Nao Victoria uno de los símbolos de la Marina Civil

La nao Victoria simboliza la etapa más brillante de la historia de la Marina Civil, aquella en la que Pedro Menéndez se forjó como marino universal.

Carlos V y las islas del Moluco

Cuando Carlos V desembarcó en Tazones (Villaviciosa) el 17 de septiembre de 1517, presumiblemente tenía previsto organizar una expedición náutica a las islas de la Especiería o islas Molucas, situadas al sur de Filipinas y al oeste de Nueva Guinea. Las especias como el clavo, la nuez moscada, la pimienta, la canela, etc. alcanzaban en aquel tiempo valores extraordinariamente altos en los mercados de Europa y constituían uno de los negocios mejor renumerados de aquellos tiempos. Las especias, junto con la seda, el marfil, los brocados, la cerámica china, y otros productos del lejano oriente llegaban a los puertos del Mediterráneo y del Mar Negro a través de la llamada ruta de la seda, que era un gigantesco entramado de caminos que unían el lejano oriente con los citados puertos. Existían asimismo rutas marítimas alternativas con similares propósitos. La ciudad de Samarkanda (en el actual Uzbekistan) era uno de los puntos de referencia de aquel largo viaje a través de Asia. Los  minaretes de la ciudad, cuyas cúpulas de azulejo relucían durante el día y se iluminaban durante la noche, servían de faro a los guías de las inmensas caravanas de camellos. Samarkanda ofrecía a los mercaderes y a sus acompañantes: alojamiento, agua, víveres, descanso, oración, y un buen mercado para sus productos.

En 1453, tras la caída de Constantinopla, los turcos impidieron a los occidentales, salvo casos aislados, seguir utilizando la ruta de la seda. Como alternativa, los marinos civiles portugueses buscaron una ruta que les condujese a las Molucas bordeando África. Tras perseverar en su intento, en 1488 el capitán Bartolomé Días consiguió doblar el Cabo de las Tormentas, hoy conocido como cabo de Buena Esperanza. A partir de aquella fecha, los portugueses abrieron una nueva ruta marítima por el océano Índico, y por ella navegaron hacia a la India, Ceylan, Malaca, Timor (Indonesia), Filipinas y las islas Malucas, y se establecieron en Macao, en las costas de la milenaria China.

El tratado de Tordesillas.

Se debe tener presente que el Tratado de Tordesillas (1494), suscrito por las coronas de Castilla y de Portugal, después de que el capitán C. Colón descubriese el Nuevo Mundo, dividía el globo terrestre en dos mitades, en dos hemisferios: el oriental, (por debajo de las islas Canarias), quedaba reservado a la navegación de los lusitanos, mientras que el occidental quedaba reservado a los españoles. Esa es la razón por la que Magallanes se propuso llegar a las islas Molucas navegando hacia las costas de la Patagonia, buscando el paso hacia el Pacífico. En 1501, A. Vespucio, otro capitán al servicio de rey de España, había navegado hasta los 25º de latitud Sur, planteando la posibilidad de alcanzar el extremo meridional de América del Sur. Con esa finalidad, en 1509 zarparon de Sanlúcar los capitanes, Pinzón y Solís, que llegaron hasta los 40º de latitud Sur, pero desde allí retornaron a España. En 1513, Balboa avistó por primera vez el Gran Océano (el Pacífico), por lo que se incrementó el deseo de encontrar el paso entre el Atlántico y Gran Océano. Parece ser que el capitán Martín Bahain, fallecido en 1507, ya había esbozado un mapa en el que se apreciaba un estrecho al Sur de continente americano. Probablemente los marinos civiles portugueses conocían ese paso, por lo que Magallanes no dudó de su existencia.

El meridiano de Tordesillas o línea de demarcación presentaba ciertas dificultades técnicas para ser trazado con precisión sobre un mapamundi o sobre una carta náutica, y ello daba lugar a que el antemiridiano, o meridiano trazado por la otra cara del globo, 180º más allá del de Tordesillas,  también fuese objeto disputas entre portugueses y españoles, lo que a su vez afectaba al dominio sobre Filipinas y Molucas, conflicto que se resolvería en 1529 con la firma del Tratado de Zaragoza.

Islas Malucas o de la Especiería

El capitán Fernando Magallanes que había participado en la expedición portuguesa a Malacca, regresó a Portugal con gran esperanza de ser recompensado, pero se sintió muy frustrado al comprobar que el monarca portugués no le premiaba como él esperaba. Por su amistad con el capitán Serrano, que fue pionero junto con el capitán Abreu, de la llegada potuguesa a las islas del Moluco en 1512, obtuvo una información privilegiada sobre aquel viaje, por esa razón cuando Carlos V le propone capitanear un flota enarbolando la bandera de Castilla con destino a las lejanas las islas de las especias, acepta la propuesta de inmediato. Carlos V firma un contrato con Magallanes y con otro capitán portugués llamado Rui Faleiro, que era un marino con una gran formación náutica y una larga experiencia en navegación. Los preparativos del viaje se iniciarán de forma inmediata: planifican las derrotas, elaboran cartografía, trazan las rutas a seguir, establecen toda una logística de aprovisionamiento,  contratan a los capitanes, maestres y pilotos y a toda la marinería y pertrechan y alistan los barcos. Son miles de millas las que habrá que navegar por mares ignotos, siguiendo rutas hasta entonces desconocidas, atravesando el piélago por lugares muy alejados de las costas, lo que obligará a los oficiales de navegación a realizar observaciones astronómicas,- la cruz del Sur- y realizar complicados cálculos para determinar sus coordenadas geográficas. Tendrán que enfrentarse a los huracanes y tifones. La hora la calcularán, no por el reloj de arena, sino por la posición de las guardas. Utilizan el astrolabio, la ballestilla y el cuadrante. Aplicarán cálculos de estima. Cartografiarán las costas por las que navegan y si consiguen retornar a Sevilla aportarán esos datos a la configuración del padrón real, o carta general que se elabora en la Casa de Contratación. Se enfrentarán a unas calmas que los inmovilizarán durante días bajo un sol abrasador. Verán como el agua para beber se pone verde y se descompone. Pasarán hambre y caerán en la desesperación. Sufrirán las consecuencias del escorbuto y otras enfermedades. Sufrirán los ataques de los nativos y sus flechas envenenadas. La muerte estará presente durante todo el viaje. Juan Sebastián del Cano, que embarcó como maestre, o sea como oficial encargado de los fletes, el mantenimiento del barco, las provisiones, los pertrechos, etc. terminará asumiendo el mando de la nao Vitoria, la única que pudo sobrevivir a aquel infernal viaje que se inició en Sevilla en 1519 y culminó en agosto de 1522

 

José A. Madiedo Acosta

Pte. Asociación Española de la Marina Civil

Ex Director General de la Marina Mercante