La Marina Civil no debe quedar al margen del progreso democrático

1 de mayo de 2024

El presidente Pedro Sánchez ha vuelto sin haberse ido, se ha sucedido a sí mismo, dejando un espacio de cinco días para pensar e invitar a la sociedad española a reflexionar sobre el áspero clima de convivencia que se respira, no solo en el Parlamento español, sino en todos ámbitos de actividad pública y privada.

Desde hace años las grandes fortunas trazan el rumbo de sociedad de nuestro tiempo. Davos se ha convertido en un selecto escaparate del cinismo a nivel mundial. La finalidad de Davos es en teoría mejorar el mundo, pero la realidad es que quienes dominan aquel escenario son los mismos que contemplan impertérritos como desde 2020 hay cinco mil millones de personas que se han empobrecido mientras las cinco personas económicamente más ricas del planeta han duplicado sus fortunas y éstas crecen a un ritmo de 14 millones de dólares por hora. Esta realidad, como los poliedros, tiene otras muchas caras: Guerras, pandemias, pateras, avance de las hordas de extrema derecha, presidentes golpistas, privatizaciones, medios basura, mordazas, represión, fascismo “democrático”, corrupción, adulteración de la justicia, desequilibrio fiscal, instrumentalización de la religión, manipulación electoral, inteligencia artificial que se alimenta de datos sesgados, drogas, prostitución, etc.

En definitiva, un orden social basado en la desigualdad, en la validación de métodos delictivos de enriquecimiento, en la falsedad, la corrupción y la degeneración de los sistemas democráticos.  

Pero siendo esa la atmósfera que se respira, nuestro interés se centra en evitar lo que parece inevitable: la muerte por degradación, indiferencia y asfixia institucional de la Marina Civil. El panorama actual es el fruto de años de despropósitos, frivolidades, reformas abortadas, militarismos navales, ocurrencias, corrupciones, adulteraciones consentidas, y políticas aberrantes amparadas por un bipartidismo carente de conciencia marítima que ha llevado a la Marina Civil al esperpento actual.

Se requeriría todo un tratado para analizar detalladamente, no solo el estado actual del sector marítimo español y el de los subsectores dependientes, sino el de sus graves resultados para el interés general. Sería necesario cuantificar y analizar el déficit económico que genera el actual estado de la Marina Civil. Como es evidente, un estudio de semejante alcance requiere otro marco y movilizar unos recursos que exceden por completo de nuestros medios. Lo que sí es cierto es que, un gobierno progresista no podrá legitimar tal calificativo mientras siga sin reconocer con el rango legal requerido la existencia de la Marina Civil. Es más necesario que nunca que el Gobierno redacte, apruebe, tramite y se promulgue la Ley de Marina Civil. Una ley que lleva más de 40 años de retraso. Un texto legal que ponga definitivamente fin a la tutela militarista impuesta por la monarquía borbónica y el fascismo, que dio el golpe de Estado contra la segunda República; una República que ya en el año 1932 había creado la Subsecretaría de la Marina Civil.

A principios del siglo XVIII la monarquía borbónica inició el proceso de creación de la Armada española, a modo de franquicia de la Marina militar francesa. La derrota de Trafalgar y otras anteriores y posteriores vinieron a confirmar el fracaso marítimo de aquella marina diseñada con espíritu elitista y vocación terrícola y burocrática; un modelo muy diferente al inglés, de mayor proyección hacia la navegación y mayor respeto por el marino profesional. Trafalgar vino a rubricar el fracaso del modelo afrancesado. Sin embargo, la Marina Civil española ha permanecido desde entonces - salvo breves paréntesis efímeros- bajo la absurda tutela y el menosprecio de la Marina de Guerra, que ha impedido el desarrollo y la consolidación de una Marina Civil en consonancia con la evolución económica, política y social de España.

La penosa situación en la que se encuentra la Marina Civil Española actualmente es en gran medida fruto de la influencia de las políticas impuestas en su momento por la Monarquía Española y por su marina militar, especialmente bajo la dictadura franquista. El proceso de desmilitarización y modernización iniciado en los años 80 pronto sería abortado por la vigente Ley de Puertos y Marina Mercante, cuyos efectos reales son cada día más evidentes.

Durante el último gobierno de Rajoy se culminó el destrozo de la decadente Marina Civil.

Es evidente: progreso y legado fascista no son compatibles.

Esperemos que Pedro Sánchez y los partidos progresistas lo entiendan y actúen en consecuencia. La Marina Mercante no merece seguir en seco. Degradarla más aún sería de irresponsables.

Corona y Armada también deberían pronunciarse con claridad sobre este asunto.

España es un país rodeado de mar, pero políticamente alejado de la realidad marítima. Esta situación es una ruina para España.