Banqueros alemanes en la España de Carlos V

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De cómo las familias de los Fugger y los Welser, originarias ambas de la ciudad alemana de Augsburgo, llegaron a formar parte de la historia de nuestro país durante el reinado de Carlos I de España y V de Alemania.

Sin ánimo de ejercer de historiadora, perdónenme los lectores expertos si fallo en alguna línea: tampoco es mi propósito faltar al rigor, aunque nunca se sabe y por eso de antemano me disculpo.

Si hay algo que me gusta al leer sobre la Era de los Descubrimientos es que parece una novela de las que enganchan, con la suerte para el lector de que nunca se acaba. Los protagonistas principales de algunas historias pasan rozando a las de otros secundarios, que a su vez protagonizan otras igual o más intensas, todas merecedoras de capítulos enteros sobre aquel siglo fascinante que fue el XVI. Y mi propósito en este caso y este artículo es intentar explicar cómo vinieron a dar a España esos banqueros europeos a los que el gran monarca Carlos I entregó casi su alma entera, hasta que su hijo, Felipe II declaró el reino en banca rota. Pero vayamos por partes.

 

Un emperador busca financiación para su proyecto

Nacido el 24 de febrero de 1500 en Gante, su destino le llevó a acumular en su sola persona un poder inmenso y unos territorios que se extendían por media Europa y parte de América. Hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, heredó por vía paterna los Países Bajos, los territorios austríacos y el derecho al trono imperial; y, por vía materna, Castilla, Navarra, las Islas Canarias, las Indias, Nápoles, Sicilia y Aragón. Fue educado en el mismo Gante a la manera germánica, hasta que, cumplidos los 16 años, tuvo que trasladarse a la península para ser coronado como Carlos I y reinar junto a su madre (recluida en Tordesillas por mandato de Fernando el Católico y, después, de su propio hijo a causa de sus supuesta locura) en todos los reinos y territorios de España. Hasta 1556, cuando decidió retirarse al Monasterio de Yuste para, dos años después, morir.

A partir de 1516 una de las principales preocupaciones del nuevo rey era conseguir la financiación que hiciera posible su reinado, esto es, conseguir no sólo la confianza de los nobles y la Iglesia, sino el apoyo económico que contribuyera a mantener en pie aquel enorme imperio. A pesar de que en la península no era del todo bien visto que Carlos tomara el poder estando su madre, auténtica heredera, aún viva y, peor todavía, sin conocer ni siquiera el idioma del reino, consiguió el apoyo que buscaba, tanto económico como moral, aunque este último con ciertos matices que aquí no vienen al caso. A pesar de la diversidad y extensión de los reinos bajo su potestad, Carlos I logró, no sin muchos tropiezos, organizar e impulsar el sistema político creado por sus abuelos los Reyes Católicos, haciendo funcionar de manera coherente la diversidad de las tradiciones políticas, culturales y militares de sus numerosos estados, donde ninguna institución era común a todos, salvo la Corona y su órgano consultivo para la política exterior, el Consejo de Estado, donde intervenían personajes de los distintos pueblos gobernados. En total, cinco Consejos que organizarían los distintos frentes del Imperio, bajo las órdenes de delegados del Rey, que se harían cargo de las decisiones mientras él viajaba por su vasto imperio intentando gobernarlo.

Entre ellos estaba el Consejo de Hacienda, objeto de este artículo, que tenía el objetivo, nunca alcanzado, de “mediar los gastos con los ingresos”, para lo cual adoptó el modelo flamenco, asesorado por personas de sus confianza. Y estamos ahora en el centro del problema, porque Carlos I tenía, por herencia paterna, el derecho de acceder al trono imperial de los Habsburgo, pero, ¿cómo pudo financiar su campaña para convertirse en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico frente a su rival Francisco I, rey de Francia? Gracias al dinero que buscó en Castilla y, sobre todo a los préstamos de las poderosas familias Fugger y Welser, entre otras, que encontraron en la península y en el Nuevo Mundo, el camino perfecto para cobrar sus intereses.

 

Los Fugger entran en la historia

Cuando se habla de los banqueros de Carlos V no se habla en el sentido de lo que hoy entendemos por el término, sino que se refiere a las “sociedades comerciales que pusieron a disposición de la Casa de Austria créditos y una infraestructura para la transferencia financiera, por ejemplo en forma de letras de cambio. Una característica importante de los llamados “merchant bankers” (banqueros comerciantes) fue que sus actividades no se limitaron de ninguna manera al movimiento crediticio, sino que también se dedicaron a actividades comerciales en los territorios de los Austrias, como por ejemplo a la minería o al comercio de paños o armas” en palabras del especialista Peter Rauscher, y, para la muestra, los poderosos y millonarios Fugger y la familia Welser.

 

Mucho antes de nacer Carlos V, su abuelo, el Emperador Maximiliano I, ya se había encargado de endeudarse con Jakob Fugger (1459-1525), uno de los diez hijos del próspero comerciante textil de Augsburgo, Jakob Fugger el Viejo. Jakob el Joven supo impulsar el negocio familiar, diversificarlo y convertirse en pocos años en el banquero y comerciante más rico y conocido de Europa en su tiempo, siendo considerado hoy un ejemplo del capitalismo temprano. Su habilidoso aprovechamiento de los recursos naturales consiguió para su empresa el monopolio del mercado del cobre en Europa, y plantó los cimientos del reconocimiento internacional y la riqueza de la empresa familiar Fugger, que contaba entre sus clientes bancarios con la alta nobleza, las casas reales europeas, y la Iglesia católica. Jakob subvencionó guerras y coronaciones de reyes, como veremos más adelante, asegurando así a sus negocios un rápido crecimiento y ejerciendo mediante la financiación una influencia política considerable. Su fortuna le granjeó el sobrenombre de “Jakob, el Rico”. Ya en tiempos de los Reyes Católicos se había interesado por la nueva ruta descubierta y, para 1503, ya había conseguido un permiso de la Casa de Indias (la contraparte portuguesa de nuestra Casa de Contratación) para abrir un puesto comercial en Lisboa, y así comerciar con especias como la pimienta, perlas y gemas. Apenas dos años más tarde, la casa Fugger financió, junto a otras casas de comercio, el primer viaje a la India. Las tres naves partieron de Lisboa en abril de 1505 y llegaron a la costa oeste de la India el 13 de septiembre de ese año. El viaje terminó en 1506 en Lisboa y, algo revelador, aunque el rey de Portugal se quedó con un tercio de la mercancía, reportó a los Fugger una ganancia neta del 175%. Como inversión de futuro, participó en la financiación de la expedición de Fernando de Magallanes. El viaje alrededor del mundo y el descubrimiento de la ruta occidental hacia la India prometía acabar con el monopolio portugués sobre las especias, lo que les reportaría ganancias aún mayores.

Al fallecer Maximiliano I en 1519, su nieto Carlos heredó, además de todo el imperio de los Habsburgo, la circunscripción de Borgoña y una cantidad ingente de deudas con el banquero alemán, cuyo cobro a largo plazo se encargaría de asegurar el mismo Jakob Fugger apoyando la candidatura al trono de Carlos V frente a la de Francisco I de Francia. La elección del nuevo emperador estaba a cargo de siete electores (los arzobispos de Colonia, Maguncia y Tréveris, y los príncipes de Bohemia, Sajonia, Brandemburgo y el Palatinado). La candidatura de Carlos transfirió la suma de 852.000 florines en concepto de sobornos a los príncipes, con lo que se aseguró el voto de cuatro electores. El candidato contrario, el Rey de Francia, sólo pudo ofrecer 300.000 florines. De la suma total, los Fugger aportaron casi dos tercios, 544.000 florines, mientras que el resto lo aportaron la Familia Welser , de la que hablaremos más adelante, y la banca italiana.

 

Una deuda muy bien atada

De esta forma, el nuevo emperador, en cuyo reino «nunca se ponía el sol», quedaba profundamente en deuda con los Fugger, cuya dinastía pasaba a ocupar con este acontecimiento un puesto destacado en la historia europea del siglo XVI, formando también parte importante de la conquista de América. Un puesto en la historia y un puesto en España, porque los Fugger comenzaron a cobrar su deuda en la Dieta de Worms, donde se establecía la cesión de las minas españolas de cobre, sal y oro. Dos años más tarde, cuando la dieta de Nuremberg de 1523 discutía las limitaciones de los comerciantes para evitar el monopolio, Jakob Fugger le recordó en una carta al emperador su ayuda en la elección: “Es bien sabido, y puedo hacerlo patente, que V. M. I. no hubiera obtenido sin mi ayuda la Corona del Imperio, lo que puedo probar por medio de los manuscritos de los comisarios de V. M. I., y que no he hecho esto en ventaja mía lo demuestra que de favorecer a Francia en perjuicio de la Casa de Austria, hubiera adquirido grandes bienes y riquezas que se me habían ofrecido. Los perjuicios que habrían resultado de ello para la Casa de Austria quedan bien patentes para la alta inteligencia de V. M. I.” A causa de la deuda que Carlos tenía con Fugger, este último se aseguró de que su monopolio no se vería limitado. De esta manera los Fúcares, como pasaron a ser conocidos en tierras hispanas, extendieron sus actividades a España después de haberse establecido en Lisboa a principios del siglo XVI. Para cubrir los pagos del crédito de la elección remitidos a los ingresos españoles, Jakob Fugger concertó un asiento que le aseguró los Maestrazgos, es decir, las rentas de los ingresos de las órdenes de caballería de Santiago, Calatrava y Alcántara, durante los años 1525 y 1527. Con este contrato debían cancelarse no sólo todas las letras de cambio de los Fúcares, sino también las deudas del Emperador con los Welser, con Francisco del Valle y con Cristóbal de Haro, entre otros.

 

Los Fúcares se instalaron en Almagro durante los 150 años siguientes para regresar a Alemania a finales del S. XVIII. En la población manchega aun se puede visitar el Almacén de los Fúcares, actual sede de la Universidad Popular de Almagro y uno de los espacios escénicos del Festival Internacional de Teatro Clásico, edificio que en su época sirvió de oficinas y almacén para el mercurio que llegaba de las minas de Almadén, arrendadas en la Casa de los Fúcares por el Emperador Carlos V.

El sucesor de Jakob fue su sobrino Antón Fugger, nacido en 1493 e hijo de su hermano mayor Georg. Antón se convirtió en el prestamista oficial del rey Carlos I de España y, después, de su hijo Felipe II. Fue una de las fuentes de financiación de la Contrarreforma, y a cambio se benefició de los cargamentos de oro y plata procedentes de América. Obtuvo concesiones comerciales en Venezuela (al igual que los Welser), Chile, Perú y Rusia. El tráfico de especias le produjo grandes dividendos, y no desdeñó la ganadería en Hungría y la minería en Escandinavia. Hacia 1546 Antón Fugger era el hombre más adinerado del mundo, con una fortuna que superaba los 5 millones de florines. Pero bajo su dirección ya empezó el declive de los Fugger, ya que su enorme patrimonio consistía casi exclusivamente en deudas a pagar por Felipe II, quien en 1557 declaró la bancarrota de España, con lo que consiguió deshacerse de parte de la deuda que tenía con los Fugger. Sus descendientes se fueron retirando paulatinamente de las finanzas.

 

¿Y quiénes eran los Welser?

Familia de banqueros de Augsburgo, y una de las principales casas financieras de Europa en la primera mitad del siglo XVI, fueron, con los Fugger, los más decisivos prestamistas imperiales entre los grandes empresarios alemanes con relaciones con la Corona. Si bien las relaciones comerciales de los grandes empresarios alemanes con España contaban con una larga tradición y una lista bastante completa de personajes que ponían su firma en aquellos contratos, los prestamistas imperiales fueron todos superados por estas dos poderosas familias. Los cuatro hermanos Welser, Bartolomé (1488-1561), Lucas, Ulrice y Jacobo, administraron la sociedad que su padre, Antón Welser, un exitoso comerciante de aquella ciudad alemana, había establecido en 1476 para la explotación de las minas de plata en Europa central, el comercio de textiles flamencos, lana inglesa y productos orientales.

Extendieron sus negocios con factorías en Flandes, Venecia, Portugal y España. Pero en 1517 surgieron diferencias entre los miembros de la familia y la mayor parte se establece en Nuremberg, de manera que solo Bartolomé Welser permaneció en su ciudad originaria. Sería él, junto con los Fugger y otros banqueros genoveses, quienes proporcionaron el dinero necesario para obtener, como hemos dicho, el voto de los príncipes electores alemanes y conseguir la coronación imperial del rey de España Carlos I , compitiendo contra el heredero francés.

Pero existían un par de diferencias entre las dos poderosas familias alemanas. una radicaba en la manera en que cobraron su deuda y otra en el carácter aventurero y mucho más adaptado al carácter español que poseían los Welser, cuyo apellido también se castellanizó hasta ser conocidos como los “Belzares”. Mientras la quiebra de los Fugger fue una decadencia algo más lenta, la de los Welser se dio casi de golpe. Ellos, además de aventureros y con un carácter volátil, habían nacido más para el comercio que para las finanzas, y hay documentos que hablan incluso de que el rendimiento de sus negocios crediticios con el Emperador fue sólo de un nueve por ciento durante los seis u ocho años siguientes a la firma de lo contratos, mientras que el de los Fugger se cifra casi un cincuenta y cinco por ciento de su inversión.

Para los negocios de los Belzares fue clave que Carlos V abriera en 1525 la posibilidad de que los extranjeros pudiesen establecer factorías en América en las mismas condiciones que los españoles. Ellos, emprendedores por tradición, tomaron la iniciativa de hacer negocios en el Nuevo Mundo, aunque ya habían participado desde principios del siglo XVI en los lucrativos negocios que estaba generando el comercio de ultramar. De hecho, contaban con una casa en Lisboa, al igual que los Fugger, desde donde controlaban sus actividades relacionadas con la pimienta venida de oriente, y en 1505, también como sus coterráneos, invirtieron, no cuatro mil como aquellos, sino veinte mil florines en la primera y fructífera expedición a la India, en la que participaron además otros comerciantes alemanes, los genoveses, que por su importancia y actividad merecerían un capítulo aparte.

Los Welser se apuntaban a cuanta feria se celebraba, y su huella podía encontrarse en Venecia, Génova, Roma, Berna, Nuremberg, Lyon y, cómo no, Sevilla o Zaragoza, desde donde compraban y vendían azafrán. Tuvieron tierras en Canarias, establecieron, aprovechando la apertura colonizadora de Carlos V, una oficina en Santo Domingo y avanzaron hacia México para explotar las minas de plata de Zultepec. También se involucraron en la expedición de Pedro de Mendoza en la que descubrió el Río de la Plata, hasta que, como parte del pago de una de tantas deudas, el 28 de marzo de 1528 consiguieron de Carlos V la exclusividad para la conquista y colonización del territorio comprendido entre el Cabo de la Vela (actual Colombia) y Maracapana (actual Venezuela), la denominada Provincia de Venezuela. Con este acontecimiento pudieron añadirse el título de ser los primeros europeos no latinos que iniciaron el proceso colonizador en América.

Los gobernadores delegados por los Welser desde España pasaron a formar parte de la historia del Nuevo Mundo. El primero de ellos fue el alemán Ambrosio Ehinger (o Alfinger), que utilizó como base la isla de La Española, donde los Welser habían fundado dos ciudades y tres fortificaciones. Desde allí Alfinger inició su expedición en 1529, llegó a Santa Ana de Coro (único asentamiento en tierra firme), exploró la ribera del lago de Maracaibo y fundó la ciudad de Nueva Nuremberg (hoy Maracaibo).

Alfinger murió en 1533 asesinado por los chitareros indígenas colombianos hoy extintos. A Alfinger le sucederán como gobernadores y exploradores de sus territorios en Venezuela otros alemanes, como Nicolás Federmann, Georg Hohermut von Speyer y Philipp von Hutten, quienes se adentraron en la cuenca occidental del Orinoco, los Llanos y la cordillera de los Andes llegando, en el caso de Federmann, hasta la planicie de Santa Fe de Bogotá.

El Dorado representaba el principal interés de la familia Welser, así como encontrar el Mar del Sur, pero tanto el esfuerzo como los recursos invertidos en estos objetivos no dieron su fruto, aunque sí señalaron el camino para la futura conquista del territorio venezolano. Tras los reiterados intentos poco exitosos de los gobernadores enviados por los Welser para establecer un gobierno estable en sus territorios, el descontento de los castellanos que habitaban Coro y acusaciones de diversa índole, el Consejo de Indias retiró la concesión a los Welser en 1546 por incumplimiento del contrato de arrendamiento, donde se incluía la fundación de varias ciudades y fuertes, y la obligatoriedad de extender el cristianismo entre los indígenas. También en ello puede haber influido el hecho de su posición ambigua en el ámbito religioso, siendo sospechosos de apoyar al movimiento luterano en Augsburgo, lo cual les hizo ganar muchos enemigos en la corte y deterioró sus relaciones con los Habsburgo. En 1556, con la quiebra del Tesoro Español decretada por Felipe II, que afectó también a los Fugger, pero en mayor medida a los Welser y a los genoveses, se inició un rápido declive de las actividades financieras de la familia. En 1614, tras una decadencia provocada también por la Guerra de los Treinta Años, fue declarada de forma abrupta la quiebra de la Casa Welser, siendo Matías Welser encarcelado y perdiéndose el rastro de sus archivos.

La decadencia de los Fugger, aún siendo dura, no tuvo ese carácter tan brusco, y se tradujo más bien en la retirada de los descendientes de la familia hacia un estilo de vida más aristocrático de propietarios latifundistas en su país de origen.

 

España a la sombra de Alemania

Queda claro que el reinado de Carlos V estaba sometido al poder económico de estas dos grandes dinastías de banqueros de Augsburgo, aunque también los de Amberes obtuvieron parte del botín del Nuevo Mundo (los ingenios azucareros de Brasil bajo el poder de los Schetz, por ejemplo). La gestión de todas las finanzas imperiales, la fuente de sus ingresos, las deudas y despilfarros forman parte más bien de la historia de la economía en España más que de lo que nos ocupa en este boletín, sin embargo, la presencia de los precursores del capitalismo en el movido siglo XVI no puede separarse de la historia del continente americano.

Otras oportunidades habrá de comentar su influencia en la trata de esclavos y posteriormente, en las guerras de independencia. De momento nos quedamos con la evidencia de que, pasen los siglos que pasen, la sombra de los fúcares, los belzares y poniéndole un poco de humor, los mérkeles es muy alargada.