Cien años frente a los temporales

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La construcción del paseo del Muro terminó en 1914 y durante ese siglo tuvo que ser sometido a varias obras para arreglar los daños sufridos

09.03.14 - 00:31 -

MARCO MENÉNDEZ |

 

Lo mismo que la mar le ha dado mucho a Gijón, también ha sido un importante foco de problemas. A mediados del siglo XIX, los arenales del Este llegaban hasta cerca de Begoña y fue entonces cuando se comenzó a sopesar la posibilidad de construir una defensa que resguardara a la villa no solo de la fuerza del viento y de la mar, sino de las arenas que se colaban en un Gijón totalmente desprotegido. Hay que tener en cuenta que en aquel entonces solo existía el llamado paredón de San Pedro, construido entre los años 1778 y 1782 en lo que hoy es el Campo Valdés .

Hubo que esperar hasta 1782, cuando Jovellanos propusiera el primer proyecto para construir un muro que, en principio, llegaría a lo que ahora es la zona de La Escalerona. No obstante, aunque mucho más tarde se construyó el conocido muro de La Garita, no fue hasta comienzos del siglo XX cuando se acometió el paseo que conocemos en la actualidad. En concreto, su finalización con la unión con el puente del Piles acabó en 1914. Cumple así un siglo defendiendo a la ciudad de los temporales.

Como en tantas otras cosas relacionadas con la ciudad, la figura de Gaspar Melchor de Jovellanos fue clave. En 1782 propuso la recuperación del paredón de San Lorenzo, llegando hasta la zona actual de La Escalerona, con un muro perimetral que se extendiera hacia Begoña y la Puerta de la Villa. De esa forma pretendía defender Gijón del mar y del avance de las arenas. Ese se puede considerar el inicio de lo que hoy conocemos como paseo del Muro de San Lorenzo.

El paredón jovellanista sería construido, pero casi un siglo después surgieron las primeras ideas para aprovechar el inmenso arenal al oriente de la villa. El plano de urbanización elaborado por el arquitecto municipal Lucas María Palacio sería aprobado en 1853, pero el primero en presentar su proyecto fue Anselmo Cifuentes, que en 1854 pretendía rellenar parte de la playa. Pero fracasó. La idea fue bien vista por otros emprendedores y ese mismo año Félix Valdés de los Ríos -después, marqués de Casa Valdés- consiguió hacerse con 36,5 hectáreas del arenal, mientras que Romualdo Alvargonzález se hizo con otras 8,4 hectáreas.

Sea como fuere, Gijón poco podía hacer para realizar esas obras al estar declarada la villa como plaza fuerte, debido a la guerra carlista. El Estado dio por terminada esa declaración en 1877 y el muro, que entonces llegaba hasta La Garita, ya necesitaba de reparaciones. Incluso, en 1883 se realizaron algunas construcciones de defensa hasta el inicio de la calle de Ezcurdia, en la actual escalera 5.

Inicio del diseño

El primer proyecto serio de construir un muro hasta el río Piles se le debe a Rodolfo Ibáñez, en 1889. Eran 845 metros con una gran curvatura que seguía la línea de las pleamares vivas. Construyendo el puente sobre el río Piles se llegaba a los 1.100 metros. Se trataba de edificar un paredón de mampostería ordinaria hidráulica, de cuatro metros de alto y dos de ancho y solo uno en la coronación. Habría una rampa a su inicio y escaleras en la desembocadura de cada calle proyectada en la urbanización del arenal. Esta es la época, además, en la que se replantea la obra y se marcan las propiedades de la primera línea de playa.

Una modificación del proyecto que a la postre resultaría fundamental fue la acometida en 1897, cuando se decidió que el muro fuera recto desde la calle de Eladio Carreño hasta el Piles, ganado 15 metros más de playa sobre el proyecto original y, por tanto, resultando más rentable para los propietarios del arenal.

El proyecto definitivo fue elaborado en 1905 por Bonifacio G. Echevarría. Era un muro de 1.179,46 metros de longitud, con dos rampas y ocho escaleras. El presupuesto era de 2.343.732 pesetas. Al año siguiente, el Estado aprueba el proyecto.

Comienzan las obras

En 1907 se subastan las obras y las gana Manuel Sánchez Dindurra, que comienza los trabajos de construcción. No obstante, avanzó muy lentamente hasta 1911, debido a los continuos daños ocasionados por la mar.

En estos trabajos, se empleaban a 60 operarios para colocar 50 metros de solera de hormigón hidráulico, además de una cornisa de 1,5 metros de mampostería. A continuación, se rellenaba esa obra realizada con tierra traída de El Coto. Con esa técnica se concluyó el paseo del Muro en 1914, si bien al año siguiente se colocó la balaustrada, se acometió el terraplenado de la avenida de Rufo Rendueles y el Estado construyó el puente sobre el río Piles. Incluso, en 1916 hubo que arreglar reasentamientos del terreno y otros desperfectos y fue este año cuando el Ayuntamiento recibió la obra.

Actuaciones importantes en los años posteriores fueron la construcción de La Escalerona, en 1933; la prolongación del paseo en 500 metros hasta los merenderos, con la construcción de un balneario en El Tostaderu, en 1950; la remodelación del paseo, pasando de 17 a 9 los metros destinados a los peatones y la construcción de pérgolas de hormigón armado con bar y servicios, en 1955, y la última remodelación del Muro, en 1992.

Muchos temporales y daños

Uno de los primeros temporales de los que se tiene constancia escrita y que hayan causado grandes daños en Gijón ocurrió en 1750. En aquella ocasión fue el muelle viejo el que sufrió las consecuencias. Pero es que el paseo del Muro tuvo que hacer frente a muchos temporales marítimos y no pocos desperfectos. Uno de los más virulentos tuvo lugar en marzo de 1935, cuando fue necesario acometer la primera gran reparación millonaria. Pero la mar volvió a golpear la costa gijonesa en numerosas ocasiones. Muy espectaculares fueron los daños ocasionados en mayo de 1950, en febrero de 1957 -cuando se llegó a registrar incluso un fallecido- o en marzo de 1965.

Más reciente fue la destrucción total de la escalera 5, en abril de 1979, o el gran boquete abierto en la pared del muro entre las escaleras 4 -La Escalerona- y 5, que produjo un gran socavón en el paseo, en febrero de 1980. Mucho más cercanos en el tiempo fueron otros temporales con destrozos menores; al menos media docena desde 1990 hasta 2011, con la rotura de barandillas, balaustradas de piedra, peldaños de escaleras o baldosas del paseo.