Tribunal Marítimo Central

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Ministerio de Defensa

La mar ha sido, tradicionalmente, el principal medio de transporte, especialmente en el ámbito comercial. Desde muy antiguo, el hombre ha intentado dominarla, pero no siempre ha salido airoso de esa batalla. Testigos son los numerosos naufragios que salpican las costas de todo el mundo. El hombre se ha visto en la obligación de regular los hallazgos de estos pecios, a los que se unieron los auxilios o rescates que otros navegantes prestaban a los que se encontraban en apuros. Las vidas y cargamentos salvados demandaban recompensas que, con mayor o menor acierto, fueron reglamentadas en diversas normativas. Heredero de antiguas normas e instituciones como el Libro del Consulado del Mar o nuestras propias ordenanzas, el Tribunal Marítimo Central ha sido a lo largo del último medio siglo el organismo público encargado de «facilitar a la modesta gente de mar asistencia, resarcimiento de los gastos realizados y cobro de premios para que, sin necesidad de acudir a largos y costosos litigios, se estimulen los salvamentos marítimos en beneficio de la economía nacional», es decir, se ha dedicado a determinar si las asistencias en la mar son auxilios, salvamentos o remolques, con sus implicaciones. Junto a los juzgados marítimos permanentes, el Tribunal Marítimo Central ha desarrollado una inestimable labor para poner orden y sensatez en el complicado mundo del salvamento marítimo. La celeridad de sus resoluciones, la calidad técnico/jurídica de las mismas, la agilidad de sus procesos, la fijación de unos premios justos en atención al riesgo del salvador o el estímulo a las operaciones de salvamento han sido solo algunas de las características más relevantes que han definido su trabajo a lo largo de más de cinco décadas. El reconocimiento a la labor del Tribunal por parte de los más prestigiosos órganos jurídicos ajenos a la Armada conlleva aún mayor mérito por lo limitado de sus medios en personal y material, ampliamente compensado por su entusiasmo. La reciente Ley de Navegación Marítima contempla la creación del Consejo de Arbitrajes Marítimos en el seno de la Armada y la reestructuración del Tribunal Marítimo Central y de los juzgados marítimos permanentes que pasarán a depender orgánica y funcionalmente de la Administración Marítima. Todos estos cambios aún por definir llevarán aparejados la transformación de la estructura actualmente existente, delimitando nuevas competencias, funciones y cometidos para el Tribunal Marítimo. Tribunal que, a buen seguro, continuará haciendo gala de la profesionalidad y buen hacer demostrados en el pasado para adaptarse con rapidez y eficacia a su nuevo papel en el ámbito del salvamento marítimo. No obstante, a pesar de su larga vida y prometedor futuro, el conocimiento que tenemos de este Tribunal es escaso, ya no solo entre el conjunto de la población española, sino incluso entre la gente de mar. Sirva este libro del vicealmirante Enrique Pérez Ramírez, antiguo presidente del Tribunal Marítimo Central, como homenaje a todos los que calladamente han servido en el Tribunal o los juzgados marítimos permanentes, facilitando la labor de aquellos que trabajan en la mar.

COMENTARIOS DE AEMC

El informe ignora cómo, cuándo y quiénes crearon el Pan Nacional de Salvamento. ¿Por qué?