El inveterado abuso de los barcos sobrecargados

 

 

 

Publicado en Marina Civil, el 1 de julio de 1934.

Es este tema muy viejo, y sobre él se escribió muchísimo y sin éxito que fuera de esperar. Antes estaban en las Capitanías de puerto marinos procedentes de la Armada que no podían estar en estos detalles, pues en los barcos de guerra no se dan; pero ahora están en esos puestos marinos procedentes de los nuestros, que mandaron ellos barcos y los sobrecargaron acaso, y seguimos, poco más o menos, igual... sino peor . Verdades que los que, mandando un barco, lo metían, por indicación del naviero o por su... sumisión propia, más carga de la debida, no tiene ahora mucha autoridad para castigar al armador y capitán de ese mismo barco por llevar ¡¡¡hasta menos de los que en sus tiempos ellos metían o consentían se metiese!!! . El mal, más que frecuente, consuetudinario, agrándase en los puertos de carga a granel, y singularísimamente en los carboneros de Asturias, sin que las frecuentísimas reclamaciones que nos consta hace aquella Asociación Náutica de Gijón basten a evitarlo, aunque hayan logrado ya aminorar algo—¡poco ! — el mal. Distantes los puertos carboneros más importantes de las poblaciones en Avilés y Gijón, las asociaciones y sus representantes no pueden estar en todo, y menos si los barcos salen, y hasta de noche. Pero los que necesariamente tienen que estar al tanto y quienes pudieran evitar de raíz este mal, a más de las autoridades con sus severas sanciones, son los prácticos del puerto. Ya el inolvidable D. Luis Ribera dictó un a disposición sobre esto, obligando a los prácticos a comprobar los calados antes de mover los barcos; pero si se cumplió fue esporádicamente; fue flor de un día nada más. Y eso que a los prácticos no le s cuesta esta inspección trabajo alguno, ni les supone más labor. Ellos, sí quisieran verdaderamente, podrían acabar con este abuso eterno. Pero los prácticos, es muy humano que no quieran disgustarse con los capitanes, que pueden reclamar contra el servicio, y menos con los navieros, y menos aún con los más importantes de la localidad, que influyen siempre en las Juntas locales de practicaje, donde se ventilan las tarifas, las amortizaciones, etcétera . Pero las autoridades pueden y deben obligar a los prácticos a cumplir este nuevo cometido con la fidelidad que cualquier otro, y que no se puede decir que los prácticos sean subordinados de los capitanes de puerto..., puesto que en la práctica resultan los únicos jefes de sí mismos. Las autoridades de Marina podrían acabar en un mes con esos abusos de los puertos carboneros, sí tienen la energía que es menester y que debieran tener ante el abuso de los sobrecargamentos y el peligro que ellos suponen para los tripulantes. Castíguese con dureza al práctico que haya movido un barco sobrecargado, exíjaseles que no den salida a los barcos que no estén adrizados y hayan achicado lo que tengan que achicar, porque esto de la tumba y el agua de los tanques, es la hoja de parra para cubrir hipócritamente los abusos que hacen a ciencia y paciencia de unos y de otros. Barco escorado, pues que se adrice antes de que pueda abordarle el práctico. Así se verá cómo va realmente.

 

Consultando en los libros de los cargadores la carga tomada en bodegas, en el diario de máquinas e l carbón de consumo y el agua en tanques; mirando en el registro de Lloyd lo que el barco puede tomar a bordo, se ve en seguida si lleva o no sobrecargamento , aunque "por la marejadilla " no se aprecien bien los calados, que es otro de los "trucos"—con la escora y el agua en los tanques—que se ponen su juego para dejar al naviero hacer lo que le venga en gana, sin reparar en la vida de los tripulantes. Y después, las autoridades, tan inflexibles en cuestiones de amor propio y piquillas d competencia, que sancionen con un a energía desacostumbrad a estas burlas de las leyes, de sus órdenes y de lesa humanidad. Porque el poner una multa de 125, de 200 y hasta de 500 pesetas, al barco que lleve de sobrecargamento cantidad cuyo flete s a de varios miles de pesetas es al cabo un buen negocio. Una multa del mayor volumen posible al armador, otra máxima al capitán, la suspensión por unos meses y definitiva en caso de reincidencia al práctico que mueva un barco sobrecargado y, además, obligar a descargar todo lo indebida mente cargado y.. . ¡ a que no se repite otro caso ! Pues he ahí la receta infalible.