El disparate de Trasmediterránea

Rafael Rosselló Cuervas-Mons 29.12.2017 | 04:15

Tengo sesenta y un años y soy marino e hijo de marino; desde que tengo uso de razón he oído hablar en mi casa de Trasatlántica, de Trasmediterránea o de Pinillos. De las grandes y prestigiosas navieras; de hecho mi padre y mi tío abuelo fueron capitanes de Trasmediterránea, y mi abuelo materno y el hermano mayor de mi madre lo fueron de Trasatlántica. Todos los veranos, desde que cumplí diez años, mi padre me llevaba a hacer un viaje con él en el Plus Ultra, en el Ciudad de Cádiz o en el Ciudad de Sevilla, en el que estuviese ese año al mando; me acuerdo de cruzarnos habitualmente con los emblemáticos buques de la Naviera Pinillos, mientras que hacía la "guardia" de «timonel adjunto» porque Trasmediterránea, Trasatlántica y Pinillos eran navieras «centenarias» que habían ennoblecido nuestra Marina Mercante.

Todos sabemos cómo acabó Trasatlántica: yo navegué en el Guadalupe y aún me viene a la cabeza cuando en San Juan de Puerto Rico las monjitas españolas sacaban la bandera española cada vez que hacíamos la entrada al puerto, porque Trasatlántica llego a representar a España en toda América, fue la verdadera «embajadora» de nuestra patria.

Naviera Pinillos, creada en 1840, cayó en manos del «egocéntrico» Vicente Boluda que creyó que la categoría y el prestigio se «insuflaba» y la reconvirtió en Líneas Marítimas Boluda; y que conste que yo advertí, a la que entonces era su Consejero Delegado, que lo más valioso, que el mayor honor, que habían adquirido era su ilustre marca, su bandera y su emblema, pero pudo más la ignorancia y la vulgar altanería que hizo desaparecer a Naviera Pinillos y que nos condenó a no volver a ver su distintivo en el torrotito de sus buques.

Pues bien, si lamentable y triste fue el final de Trasmediterránea y Pinillos, por el mismo camino o peor le sigue los pasos la Cia Trasmediterránea que en el 2002 cayó en los brazos de los «amigotes» de Aznar, según el que fue su presidente Trias de Bes, y la esquilmaron en personal, infraestructura, buques y líneas; y ahora la quieren acabar de hundir vendiéndola a Naviera Armas cuya fama de precariedad laboral le precede y sus inmensas deudas hipotecarias se amontonan en los notarios de Las Palmas de Gran Canaria. Una escapada hacia adelante de un grupo, Acciona, con nula experiencia en el sector marítimo, y con necesidad de quitarse el «lastre» de una magnifica naviera que ya han vaciado; y de Naviera Armas que dice acudir al Mercado de Londres para seguir emitiendo deuda que estibar en los buques de ambas navieras y cuyo más que posible final sea una quiebra anunciada.

Y todos han mirado para otro lado, y todos han alegado que no podían hacer nada, mientras las tres navieras han sido destruidas o esquilmadas; y yo a veces me pregunto que si no pueden hacer nada cuando se están destruyendo empresas que por muy privadas que sean controlan las líneas de interés general, entonces para qué les queremos, para qué mantenemos ministerios, secretarias y direcciones generales; si no puede hacer nada cuando destruyen empresas que han formado parte de la historia de España por qué no nos los ahorramos a todos y que se vayan a su casa que siempre nos saldrá más barato.

Lo de Trasmediterránea es un escándalo y una absoluta vergüenza y seguir mirando para otro lado ni es la solución ni lo podemos consentir