Una planta peligrosa

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En el interior de la ría de Ferrol, en medio de una zona densamente poblada y justo enfrente del arsenal de la Marina de Guerra, se están iniciando las obras previas a la construcción de una planta de regasificación que acabará por constituir un serio peligro para la seguridad de la propia base militar y para los miles de personas que habitan en aquella comarca, en el caso de que llegase a entrar en funcionamiento. He leído varios informes de expertos muy cualificados y todos coinciden en señalar que un accidente fortuito, un sabotaje, o un ataque terrorista contra las propias instalaciones o contra cualquiera de los gigantescos buques que han de servirla, podrían provocar una catástrofe de proporciones dantescas. Los escenarios que se contemplan -de darse alguno de esos supuestos- son estremecedores y van desde la rápida extensión de una nube de gas asfixiante hasta la aparición de una especie de tornado de fuego errático e incontrolable, sin descartar la posibilidad de que se produzca una gigantesca explosión. Por otra parte, la circunstancia de tener la ría una estrecha y larga embocadura, fuertes corrientes, vientos dominantes contrarios y aguas poco profundas en determinadas zonas hace especialmente difícil la maniobrabilidad de los gigantescos buques gaseros. En una situación de emergencia, un barco de esas características, con algo menos de 140.000 toneladas de desplazamiento, lo tendría muy difícil para salir rápidamente hacia mar abierto, y menos si se da la circunstancia desdichada de que en ese momento haya marea baja o fuertes rachas de viento. Los gaseros tienen mucha arboladura y relativamente poco calado y ofrecen una enorme superficie al embate del aire. Aun no hace muchos años, un gasero a la deriva frente a la costa atlántica de Muxía causó una gran alarma porque fue arrastrado por el viento hacia las rocas ante la impotencia de manejar aquella "vela" de proporciones colosales. Por todas esas razones, y algunas más (la planta esta situada en la ruta de aproximación a un aeropuerto cercano), los informes técnicos y la prudencia habían desaconsejado la instalación en ese lugar y se sugería en cambio otro muy próximo, como es el puerto que se esta construyendo en el exterior de la ría, que además goza de una barrera natural protectora. Pero, circunstancias misteriosas -al menos para nosotros- han conseguido cambiar el rumbo de los acontecimientos y, si Europa, el nuevo Gobierno o la presión social no lo remedian, el criterio demencial se habrá impuesto, una vez más, al racional. ¿Cómo se puede entender que una inicial concesión de dominio público portuario para la fabricación de colas y resinas otorgada a nombre de Forestal Atlántico, se haya podido convertir en una concesión para albergar una planta de gas? Ya lo dije en una ocasión anterior. Es como si solicitas una concesión para un parque de cultivo de almejas y acabas por construir en ese terreno una fabrica de cañones. La inmensa mayoría de los medios de comunicación no dice nada y las autoridades civiles y militares que pusieron objeciones fueron oportunamente destituidas. Asombroso.