Ruta Elcano

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La difícil singladura del Océano Índico llevada a término por Elcano, en latitudes que nunca nadie había recorrido hasta entonces, lejos de la costa asiática y africana que estaba bajo dominio portugués. La virada al Noroeste que realizaron antes de llegar a África la hicieron creyendo haber dejado atrás el cabo de Buena Esperanza, pues no querían acercarse a la costa para evitar ser apresados. Ante su sorpresa por toparse con África, y pese a la gran necesidad que sufrían, continuaron rápidamente el viaje "...por estar en nuestra libertad" (Francisco Albo).

 

No encontraremos razones lógicas para que los expedicionarios tomaran la decisión de continuar viajando hacia el Oeste, bordeando África, en vez de volver por donde habían venido. No era un viaje más seguro, ni más corto. Los vientos que iban a encontrar en el Índico les eran desconocidos pues nadie había navegado antes en aquellas aguas pero, sobre todo, estaban dispuestos a cruzar medio mundo sin detenerse en la costa, para evitar ser apresados. Pese a todo, Elcano y sus hombres no dudaron en tomar ese camino porque en ellos se había despertado una enorme ilusión. Después de haber llegado al otro extremo del planeta, se sentían capaces de circunnavegarlo por completo. Como vemos, el único y verdadero motivo por el que Elcano y sus hombres dieron la vuelta al mundo no fue sino la ilusión por conseguir hacerlo.

 

Esta conclusión no solo resulta clara a la vista de los hechos, sino que el propio Elcano nos la confirma en la carta que envió al rey Carlos I nada más llegar a Sanlúcar de Barrameda dando noticias de su llegada. En ella podemos leer cómo le cuenta con mucha brevedad que encontraron un estrecho por el que cruzaron al otro lado de América, y que llegaron a las deseadas Islas de la Especiería, cumpliendo así los objetivos con los que habían zarpado. Pero eso no era lo importante que le debía contar. Eso no era nada al lado de lo que habían terminado consiguiendo. Su verdadera hazaña había sido la de dar la vuelta al mundo: “Mas saberá tu Alta Magestad lo que en más avemos de estimar e tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo, yendo por el oçidente e veniendo por el oriente.

 

 

 

 

 

tinuar viajando hacia el Oeste, bordeando África, en vez de volver por donde habían venido. No era un viaje más seguro, ni más corto. Los vientos que iban a encontrar en el Índico les eran desconocidos pues nadie había navegado antes en aquellas aguas pero, sobre todo, estaban dispuestos a cruzar medio mundo sin detenerse en la costa, para evitar ser apresados. Pese a todo, Elcano y sus hombres no dudaron en tomar ese camino porque en ellos se había despertado una enorme ilusión. Después de haber llegado al otro extremo del planeta, se sentían capaces de circunnavegarlo por completo. Como vemos, el único y verdadero motivo por el que Elcano y sus hombres dieron la vuelta al mundo no fue sino la ilusión por conseguir hacerlo.

 

Esta conclusión no solo resulta clara a la vista de los hechos, sino que el propio Elcano nos la confirma en la carta que envió al rey Carlos I nada más llegar a Sanlúcar de Barrameda dando noticias de su llegada. En ella podemos leer cómo le cuenta con mucha brevedad que encontraron un estrecho por el que cruzaron al otro lado de América, y que llegaron a las deseadas Islas de la Especiería, cumpliendo así los objetivos con los que habían zarpado. Pero eso no era lo importante que le debía contar. Eso no era nada al lado de lo que habían terminado consiguiendo. Su verdadera hazaña había sido la de dar la vuelta al mundo: “Mas saberá tu Alta Magestad lo que en más avemos de estimar e tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo, yendo por el oçidente e veniendo por el oriente.

 

 

Azulejos en Sanlúcar de Barrameda con los nombres y procedencias de los 18 hombres que consiguieron dar la vuelta al mundo con la nao Victoria, unos hombres que quisieron alcanzar la fama eterna por ser los primeros en dar la vuelta al mundo.