CONTROLAR AL PODER


 

Cap. Alfredo Conde

HOY, cuando los antiguos capitanes de la marina mercante parece ser que se llaman doctores en ciencias del mar, o algo así, no se cómo serán llamados los alumnos de Náutica. Hace muchos años, cuando yo era uno de ellos, íbamos a realizar prácticas a bordo de un remolcador que, entre otros, ayudaba a atracar a los grandes petroleros que venían a

La Coruña. Cuando tal oportunidad tenía lugar, debíamos apagar nuestros cigarrillos antes de acercarnos a doscientos metros del buque en cuestión.

Era una norma de obligado cumplimiento, consecuencia de la boina de gases que acompañaba al barco. Excuso advertir que la cumplíamos. A bordo, la tripulación disponía de lugares con estanqueidad idónea para poder fumar. Sin embargo, a menos de doscientos metros de los grandes depósitos de combustible circulaban peatones que fumaban y automóviles movidos por motores de explosión sin que el enorme peligro fuese debidamente conjurado. No pasó nunca nada, pero ¿se imaginan lo que hubiese sucedido de incendiarse uno de aquellos depósitos? 

En Pontevedra nos pasamos la vida protestando contra la fábrica de Celulosas, no sin razón, por cierto. El mercurio y el mal de Minhamata eran lo suficientemente conocidos como para que las protestas respondiesen a una preocupación real. Lo era. La presencia de mercurio en las aguas de la ría era un problema cierto. Sin embargo, apenas protestábamos por la fábrica adyacente, productora de gas cloro, que hacía transitar por la ciudad de Pontevedra camiones y camiones cisterna ocupados por el citado gas, de efectos tan terribles como los sufridos durante la Primera Guerra Mundial. ¿Qué hubiese sucedido si estallase uno de aquellos camiones? ¿Qué de estallar la fábrica merced a un atentado terrorista? Nunca pasó nada, pero y si pasa, porque creo que la fábrica sigue ahí.

 

En Ferrol atracan barcos llenos de gas sin que nadie parezca ser consciente del peligro que supone. Hasta ahora nunca pasó nada. ¿Y si pasa? El otro día leí un artículo sobre lo que significa esa presencia de los gaseros en la ría de Ferrol y amén de solvente me pareció estremecedor. La pregunta terrible es la de por qué y quién y cómo y por qué se autorizó una realidad así construida cuando en todos los demás lugares del mundo en donde existen equivalentes, los muelles de atraque están en islas artificiales a fin de disminuir o eliminar, en su caso, el peligro latente que tal presencia supone.

 

La reciente catástrofe de origen natural padecida por los japoneses debiera obligarnos a una reflexión amplia y profunda sobre el tema sin limitarnos a las centrales nucleares. Ignoro si estaremos a la altura de las circunstancias y si los políticos serán capaces, por una vez, de ponerle el cascabel al gato. Sé que la ciudadanía debiera estar siempre atenta a controlar al poder, creo que no será capaz de hacerlo, ni siquiera viendo lo que estamos viendo. Ojalá que no venga la naturaleza a espabilarnos, recordándonos lo que somos.

 

El Cap. Alfredo Conde es escritor. Premio Nadal y Nacional de Literatura