Gijón víctima de políticas irresponsables.

Publicado en el Diario La Nueva España

Sabado 28 de septiembre de 2019

 En Gijón la contaminación es acuciante por tierra, mar y aire, pero los poderes púbicos tratan de ignorarla o le restan importancia, e incluso abogan por convivir en un entorno contaminado a cambio de no irritar a quienes hacen de la polución del medioambiente una forma más lucrativa de producción industrial. A mi juicio cambiar empleo por salud es el mejor camino para  promocionar hospitales y funerarias. La evolución de los índices de enfermedades graves así lo confirma. Conciliar las leyes, la salud pública y los intereses económicos es una misión propia de quienes nos gobiernan. Si Asturias se convierte en polo de industrias sucias y contaminantes, como lo ha hecho en los últimos años, su futuro estará seriamente hipotecado. No deja de ser significativo que dos de las empresas más contaminantes en EEUU estén asentadas en Asturias, que la única planta autorizada de desguace de barcos en Sur de Europa se esté instalando en Gijón, y que el Musel sea un foco de contaminación de primer orden

La emblemática playa de San Lorenzo, una de las joyas de la ciudad, es desde hace años víctima de políticas irresponsables. Que una de las playas más hermosas del litoral español sea noticia por haberse convertido en una auténtica cloaca, merece algo más que simples capotazos a base de generar confusión. Que grandes regueros de natas malolientes procedentes de aguas no depuradas circulen por la bahía gijonesa y en ocasiones invadan las zonas de baño depositándose sobre las orillas de la playa, merecen algo más que justificaciones pueriles carentes de rigor probatorio.

Que determinadas algas al descomponerse producen espumas es conocido hace siglos. Pero las masas vertidas con cierta frecuencia al río Piles, cuyo lecho es un depósito de contaminantes desde hace muchas décadas, no proceden de ningún campo de algas situado río a arriba, porque no los hay. Del mismo modo que las que bajan por la ría de Aboño tampoco tienen su origen en la descomposición de algas.

Los regueros de natas y espumas de aguas sin depurar que navegan desde el emisario de Peñarrubia hacia la bahía de San Lorenzo, tampoco se deben confundir con supuestos procesos biológicos. Lo que llega a la playa es pura contaminación procedente de una depuración incompleta y vertidos que podrían ser planificados. La Empresa Municipal de Aguas de Gijón, la EMA, dependiente del Ayuntamiento, debería de explicar con lenguaje sencillo y claro lo que está ocurriendo, lo que ha ocurrido desde 1991, cuando se decidió instalar la depuradora del Este en El Pisón y el posterior desarrollo de un sistema de depuración salpicado, técnica y financieramente, de grandes dudas y sospechas.

Son muchas las preguntas que esperan respuesta:

¿Es cierto que la EMA con cierta frecuencia vierte por acción u omisión las aguas no depuradas al cauce del Piles?

¿Es cierto que la Confederación H. ha autorizado vertidos al cauce del Piles?

¿Tan difícil resulta comprobar si las natas playeras tienen la misma composición química que las que la EMA supuestamente vierte al cauce del Piles o vomita en Peñarrubia?

Después de la gran inversión que se está realizando en pozos de tormentas ¿se va a seguir vertiendo aguas residuales a la mar?

¿Se van a seguir subvencionando arriesgados festivales aéreos sobre la ciudad,- recuérdese lo ocurrido en Murcia- mientras la playa es una cloaca?

¿No es hora de que el Ayuntamiento de Gijón, junto con los ministerios competentes y el Principado de Asturias, presenten un Plan integral de saneamiento y calidad ambiental para Gijón, que respete la salud de los ciudadanos y la salubridad de las aguas marinas asturianas?

El asunto es lo suficientemente serio como para abordarlo con el rigor y la amplitud que exigen las circunstancias. España es un estado de derecho y como tal ha de respetarse.

 

 

 

José A. Madiedo Acosta

Exdirector general de la Marina Mercante.

Pte de la Asoc. Española de la Marina Civil