La marginación oficial de la Marina Civil

Si no estaba ya muy claro, la pandemia COVID19 ha confirmado plenamente que la navegación de buques civiles resulta esencial para que la industria, el comercio, la agricultura y la vida de las personas en todos los rincones del planeta pueda mantenerse. Así pues, resulta innegable la importancia de la Marina Civil y en consecuencia la del organismo que la regula a nivel internacional, la Organización Marítima Internacional(OMI), de la que forman parte 175 países.

Que un marino español sea elegido por mayoría absoluta como presidente del Consejo de la OMI, no debería ser una cuestión baladí, sino todo lo contrario. Sin embargo, los grandes medios de comunicación social, confirmando una vez mas el distanciamiento oficial del Estado Español de la Marina Civil y de los marinos civiles, han silenciado la noticia, y aquellos que lo han publicado a nivel local o sectorial, lo han hecho ocultando que el nuevo presidente es marino civil, Licenciado en Náutica y Transporte Marítimo.

 

España aun no ha superado realidad temporal del militarismo náutico implantado por la monarquía borbónica a principios del siglo XVIII. Y ese lastre histórico, popularizado mediante la divulgación de falsedades y la adulteración de la historia de la Marina Civil, nos ha llevado nuevamente al fracaso en la mar

 

España excluyó a la Marina Civil en la Constitución española del 78 , y remató a principios de los noventa el proceso de transición del militarismo franquista al pleno reconocimiento de la Marina Civil y de los marinos civiles. La Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante fue el instrumento proclamado para renunciar al proceso de regeneración que se había iniciado poco, cediendo a la presión de las fuerzas del franquismo remanente. El resultado de aquella estupidez política es cada día más evidente, pero ni gobierno ni oposición hacen el mínimo esfuerzo por poner fin a una aberración impropia de un país rodeado de mar y con un gran potencial marítimo. Militarizar la Marina Civil típico de las dictaduras. Seguir haciendo triunfos de las derrotas y héroes de quienes nos han llevado a fracasos históricos, es una concesión tan injusta como superflua. El problema debería invitar a la reflexión y a trazar derrotas valientes, para poner fin a un franquismo latente muy perjudicial para el interés general.