Marina Civil y reforma constitucional

 

 

                              

 

En España hubo un tiempo en el que se tenía claro que había dos Marinas: la Civil y la Militar, pero el golpe militar de 1936 nos devolvería a la profunda caverna de las dictaduras, de los monopolios y los totalitarismos que confunden el patriotismo con sus propios intereses.

Es muy de lamentar que, recuperado clima de convivencia democrática con la Constitución de 1978, entrásemos en una senda de transición circular, que es la que nos está llevando del franquismo a la situación actual, en la que la bestia vuelve a bramar porque todo le parece poco.

Ciñéndonos a nuestro pequeño mundo marítimo, cada día más empequeñecido y desorientado, es cada día más apremiante que en la Constitución Española se reconozca expresamente la existencia de la Marina Civil y sus áreas de competencia- debería haberlo hecho la del 78, pero se claudicó ante el franquismo remanente.  Mientras los asuntos marítimos de este país continúen adulterados por un militarismo naval omnipresente, aunque no lo parezca, España no podrá recuperar su iniciativa como país marítimo.

Desde 1978 hasta 2018 han transcurrido 40 años, un periodo más que suficiente para saber lo que da de sí el modelo militarista  que atenaza el desarrollo de la marina civil.  Los resultados son evidentes. Los silencios oficiales y el mutismo de los responsables políticos, confirma la incompetencia de los sucesivos gobiernos para buscar solución a los graves problemas  no resueltos: la degradación de la marina mercante, de la Pesca, el despilfarro en puertos ociosos, que compiten entre ellos; la contaminación galopante en nuestras costas, el estrepitoso fracaso de la industria naval, con Navantia a la cabeza, el desmadre de la marina de Recreo, el fraude que supone demandar extranjeros para ocupar los puestos de marinos españoles que están en el paro, etc, confirman cuanto decimos. La gestión marítima del gobierno de Rajoy en los últimos años no merece más calificativo que el de indecente. Y el gobierno actual entre meneo y titubeos, les sigue las aguas por los mismos derroteros.

Los poderes reales de este país deben de entender que el modelo que defienden puede que les resulte cómodo para mantener su hegemonía decadente, pero ni favorece al desarrollo del sector marítimo ni puede satisfacer las justas aspiraciones de un país civilizado y moderno.

Esta situación es insostenible, regresiva y carente del más elemental respeto por los valores democráticos, y más insostenible aun cuando en las grandes marinas  se está cuestionando el modelo marítimo militar de "arsenal y colchoneta".

Es un dolor que la mayor parte de los políticos de todo el espectro político solo conozcan la mar desde la playa, desde el yate o desde el crucero.

Y a su majestad el Rey, con los respetos que le son propios a su figura, habrá que recordarle que la Marina Civil existe, que es la que transporta la mayor parte de los productos que este país consume y envía al extranjero. Es cierto que no desfila con entorchados ni banderas, pero es esencial para el desarrollo equilibrado de una sociedad civilizada y moderna que merece algo más que una paternal tutela y pagar impuestos.