Mas muertes en aguas españolas.

El goteo de muertes en la mar no cesa. Cuando no es un naufragio es un incendio. Estas Navidades han muerto tres pescadores víctimas de un incendio de un barco ruso, el Sveaborg, atracado en el puerto de Las Palmas. 

Llueve sobre mojado. La historia vuelve a repetirse. Noes el primer pesquero ruso que arde como una tea en el puerto de Las Palmas, pero los auténticos responsables políticos no se sienten afectados por lo que ocurre en la Marina Civil. Ese es otro mundo, algo que les es ajeno. Así se explica el deterioro progresivo de los asuntos marítimos. Nuestros países vecinos han reconocido los errores cometidos hace años y han recuperado el ministerio de la Mar o de la Marina Civil. .España, por el contrario sigue atada a la nefasta Ley de Puertos y Puertos, que ha conseguido desmantelar las estructuras básicas de la Marina Civil, entregando  a los constructores de infraestructuras portuarias - las antiguas Juntas de Obras de Puertos- competencias que desbordan su capacidad de respuesta y su escasa sensibilidad náutica. Y para colmo se han prostituido las Capitanías de Puerto convirtiéndolas en meros oficinas administrativas. Al frente de muchas de ellas se ha colocado a tecnoburócratas sin experiencia náutica. Y así nos va. La Dirección General sigue en manos de un auténtico chico de los rcados, noqueado por las circunstancias, un mandado al servicio del parasitismo naval y sus oficiantes. España es actualmente en la mar un país sin honra y sin barcos, prodigo en corruptelas y despropósitos. Los puertos viven y derrochan amparados por las taifas impuestas oficialmente, la ingeniería naval ejerce misiones náuticas para las que no está preparada, La Armada sigue diciendo misa desde la sacristía, el Colegio de Marina Mercante se ha convertido en un reducto inoperante, mientras el sector marítimo en su conjunto no levanta cabeza. 

Este gobierno tan dispuesto a empuñar la caña y dar un cambio de rumbo hacia el progreso y la modernidad, en lo marítimo se muestra lejano e ignorante. Y esa aptitud es grave en un país rodeado de mar y con unos lastres cada día más pesados.

 

En los noventa, la frivolidad de unos y la ambición de otros dispuestos a ordeñar los fondos comunitarios instrumentalizando el clan del hormigón, cercenaron la posibilidad de regenerar la Marina Civil. Había que privatizar el salvamento marítimo, desmantelar grandes navieras, saldar barcos, corromper sindicatos, prostituir al COMME, repartir competencias, prodigar los escándalos de corrupción,  abrir las puertas a los sectarismos tecnopiadosos,  encarcelar capitanes, encumbrar a la burocracia del ISM,  y vender las “bondades” de una Ley de puertos, que no era ni más ni menos que una puñalada en el débil cuerpo de una Marina Civil incipiente. Inaugurado el festival del despropósito marítimo, hasta aquí hemos llegado. Y la situación es ya insostenible.

Señores del Gobierno no esperen a que nuestros mares sean pasto del caos adminisatrativo, de la incompetencia gubernamntal, del derroche portuario, de la siniestralidad desbocada y la contaminación tolerada.