La capitana y la cárcel

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LO QUE está pasando en el Mediterráneo es tan de locos que no me puedo creer que el problema siga sin solucionarse. La política migratoria es una basura y hace que personas como la capitana alemana Carola Rackete tomen la iniciativa ante tanta dejadez. La gente muere en el mar, los políticos pasan del tema y al final hay personas que actúan por su cuenta y riesgo. Rackete, que no es ninguna chiflada, ha decidido ponerse al mando del barco Sea Watch 3 para que el agua deje de tragarse a personas que no importan a nadie. Dice que actúa empujada por unas reflexiones en las que se reconoce como una privilegiada de nacimiento. «Mi vida ha sido fácil, he podido frecuentar tres universidades, me gradué con 23 años. Soy blanca, alemana, nacida en un país rico y con el pasaporte correcto. Cuando me di cuenta, sentí la obligación moral de ayudar a quien no tenía las mismas oportunidades que yo», contó en una entrevista al diario italiano La Repubblica. Está bien tomar conciencia. La capitana se ha topado con Matteo Salvini, que quiere hacerle pagar que atracara su embarcación sin permiso en Lampedusa con 40 migrantes extenuados tras permanecer 17 días bloqueados a bordo. Está acusada de resistencia o violencia contra nave de guerra y de intento de naufragio al haber chocado contra una patrulla de la Guardia de Finanzas italiana durante la operación de atraque. Además, la culpan de favorecer la inmigración ilegal al rescatar el 12 de junio a un grupo de 53 migrantes frente a las costas de Libia. Podría enfrentarse hasta a 10 años de cárcel. Mientras tanto, la comandante se ha convertido en un símbolo por su defensa de los migrantes que intentan llegar a Europa cruzando el Mediterráneo. El ministro Heiko Maasha recordado a Italia una interesante realidad: que «Salvar vidas es una obligación humanitaria». Ante la actitud de Rackete hay muchos que piensan que la verdadera ayuda habría que dársela a los países de los que huyen quienes se echan al mar para que así no tuvieran que hacerlo. Estoy de acuerdo pero mientras eso llega -que será nunca- o los políticos se ponen serios con lo del Mediterráneo, humanitariamente no se puede consentir que el agua se llene de cadáveres. ¿Qué hacemos? , ¿se deja morir a los migrantes? ¿se mira hacia otro lado? ¿criticamos que la gente se tome la justicia por su mano mientras continúan los ahogamientos? ¿apagamos nuestras conciencias?