La militarización de la Marina civil no es la solución que necesita este sector

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CÁNDIDO GONZÁLEZ CARNERO



09 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde principios y mediados de los años 80, no se producía en nuestro país tanta conflictividad social. No hay ni un solo sector que no pase por algún tipo de dificultad, que pone en riesgo su futuro y todo ello por la falta de alternativas políticas que se vienen arrastrando desde muchos años, agravadas ahora tras el inicio de la pandemia.

Hoy quiero hacer referencia a otro de los sectores básicos para nuestra economía, que parece que no existe, como es el marítimo, pesca y marina civil. También pasan por serias dificultades, sin que desde las instituciones políticas se esté interviniendo de forma responsable, para dar soluciones a los graves problemas, que no son pocos, estando muy amenazada su supervivencia.

La española, especialmente la artesanal, hace décadas que está perdiendo unidades y en consecuencia hay menos pescadores. Las políticas del bipartidismo han sido muy irresponsables en esta materia. El neoliberalismo, activo o camuflado, es tolerante con la contaminación marina y con el esquilme de caladeros, propiciando la devastación en las zonas de desove.

El nivel de deterioro del sector pesquero en su conjunto es de tal calibre que a pesar de que la flota y los pescadores han sufrido una gran pérdida de efectivos, los accidentes y las lesiones siguen alcanzando índices intolerables. El abandono de la actividad o el rechazo por parte de los jóvenes a trabajar a bordo, va en progreso. La sustitución de españoles por pescadores de países pobres, con dificultades de idioma y formación no siempre homologables, contribuye a la siniestralidad en la pesca.

La reducción de tripulaciones realizada en la etapa de Rajoy ha sido de pura temeridad y está teniendo consecuencias serias para los pescadores, aunque, no se establezca oficialmente la relación entre reducciones de tripulación y los accidentes, pero la siniestralidad y las estadísticas confirman el descalabro. Muertes y accidentes se suceden y se entremezclan. La pesca se convierte en muchos casos en un sector laboral de actividad marginal, pero el Estado no se entera o no se siente concernido por ello. Y cuando llega la tragedia, todo se queda en funerales y pésames nutridos de autoridades, pero nada más.

Y como remate, el sistema se lava la cara con investigaciones a base de fluida literatura tecno burocrática absolutamente hipócrita y cínica. Los culpables siempre resultan ser los mismos, las víctimas de un sistema viciado y cada día más desprofesionalizado. Los principales promotores del actual modelo pesquero parecen gozar de impunidad, y por el contrario se responsabiliza a quienes navegan, que pueden cometer errores o irregularidades, pero su responsabilidad siempre debería ser ponderada y matizada teniendo en cuenta las características del modelo impuesto. No cabe duda que quienes pagan las más graves consecuencias son las víctimas, sus familias y descendientes de unas condiciones lamentables de trabajo precariedad y continuos accidentes.

Las causas de la alta siniestralidad pesquera

Cuando surge el naufragio, no faltan los protagonistas vanidosos dispuestos a señalar como causas principales de los mismos las deficiencias del sistema de alarmas y comunicaciones, que siendo importantes, son generalmente secundarias, en ningún caso deben desplazar o sustituir a las causas principales de los accidentes.

Diseño deficiente en la construcción de los buques, las reformas introducidas vía chapuza para tratar de corregir deficiencias de diseño, mandos sin titulación adecuada, tripulantes con certificados obtenidos por vías o procesos insuficientes, equipamientos que no se corresponden con las exigencias propias de la actividad pesquera específica, drásticas reducciones de tripulación, exceso de horas de trabajo y fatiga de navegación, inspecciones técnicas tolerantes o fraudulentas, despachos para hacerse a la mar o exclusivamente burocráticos, cierta temeridad en las faenas de pesca, maniobras de gobierno arriesgadas, deficiencias en sistema de control y comunicaciones.

En cuanto a SASEMAR, en pleno proceso de degeneración progresivo por deficiente gestión política, intrusismo profesional en la dirección de las operaciones de salvamento, devaluación de las misiones de los centros de control de tráfico marítimo, informes de investigación tecno burocratizada y sesgada, y en definitiva un marco inadecuado de gestión de la Marina Civil.

La mar es un escenario incomparable

La mar es un escenario abierto, accesible a todo el que quiera y pueda adentrarse en él, pero en determinadas circunstancias la mar es exigente al máximo, y se convierte en un espacio de actividad no apto solo para aficionados, y como ocurre en otros campos de actividad humana, exige un alto grado de profesionalidad y de experiencia, no basta ni con el anhelo ni con las estrellas. En la mar los auténticos profesionales corren el riesgo de fracasar, pero los profanos son la garantía del fracaso y de sus trágicas consecuencias.

La militarización no resuelve esta situación

El artículo 8 de la vigente Constitución Española establece: 1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. 2. Una ley orgánica regulará las bases de la organización militar conforme a los principios de la presente Constitución.

Así pues, la Constitución atribuye con claridad las competencias y funciones de las Fuerzas Armada y esa debería ser la referencia y el límite entre lo civil y lo militar. En España no existen razones para considerar las operaciones de búsqueda, salvamento y rescate en la mar deban de estar en manos de personas carentes de un bagaje náutico acreditado por una titulación superior y una experiencia profesional.

No hay argumentos racionales para acreditar que las operaciones SAR resultan más eficaces cuando son dirigidas por militares o por navales, más bien todo lo contrario, ya que existe un historial  más que suficiente para refutar las supuestas excelencias del militarismo naval: Urquiola, Marbel, Casón, Castillo de Salas, Prestige, etc., son solo algunos de los numerosos desastres registrados en nuestras costas, además de los ya referidos en el sector pesquero.

Neo franquismo y progreso, no es posible

Un gobierno progresista debería hacer un esfuerzo por sacudirse de encima cuanto antes le sea posible la herencia del modelo marítimo de talante neo franquista incapaz de dar respuesta a la degradación que sufre la Marina Civil y las costas españolas.