Militarismo, Salvamento y migración

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 MILITARISMO

La apuesta por Frontex supone, además de no ahorrar ni una sola muerte, ahogar a Salvamento Marítimo (único cuerpo de rescate civil del mundo de estas características) en favor de otro, militarizado y menos eficiente, la Guardia Civil del mar



Una lancha de Salvamento marítimo en plena mar. Al fondo, una patera (año 2021)



Ismael Furió

Empleado de SASEMAR

Macarena Amores García.

Periodista



28 de mayo de 2021



Debido a la apuesta militar de la Unión Europea en la Frontera Sur, la peligrosidad de sus distintas rutas ha aumentado y se han creado otros escenarios. La presencia militar en el mar de Alborán y en el estrecho de Gibraltar, con una extensión aproximada de diez millas, ha abierto otras rutas mucho más largas, como la ruta del Atlántico o la del Levante. Estas rutas son más peligrosas porque las personas que se internan en ellas para llegar hasta Europa necesitan más días para lograrlo, y por lo tanto están más tiempo expuestas a otros factores, como la falta de víveres o las condiciones meteorológicas de cada momento. Debido al incumplimiento del Gobierno español para crearlas, la ausencia de vías seguras para las personas que deciden abandonar sus territorios de origen influye en que estos itinerarios migratorios sean más mortíferos. Solo en el último año, y según un informe que hacía público la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía hace pocas semanas, más de 1.700 personas migrantes habían perdido la vida en la ruta canaria, sin contar el número de personas desaparecidas y muertas en otras vías de la Frontera Sur española.

Las políticas migratorias de Europa, asumidas por España como Estado miembro, pretenden que Frontex ‒la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas‒ monopolice el salvamento marítimo. Esto traería graves consecuencias, tanto para quienes realizan la labor de rescate de forma profesional como para quienes puedan sufrir en algún momento algún percance en la mar, sin olvidarnos de la deriva que tendrá este servicio, –el único de carácter público y civil en el mundo‒, en nuestro país hasta el punto de llegar a desaparecer. Y no es algo nuevo. Sus trabajadores llevaban avisándolo años.

Que Frontex monopolice el salvamento marítimo traería graves consecuencias tanto para quienes realizan la labor de rescate de forma profesional como para las personas rescatadas

La tendencia que venimos notando en el Estado español es la misma que están adoptando los gobernantes de otros países de la UE, y está basada en un modelo donde se realiza una clara apuesta por la dotación, de todo tipo de medios humanos y materiales, para Frontex. Este organismo, a su vez, va implantando su gestión en cada país fronterizo poco a poco, casi sin darnos cuenta, a través de colaboradores necesarios, como en nuestro caso sería la Guardia Civil del mar (SEMAR). La colaboración con organismos institucionales al servicio de las políticas de sus creadores es la razón de ser de Frontex en estos momentos: “ayudar a quienes ayudan”.

Esta preferencia la podemos comprobar con ejemplos claros en nuestro país. Pero los enormes gastos destinados a la militarización de la Frontera Sur por parte de España están sirviendo de poco o nada. El número de muertes y/o desapariciones se mantiene siempre en una misma horquilla, y el número de llegadas de personas migrantes a bordo de embarcaciones precarias ha aumentado en el último año. Además, según datos oficiales del Ministerio de Interior que recogía Europa Press hace poco más de un mes, entre enero y marzo de 2021 un total de 3.436 personas migrantes habían logrado llegar hasta las islas Canarias. Esto significa un aumento del 117% con respecto al primer trimestre del 2020.

Desde el Gobierno español se continúa apostando por la militarización de nuestra frontera física y marítima con los países más empobrecidos

A pesar de todo esto, desde el Gobierno español (PSOE-Unidas Podemos) se continúa apostando por la militarización de nuestra frontera física y marítima con los países más empobrecidos. El Estado gasta enormes cantidades de dinero público en desarrollar medidas, al amparo de políticas migratorias represivas, que no tienen efectividad a la hora de frenar la migración. En lugar de conseguir reducir las llegadas de personas, estas medidas aumentan los riesgos de quienes continúan lanzándose al mar como última esperanza de alcanzar un futuro mejor. España ha destinado millones de euros a la adquisición de tecnología puntera, drones, cámaras de detención y videovigilancia, modernización de vallas “más altas” y con “elementos menos lesivos”, etc., como hemos podido ver en los últimos meses. Sin embargo, esta novedosa tecnología está fallando cuando comprobamos que la gente sigue logrando llegar hasta nuestras playas sin ser detectadas, pero tras haberse jugado la vida durante días de travesía en botes precarios, o que es capaz de esquivar las vallas de Ceuta y Melilla entrando al territorio nacional.

Este Gobierno recoge el testigo de otros anteriores –de derechas–apostando por el Servicio Marítimo de la Guardia Civil (SEMAR) en detrimento de Salvamento Marítimo

Los partidos políticos que conforman el Ejecutivo español continúan sin cumplir sus promesas electorales, y asumen las “recomendaciones” de la Unión Europea, el único y verdadero Gobierno. PSOE y Unidas Podemos aceptan y adoptan los mandatos supranacionales que desde Bruselas nos imponen en esta y en otras materias, y recogen el testigo de anteriores equipos de Gobierno –de derechas– apoyando y apostando por el Servicio Marítimo de la Guardia Civil (SEMAR). El despliegue económico a favor de este cuerpo militar es, con diferencia, mayor que en otros servicios públicos dedicados al salvamento marítimo y a la lucha contra la contaminación, como Salvamento Marítimo (nombre popular con que se conoce a la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima, SASEMAR). La muy manida estrategia de ir, poco a poco, abandonando a su propia suerte servicios públicos de calidad, –dejando de invertir en ellos, recortando personal–, para hacerlos ineficaces y así poder justificar luego su mal funcionamiento y posterior eliminación o externalización, es la que desde años mantienen contra SASEMAR. En Salvamento Marítimo no se producen contrataciones desde el año 2012. Las únicas que tienen lugar son puntales y temporales, fomentando la precariedad y el terrorismo patronal en este organismo. A pesar de ello, los profesionales de Salvamento Marítimo continúan realizando una labor imprescindible en un ente que cuenta con una trayectoria de vida de más de 25 años. Las plantillas de SASEMAR se encargan o son responsables de los rescates de seres humanos en nuestras aguas en el 95% de las veces. Pero la prensa generalista, cuyo papel ha sido determinante en esta cuestión, se ha encargado de que, precisamente, las imágenes que quedan en esos breves segundos antes de la sección deportiva de cada telediario sean las de los agentes de la Guardia Civil del mar bajando de la patrullera a las personas migrantes en el muelle de turno. Si bien es cierto que a veces han auxiliado a embarcaciones en apuros, también lo es que cuando Salvamento Marítimo ha rescatado una patera con migrantes la labor de la Benemérita ha consistido en encargarse de trasladar a estas personas hasta el puerto mientras que las unidades de rescate de SASEMAR han continuado atendiendo más emergencias. Las plantillas de Salvamento Marítimo son las primeras en llegar hasta el lugar en el que se necesita ayuda. Son estos profesionales los que soportan la tensión y una sobrecarga de trabajo mayor, y además también están expuestos a una presión social, alentada en la mayoría de los casos por medios de comunicación al servicio de sectores y grupos reaccionarios y de extrema derecha, quienes acusan sin conocimiento de causa a estos profesionales, difamándolos, denigrándoles e insultándoles.

Creemos que la intención que hay detrás de todo esto, es que al igual que las Comunidades Autónomas van “desplazando” el “problema” migratorio de unas a otras, lo que persigue el Estado español, con PSOE y Unidas Podemos al frente del Gobierno del mismo, es que el fenómeno migratorio y las rutas que utilizan las personas para desplazarse, también se muevan poco a poco, y que la gente empiece a venir por otros puntos de la península ibérica, como Portugal. Cuando esto ocurra, el problema ya será de “otros” y no “nuestro”.

Frontex culminará un muro tan potente, tan perfectamente justificado (políticas, empresas, gobernantes, empresas mediáticas, colectivos sociales, etc.), que costará muchísimo derribar.

Frontex, al servicio de los intereses de la Unión Europea, trabaja en la construcción de una potente fortaleza en el sur de este continente, cuyo fin es lograr que las rutas migratorias vuelvan a su origen, a itinerarios utilizados por la Humanidad en la antigüedad. Para ello, los Gobiernos se esfuerzan en convertir “la frontera sur europea en la frontera norteafricana”, desplazando hasta ese punto el “problema” migratorio gracias a la externalización del control y la represión hacia estas personas. De ahí las grandes cantidades en inversiones en material con dinero público para Marruecos y otros países desde donde estas personas provienen mayoritariamente.

Afirmamos que existe una doble valla: la física en Argelia o Marruecos, o en cualquiera de estos territorios, determinada por la propia frontera física entre países, y la valla psicológica compuesta por militares y cuerpos represivos al otro lado de los muros y alambradas. Si nada lo impide, Frontex culminará un muro tan potente, tan perfectamente justificado (políticas, empresas, gobernantes, empresas mediáticas, colectivos sociales, etc.), que costará muchísimo –por no decir que será imposible–, derribar.