que se impartían en la ciudad quedaron absorbidas por el nuevo centro, así que los profesores, alumnos y materiales de San Telmo acometieron la pertinente mudanza. Las enseñanzas náuticas se retomaron en el nuevo enclave en 1847, pero su oficialidad duró muy poco: en 1849, la reina Isabel II emitió una cédula por la que se suspendían los planes de estudio para la formación de marinos en Málaga. Tras la decisión se encontraban, fundamentalmente, motivos económicos, pero poco pudieron hacer las quejas de la Cámara de Comercio y de otras instituciones que tenían en los marinos formados en Málaga, y todo el tráfico que eran capaces de generar, fundadas esperanzas de prosperidad. No obstante, el Instituto Provincial continuó impartiendo asignaturas relacionadas con la actividad náutica hasta 1923, de manera ya desarticulada y sin la regulación de la que había gozado hasta entonces. El siguiente episodio de esta historia tuvo lugar en 1982, con el hallazgo a cargo de unas alumnas en la cripta del Instituto Vicente Espinel de una corbeta didáctica: una nave de unos 2,7 metros de longitud, en realidad una buceta intervenida, a la que se le añadieron todos los elementos de la corbeta para que los alumnos de San Telmo primero y del Instituto Provincial después pudieran conocer todos los detalles de este tipo de embarcación sin salir de clase. Se trata de un elemento único en su especie, que la Liga Naval Española estudió a fondo tras su hallazgo y cuya referencia documental más antigua se remonta a 1792 (con la mención de un gasto para una reparación conservada en los archivos: su fabricación es por tanto anterior). Tras algunas nuevas intervenciones poco afortunadas, la corbeta terminó en la sala dedicada al siglo XVIII del Museo de la Alcazaba. Ahora, sin embargo, la pieza descansa en una de las aulas del centro en el que una vez fue útil: el Instituto Vicente Espinel, a donde fue trasladada recientemente en virtud de un proyecto que pretende desempolvar esta historia para su divulgación y aprovechamiento en el presente.

Con motivo del 220 aniversario de la emisión de la cédula de Carlos III que permitió la fundación del Colegio de San Telmo, el Instituto Vicente Espinel trabaja en la organización de una exposición que, a partir del próximo mes de noviembre, profundizará en el pasado del centro vinculado al mar y la navegación. Bajo el título Gaona y el mar, la muestra exhibirá amplio material procedente del archivo del mismo instituto relacionado con la formación náutica que se impartía en sus dependencias, así como una cartela procedente del Instituto Nuestra Señora de la Victoria que da cuenta de los orígenes de San Telmo. La joya de la corona será, en todo caso, la corbeta didáctica, que podrá verse así en su hábitat natural. Los profesores de Historia del instituto Rafael Maldonado, Víctor Heredia y Francisco Pareja son los primeros responsables de la iniciativa, un proceso que sigue de cerca Juan Carlos Cilveti, responsable de la información marítima en Málaga Hoy; no en vano, su padre, Ángel Cilveti, fue vicepresidente de la Liga Naval Española cuando apareció la corbeta en 1982, y en 2011 publicó el libro Real Colegio Náutico de San Telmo según la ordenanza de 1787, un volumen que narra definitivamente los avatares para la constitución del emblema.

Aunque las memorias de los cursos del Colegio de San Telmo y su heredero en el Instituto Provincial se conservan en el Archivo Díaz de Escobar, y por más que también exista abundante documentación relativa a la institución en el Archivo Municipal, el Archivo de la Catedral y el Archivo General de Simancas, entre otros, los tesoros que el conocido como Instituto Gaona conserva en sus fondos son de altura: cartas náuticas, libros de ordenanzas, de ejercicios, de registros, de contabilidad, inscripciones, planisferios, elementos navales y hasta el arca de tres llaves en la que se guardaba el capital destinado a la financiación de los estudios. El visitante podrá conocer así los pormenores de los programas educativos náuticos que durante siete décadas acogió el instituto: la formación se prolongaba durante nueve años (los aspirantes ingresaban muy jóvenes, ya con ocho o nueve años de edad) que culminaban con un viaje en prácticas a las Indias, bien las Orientales o las Occidentales. El centro abría sus puertas tanto a estudiantes de familias adineradas (los porcionistas, encaminados desde el principio a su formación de pilotos) como a huérfanos y aspirantes procedentes de ámbitos humildes (que podían aspirar a trabajar en la marina mercante o, si no tenían suerte, a la ejecución de oficios poco honrosos como el tejido de velas; eso sí, muchos de quienes ingresaban en la Armada se pasaban a la marina mercante, ya que aquí los pilotos adquirían rango de capitán y eran mejor considerados). Tampoco faltará el certificado de limpieza de sangre de Pedro Blanco, alumno y famoso negrero a quien el cubano Lino Novás dedicó una novela; ni registros de malagueños que lucharon en Trafalgar. Todo un mar abierto contra el proceloso olvido.