Vecinos y dedicaciones del Corcubión medieval

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El Censo Real de 1857 permite una visión aproximada de la población y ocupaciones

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La población de Corcubión seguramente fue bastante constante durante los siglos medievales que recorremos, con pequeños crecimientos vegetativos anuales, con mucha natalidad y también con mucha mortalidad infantil y adulta, afectada por los desastrosos efectos de las crisis de hambre y de epidemias frecuentes, así como un constante fenómeno migratorio a otras zonas geográficas. Como durante la Baja Edad Media no existieron cómputos de población en Galicia, el más próximo a esa época fue el Censo Real de 1587, que nos permite una visión aproximada del número de vecinos de Corcubión y su dedicación y actividades económicas desarrolladas en la localidad.

Cogiendo sus datos con la prevención necesaria por su carácter fiscal, cien años después de acabar oficialmente la época medieval Corcubión tenía 128 vecinos -lo que supone alrededor de 500 habitantes-, apareciendo apellidos como: Alborés, Amarelle (el escribano y labrador Iván de Amarelle), Da Area (Areas?); Caamaño, Canosa, Lastres, Lorenzo, Márquez, Moreira, Mosquera, Nemiña, Pequeño, Ponte, Redonda, Rojo, Senande, Senra, Varela, Vidal, Yáñez..., residiendo también en el último tercio del siglo XV, y por tanto en la época medieval, un tal Fernán Álvarez.

A últimos de ese mismo siglo residía el hidalgo Antón Graíño. Y en San Pedro de Redonda había 10 vecinos -unos 40 habitantes-, representando el 7,8 por ciento del total municipal.

La dedicación mayoritaria de los vecinos de la villa en aquel entonces era la pesca, tres labriegos, dos zapateros, un herrero -fabricaba solamente instrumentos de labranza groseros: herraduras, guadañas, azadoras, hierros de arados, hoces..., y cuchillería corriente-; una mujer con una tienda de galletas, alfileres y papel y un carnicero que sacrificaba cada semana dos carneros y a veces un cerdo y dos o tres vacas al año, principalmente por las fiestas. Tres marineros trataban también el comercio del vino que importaban de Muros o de Noia, consumiéndose entre 12 y 15 pipas al año -seguramente do Ribeiro, aunque también de La Rioja-, desplazándose algunos vecinos a Bilbao para comprar cáñamo, brea y otros productos para sí y para otros convecinos, importándose anualmente de 2 a 8 quintales métricos. Había asimismo tres marineros que negociaban con pescado; y un escribano y labrador: Iván de la Amarelle. En 1597 todo el municipio corcubionés producía un promedio anual de 55 cargas de pan, unos 660 ferrados, cultivándose centeno, trigo, berzas, nabizas, guisantes...

En Redonda se ocupaban exclusivamente en las tareas del campo. En esa parroquia había 40 cabezas de ganado mayor y otros 50 de ganado menor -ovejas y carneros-, vendiéndose en ferias desplazándose a Santiago, Padrón y aún más lejos... La vida del campesinado, por tanto, era dura, de la cosecha tenía que descontar una parte para la simiente del año próximo, otra para pagar la renta foral y aún otra para el diezmo del clero, quedando para su consumo entre un tercio y la mitad de lo recogido, y, por encima, tenía que pagar aún los derechos señoriales, los impuestos del Rey y el llamado Voto de Santiago que percibía el Cabildo compostelano, consistente en las dos parroquias de Corcubión en medio ferrado de centeno al año por cada vecino labriego.

A todos los vecinos señalados se deben sumar en la segunda mitad del siglo XV el Administrador de rentas del conde de Altamira; los dos procuradores de causas, y el, o/los sacerdotes y prebisteros que sumaban entre seis y ocho en total, y que no aparecen en el Censo Real por no estar sujetos a los impuestos del rey. Creemos que los llamados «nobles» de Corcubión podrían representar algo menos del 10 % de la población: por tanto, bastante menos que 10 o 12 vecinos.

En los datos que figuran en este Censo Real, en Corcubión había marineros-pescadores y casi nula representación de las restantes actividades. La población consumía sobre todo pescado y las actividades pesqueras definían económicamente la villa: la inmensa mayoría de la población activa se ocupaba en las labores pesqueras, al igual que en las demás poblaciones del litoral de la Costa da Morte: Cee, Fisterra, Muros, Muxía, Camariñas, Laxe... En este censo que comentamos no se habla de la existencia de mareantes, de canteros, de albañiles, de carpinteros, de calafates, de plateros, de sastres, de cesteiros, oleiros, orfebres y barberos u otros artesanos, ni de médicos ni cirujanos ni arrieros, ni tratantes de encajes, boticarios, militares o panaderos, pues todos los que figuran en el censo desarrollan ocupaciones primarias, con una marcada inexistencia de artesanos y comerciantes, nada que ver con los datos registrados poco menos de dos siglos más tarde, ya en la Edad Moderna o Antiguo Régimen, reflejados en el Catastro de Ensenada.

En cuanto a número de vecinos, existe un documento de 1533 que indica que en Corcubión residían 46 vecinos -que podrían elevarse a alrededor 60-65 si sumamos hidalgos y clérigos o eclesiásticos-, lo que representarían a unos 240 a 260 habitantes. También, en 1550 el Licenciado Molina dejó constancia de que «la villa de Corcubión se compone de 200 vecinos», redondeándolos, lo que en principio podrían confundirse con el número de habitantes, repitiéndose este mismo número en 1571, incluidos hidalgos y eclesiásticos. Y en un censo de los Obispos de 1587 aparecen en Corcubión 128 vecinos, lo que nos lleva a desconfiar de los datos declarados en 1550 y 1571. En 37 o en 16 años no podría haber sufrido una disminución de 72 vecinos -unos 300 habitantes menos-, con independencia de la peste sufrida en 1570 que ya debería reflejarse quizás en el censo de 1571. En 1591 aparece Corcubión con 70 vecinos pecheros o contribuyentes, los que pagaban impuestos al rey, sin incluir ni a los hidalgos, ni a los eclesiásticos, ni a los pobres ni a las viudas. En total, incluidos estos últimos, los vecinos de Corcubión podrían ascender a los 110-120 vecinos, representando a unos 450-500 habitantes. La evolución de 1533 a 1591, censos fiscales los dos, es positiva en 24 vecinos, esto es, un 52 % de incremento en 48 años y unos 100-120 habitantes más, aproximadamente. En la visita realizada por el Cardenal Gerónimo del Hoyo entre los años 1607 y 1620, Corcubión tenía 120 feligreses, todos gentes de mar. Redonda, por su parte, tenía 6 vecinos, como San Andrés de Canle.

Sin duda, todas estas fuentes son parciales por su objetivo fiscal, y no muy fiables, pero es la única referencia a la que acudir para hacernos una composición de lugar.