Leandro Vigil Escalera. In memoriam

                                                                          

                                                                              

   Capitán Leandro Vigil Escalera

 

Fueron muchos los marinos civiles, amigos y familiares que el pasado 7 de febrero se reunieron en Gijón para despedir al capitán Leandro Vigil-Escalera, un auténtico marino, forjado en la mar, sobre la que navegó la mayor parte de su vida ejerciendo el mando como capitán.

Cuentan quienes lo conocían que cursó sus primeros estudios en el Colegio de los Jesuitas de Gijón, en donde estuvo interno, teniendo por compañero de habitación a Emilio Botín-Sanz de Sautuola; sí, el del banco de Santander. Su paso por aquel Colegio, famoso por muchas razones, dejaría en él un sello inconfundible que le distinguiría como marino y  como persona. Leandro era franco y noble, directo, siempre dispuesto a defender a sus tripulantes, aunque en más de una ocasión esa disposición incomodase a los de la oficina. Pero no era Leandro una persona que se plegase si creía tener razón. También mantenía la misma línea de conducta ante los cargadores, aseguradores y estibadores cuando tenía que defender los intereses de la compañía naviera en la que navegaba.

Como muchos marinos asturianos de su tiempo, recibió sus primeras lecciones en la mar de un capitán de Luanco, en su caso, del famoso Don Marcelino, pero dada la situación mísera de la marina mercante española durante el franquismo, pronto decidió ampliar horizontes y navegar en barcos extranjeros. Navegó por todo el mundo e hizo del inglés y del francés sus lenguas de trabajo en la mar, lo que le abrió muchas puertas. En el Caribe era un personaje conocido por su personalidad y por sus conocimientos. Un buen día, decidió retornar a España para estar más cerca de su mujer y de sus hijas, cuyos problemas de salud le preocupaban profundamente. La Compañía Ruíz de Velasco le ofreció el mando del buque “Pola de Siero”, lo que no dejaba de ser un legítimo orgullo para un Vigil-Escalera, cuya prolífica familia siempre estuvo estrechamente relacionada con esa villa asturiana.

En cierta ocasión, Leandro fue invitado a participar por su amigo Balbín, asturiano como él, en un famoso programa de TVE, llamado la “Clave”; fiel a su ser y estar, dejó constancia de lo que pensaba de la Marina Civil de aquel tiempo, pero aquel evento le trajo ciertos problemas con su naviera.

Volvió Leandro hacer las maletas, pero en esta ocasión para retornar a buques extranjeros; como nada se le ponía por delante, se fue a buscar pozos de petróleo en un buques sismográfico de una compañía francesa. Permaneció en aquel destino algunos meses, pero debía de retornar a su casa, junto a los suyos. A partir de entonces resultaba fácil encontrar a Leandro, con su inconfundible imagen de capitán, con su cabellera ya canosa y su barba poblada, vestido con una trenka azul marino saludando a unos y a otros, e interesándose  por todos ellos. Los tiempos de la crisis de la marina menguante española le afectaron de lleno, por lo que le resultaba difícil encontrar un barco para jubilarse con todos los derechos. Finalmente fueron sus amigos de verdad los que le echaron una mano para rellenar a aquella etapa final de su vida en la mar. Una situación injusta, porque Leandro fue siempre un personaje autentico, fiel asimismo y a sus creencias, un gran profesional, que hizo gala de honradez y fue respetado por los que fueron sus compañeros. Fue el símbolo de una época, de un tiempo reciente, pero tan lejano para los que no lo vivieron, que lo percibirán como leyenda. La mar ahí seguirá, marinos, navieras, barcos y demás circunstancias que la rodean han cambiado profundamente, pero un personaje como Leandro no se podrá olvidar fácilmente.

A su esposa, a su hija y a sus nietos, a toda su familia y a cuantos se sienten afectados por su pérdida les hacemos llegar nuestras condolencias.

Leandro sigue navegando como lo has hecho allá donde te encuentres.