Don Samuel Kwesi Koufie.

AEMC

  Foto de EPE. El Presidente del Gobierno español saluda al superviviente Samuel Kwesi 

No deja de resultar paradójico que sea un marinero de piel muy distinta a la nuestra el que haya tenido que dar una lección de dignidad, de valentía, de honradez, de ser coherente con sus principios y sus creencias íntimas. Es muy elocuente que haya sido él quién haya tenido que dar la cara, hacer valer su verdad frente a los intereses indecentes de todo ese tinglado que rodea el negocio de la pesca. Una grata sorpresa.

 

A Samuel no le han acobardado ni las presiones ni el miedo -más que fundado- a perder su trabajo en la flota pesquera española para el resto de su vida. Es así. Y el lo sabe. Lo políticamente y navieramente correcto era estarse calladito, “declarar lo que tenía que declarar”; No contradecir al patrón, al uno y al otro, ese es un pecado sin posible perdón.

El secular silencio de las víctimas de los accidentes en la mar ha tenido pocas excepciones. Ahí están todavía los testigos atemorizados de algunos accidentes repletos de muertes, guardando sepulcral silencio, viendo como los hijos de sus compañeros enterrados en profunda fosa común han tenido que vivir de caridades y miserias porque el mundo de la mar ha estado y está, salvo excepciones, en manos de gentes miserables y escasas de escrúpulos, que no dudan a la hora de poner en riesgo la vida de sus trabajadores. 

Esperemos que las aportaciones de Samuel, una vez contrastadas con el rigor y las capacidades que acreditan a los jueces que han de instruir y juzgar el caso, sean útiles para avanzar en la lucha contra los abusos y as barbaridades que se cometen en la pesca, de las que no son solamente responsables los armadores y los patrones, sino toda esa tropa, con las debidas excepciones, de ideólogos tecnócratas, diseñadores, ahorradores a costa del riesgo de los tripulantes, inspectores que ponen el cazo y firman en barbecho, reformadores y reparadores "trileros", de legisladores que defienden el lucro -legítimo dentro de unos límites- frente a las condiciones dignas de vida y trabajo de los pescadores, de los caciques, de “medallistas” por méritos desconocidos, que nunca llegaron a ser profesionales de la mar porque no navegaron, de despachadores con amplias tragaderas, de “rompemares” dispuestos a poner en peligro su vida y la de sus tripulantes por heroísmos estúpidos en los que pesa más la soberbia temeraria que el buen hacer profesional.

Que la pesca sea el sector productivo con mayor índice de siniestralidad de todos los sectores productivos, no es fruto ni de una maldición divina, ni de la pura mala suerte; es sin duda fruto de todo ese cúmulo de aberraciones que van desde la formación de los gestores a las negociaciones en despachos civiles y militares, sean públicos o privados, a políticas antisociales, a la manipulación informativa, al cinismo institucional, a investigadores de pacotilla e ineptos, y a la complicidad de quienes debiendo representar a los pescadores los convierten en meros recursos de usar y tirar, y también a esa especie de conformismo y resignación de muchos pescadores indefensos ante esta avalancha de cinismo y corrupción en la que esta inmersa la sociedad de nuestro tiempo.

Respeten a los pescadores y a sus familias. Es mucho más lo que nos dan que lo que les damos. No los humillen más aún después de muertos. Hagan un esfuerzo, hagan Justicia.

Y desde esta modesta asociación vaya nuestro reconocimiento y gratitud a una persona digna del máximo respeto, Don Samuel Kwesi Koufie.