La Armada Española y los presupuestos

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UNA SITUACIÓN LÍMITE

La vulnerable Armada española: adiós a los recursos para su modernización

En pleno debate por los PGE las Fuerzas Armadas dan la voz de alarma por la situación que viven desde hace años. Hace falta una modernización general, pero no aparece por ninguna parte

 

Blindado anfibio AAV-7 de la Infantería de Marina (Foto: Juanjo Fernández)

Por 

Juanjo Fernández

28/11/2020 - 16:00 Actualizado: 28/11/2020 - 17:52

 

En pleno debate por los Presupuestos Generales del Estado, la preocupación de los mandos de unas Fuerzas Armadas cada vez más carentes de recursos, aumenta por momentos. En la Armada han saltado todas las alarmas. Una serie de crisis encadenadas, recursos que hay que repartir y la sensación de poca atención por la clase política puede estar poniendo en riesgo la modernización de muchas unidades navales e incluso varias de sus capacidades actuales dejando a esta parte del ejército en una situación límite.

 

La Armada (situación parecida en los otros Ejércitos) lleva tiempo conviviendo con eso del ‘esfuerzo máximo’ y el ‘hacer más con menos’, pero el crédito se empieza a acabar. Cada vez son más los compromisos nacionales e internacionales, pero todo se hace casi con los mismos medios que en los últimos 10 o 15 años. Sin ir más lejos, el pasado 25 de noviembre, el Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada (AJEMA), almirante general Teodoro López Calderón, organizó un encuentro con periodistas especializados en Defensa y expresiones como “modernización necesaria”, “reemplazo urgente”, “antigüedad del material” y “retrasos en programas”, fueron muy repetidas a lo largo de esa mañana. Y todo apunta a que el asunto va para largo.

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Juanjo Fernández

El espinoso asunto del dinero

El tema es muy crítico y se produce por una crónica falta de los recursos necesarios. “Desde 2008 – indicaba con claridad el AJEMA – el presupuesto asignado a la Armada es insuficiente y solo alcanza para cubrir un 70% de nuestras necesidades y del sostenimiento mínimo imprescindible”. Sobre los PGE planteados por el Gobierno y la partida asignada para la Armada, afirmó que, “a diferencia de ejercicios anteriores, donde el grueso del crédito procedía de los PGE, ahora buena parte llega vía ingresos por Operaciones de Mantenimiento de Paz, algo que plantea bastantes problemas debido a los muchos condicionantes administrativos que tienen”.

 

En definitiva, otro de los grandes inconvenientes es depender de unos presupuestos cambiantes de año en año, algo que podría solucionarse con una Ley de Financiación para las Fuerzas Armadas que contemplara períodos plurianuales. Ya se hace en otros países, como Francia, y permite trabajar y sobre todo planificar con tranquilidad.

La fragata 'Álvaro de Bazán' y el buque de aprovisionamiento 'Patiño' en el puerto de Mahón. (Foto: EFE)

Para rematar el negro panorama, durante estos años y hasta el 2028, una gran partida del presupuesto concedido a la Defensa se esfuma en los pagos por devoluciones a Industria de los famosos PEA o Planes Especiales de Armamento, que consumirán en 2020 aproximadamente un 30% de toda la asignación presupuestaria de Defensa. Una asignación de unos 10.000 millones de euros (supone un incremento de un 4,6% respecto al anterior) pero basada en una previsión de ingresos del Estado sobre la que penden muchas dudas.

Necesidades y prioridades

Envejecimiento. Ese es uno de los graves problemas de la Armada que también se explica por el parón de construcción que ha tenido lugar en los últimos 8 años. En determinados cometidos como los buques hidrográficos, cuyas unidades tienen más de 40 años, la situación es dramática, pero hay más. Los retrasos acumulados en programas clave como es el de los submarinos S-80 y en las fragatas F-110, pesan sobre el resto de unidades.

 

Sobre los primeros, el AJEMA está convencido de que (salvo imprevisto) se pondrá a flote el Isaac Peral (S-81) en la primera mitad de 2021. Pero no entrará en servicio hasta 2023 y no será hasta 2027 que estén operativos los cuatro, un número que algunos analistas califican como ‘demasiado ajustado’.

Submarino S-71 Galerna (Armada Española)

Sobre las fragatas, cuando entren en servicio las F-110, las F-80 tendrán del entorno de 40 años y las F-100 (sobre todo las cuatro primeras) unos 25. Esto obliga a invertir más dinero en modernizar las primeras para asegurar su operatividad y hacer una modernización de vida media a las F-100 que, como mínimo, lleve a las primeras al estándar de la F-105.

 

La Infantería de Marina también tiene urgentes necesidades: buscar un reemplazo a sus piezas de artillería autopropulsada (ahora utiliza M-109 cedidos por el Ejército de Tierra), reemplazar sus vehículos anfibios de cadenas AV y buscar un vehículo (todo apunta a que será de ruedas) con cañón de 120 o similar que reemplace a sus antiguos carros de combate M-60 y provea a la fuerza de desembarco de potencia de fuego.

F-104 Méndez Núñez. (Foto: Juanjo Fernández)

Todo el material está más allá de su límite de vida razonable, salvo alguna excepción como la de los AB-212, donde la empresa española Sener realizó un trabajo de modernización a los 7 ejemplares que quedan. Los Sea King se darán de baja en uno, dos años a lo sumo. Los SH-60B tienen ya 32 años los seis primeros y 18 los otros seis y sus sistemas están obsoletos y en parte inoperativos.

 

El NH-90 no termina de llegar y en esto hay bastante confusión. Los primeros en aparecer serán los de transporte naval destinados a reemplazar a los Sea King. No son de la versión táctica antisubmarina (NFH o Nato Frigate Helicopter) sino de la versión MSPT o versión naval española para transporte, que procede de navalizar el denominado GSPA Estándar 3, que sería la versión terrestre española de Combat SAR, preparada para misiones de rescate en ambiente hostil.

Operaciones aéreas con helicópteros. (Foto: Juanjo Fernández)

Estos helicópteros son los que podrían empezar a llegar en 2023 o 2024 pero a cuentagotas. La puntualidad en las entregas no es el fuerte de la industria europea. Pero es que la versión antisubmarina o HSPN (versión española del NFH) está aún demasiado verde y no se espera que llegue hasta 2035. Sin helicópteros antisubmarinos modernos, sin submarinos hasta 2025 - 2027 y sin buques con sonar remolcado hasta 2027 – 2030, no sorprende que la Armada intente dotarse como sea de medios que hagan más llevadera esta ‘travesía del desierto’, como la adquisición de los MH-60R o los SH-60F.

El Harrier y el F-35

Para terminar queda un elemento crucial y no es otro que la Armada española mantenga su capacidad aeronaval, dotándose para ello del único material con el que se puede reemplazar al Harrier: el F-35B. Los 12 Harrier que ahora mismo tiene la Flotilla de Aeronaves, aunque relativamente bien equipados y con un mantenimiento excepcional, tienen sus días contados. En breve seremos el único país usuario de este modelo y esto significa sin recambios, sin actualizar armas y sistemas y sin casi poder integrarse en grupos multinacionales. Pero hasta el 2028 (y quizás algo más) podrían aguantar.

 

El F-35 tiene muchos detractores, pero es lo único que hay. Se han criticado muchos aspectos, a veces con poco fundamento, sobre todo sus capacidades y problemas, el precio y la dependencia de EEUU. Sobre lo primero, es algo objetivo que se trata de uno de los aviones más avanzados del momento. Es cierto que ha tenido muchos problemas en su desarrollo, fruto de la cantidad de sistemas y tecnología vanguardista que incorpora, pero también de que siempre ha estado ‘delante de los focos’.

Despegue de un F-35B británico desde el HMS Queen Elizabeth (RO 8). Esta es la imagen que se debería ver en el Juan Carlos I. (Foto: US NAVY)

El precio en la actualidad está en consonancia con otros modelos e incluso por debajo. Es caro, desde luego, pero si se compara con lo que va a pagar Alemania por sus nuevos Eurofighter, 6.350 millones de dólares por 34 aviones (más de 186 millones cada uno) y la oferta de F-35A a Suiza, 40 aviones por 6.500 millones de dólares, precio ‘todo incluido’ (asistencia, recambios, armas, simulador, etc.), se ve que no hay tanta diferencia.

 

La dependencia de EEUU es otra cuestión. La accesibilidad a sus sistemas será algo que habrá que negociar (de momento solo Israel ha conseguido tener sus F-35 con todo ‘abierto’) pero no sería descabellado conseguir un status como el de Italia o Gran Bretaña. El trasvase de información se acabará arreglando. Procede del programa de gestión ALIS (Autonomic Logistics Information System), que integra mantenimiento y aprovisionamiento en una red de gestión informática donde se conecta el fabricante. Algunos países ya se han quejado y se solucionará.

Enorme salto cualitativo

El F-35B, con sus capacidades ISR (Intelligence Surveillance & Reconnaissance), EW (Electronic War) y sus características Stealth (furtivas), permitiría realizar misiones autónomas sin apoyo de otros aviones o medios especializados, así como misiones SEAD (supresión de defensas antiaéreas enemigas). Algo imposible con el Harrier.

 

Su capacidad de detección, plenamente integrada con las fragatas F-100 y F-110, permitiría un control del mar y una defensa muy superior a la actual. Esta integración, por ejemplo, ya ha sido probada por los norteamericanos, que derribaron un blanco aéreo con un misil SM-3 disparado por un sistema AEGIS (el de las F-100 y futuras F-110) que había sido detectado por un F-35. Todo en modo automático. Todas estas posibilidades ya han sido explicadas por verdaderos expertos, como el capitán de navío Luis Díaz - Bedia Astor, anterior Comandante de la FLOAN y piloto de Harrier.

Cubierta de vuelo con aviones Harrier. (Foto: Juanjo Fernández)

Se necesitaría un óptimo de 15 aviones y un mínimo de 12, que además serían un excelente campo de experimentación con aviones (de verdad) de quinta generación, si es que el Ejército del Aire renuncia al F-35A. Habría que adaptar hangares e instalaciones en Rota (lo existente es de más edad aún que las aeronaves) y algunas reformas menores en el Juan Carlos I. El coste podría rondar los 2.000 millones de euros.

 

No va a ser barato, pero es el precio de una disuasión efectiva. Lo contrario sería tirar el dinero pues el Harrier, dentro pocos años, ejercerá una disuasión mínima. Y lo peor es que, sin la amenaza que supondría nuestro LHD con tan solo media docena de F-35B a bordo, el resto de la flota perdería buena parte de su poder ofensivo.

 

Hoy en día hay 13 países usuarios del F-35, más Emiratos Árabes y Grecia cuando materialicen su compra. Algunos como Bélgica, Holanda, Dinamarca, Polonia e incluso Italia, con economías inferiores o similares a la nuestra. Grecia, un país que tuvo que ser rescatado, apuesta también por el modelo y otros, como Japón y Corea del Sur, van a reformar y construir nuevos y mayores buques para operar con el F-35B.

El Cantabria dando petróleo a la fragata Victoria (Foto: Armada)

La decisión por parte española no puede esperar mucho. Si se quiere que en 2030 (límite operativo del Harrier) esté en servicio el F-35B, habrá que contar unos cinco años para entregas y uno o dos entre formalizaciones y aprobación de la venta. No más allá del 2023 el tema debería estar zanjado.

 

Si no se toman las medidas adecuadas en cuanto a dotación de medios y recursos, la Armada perderá competencias clave, entre ellas algo que hoy tiene y que costó mucho conseguir: capacidad aérea y de proporcionar apoyo en operaciones anfibias, lo que le impedirá realizar este tipo de misiones de forma autónoma. Pasará de ser una marina con vocación de liderazgo internacional a una mera comparsa, limitada a participar con escoltas en operaciones dirigidas por otros. En definitiva, dejará de ser relevante

 

COMENTARIOS DE AEMC

Sería muy deseable que se redefiniese el papel de la Armada Española, con pleno respeto a la esencia de la Constitución del 78, a la Marina Civil, y teniendo en cuenta no los planteamientos del pasado, sino lo que debe ser una Marina Militar moderna, bien dotada.