Armada argentina y el submarino San Juan. ¿Gestión nefasta?

 

                                                   

                                                      Almirante Hipólito Srur 

                                     Jefe del Estado Mayor General de la Armada.

   

Submarino ARA San Juan y la crisis política: el Gobierno, obligado a replantear las Fuerzas Armadas y Defensa Nacional.

Por Fernando Gutierrez

La crisis por el submarino ARA San Juan está abandonando la etapa de la emergencia nacional por la búsqueda y entrando en su fase política, en la que la prioridad será determinar las responsabilidades por lo ocurrido.

El anuncio realizado ayer por la Armada tuvo, más allá de la jerga técnica, la contundencia de las peores noticias: la confirmación de una explosión bajo el mar lleva a pensar que se redujo drásticamente la probabilidad de supervivencia de la tripulación.

 

La reacción de los familiares de los marinos fue elocuente. Es decir, se mostraron como si ya tuvieran asumido que no volverán a ver a sus seres queridos. 

Algunos tuvieron la angustia propia de quien empezó a procesar un duelo, otros sólo pudieron canalizar su impotencia a través de la queja hacia las autoridades de la Armada, al considerar que fue una negligencia enviar al mar una nave que no estaba en condiciones.

De manera que, por más que la búsqueda del submarino continúe y pese a que en el comunicado oficial se haya tenido el cuidado de no realizar declaraciones contundentes, todo apunta a que se está en una situación de catástrofe nacional.

Ante eventos de ese tipo, la primera pregunta que surge es si lo ocurrido -en este caso, la explosión dentro del submarino por un aparente problema en las baterías-, puede ser catalogado como un accidente

Si la presunción es negativa, se pasa a la investigación sobre si fue un error humano en la operación de la nave o si había alguna anomalía que no llegó a ser detectada en los controles previos a su inmersión.

 

No suelen ser averiguaciones que transcurran pacíficamente ni libres de acusaciones cruzadas y ruidos políticos. 

La opinión pública argentina tiene, a esta altura, la triste experiencia de tragedias humanas en las cuales la negligencia, la imprevisión y hasta la corrupción jugaron un rol decisivo, tal como se vio en Cromañón, en la estación ferroviaria de Once y en las inundaciones de La Plata.

Esta sensación de tragedia repetida -y evitable- llevó a María Luján Rey, madre de uno de los muertos en Once y principal impulsora del juicio a Julio De Vido, a solidarizarse con lo ocurrido en el mar.

 

"Los familiares de los 44 tripulantes del ARA San Juan merecen nuestro eterno acompañamiento. Hoy y siempre nuestro abrazo a cada uno de ellos", expresó.

En esas catástrofes hubo, para empeorar la situación, problemas políticos comunicaciones posteriores que no fueron las más atinadas. 

Por ejemplo, funcionarios que desaparecían o no daban las explicaciones adecuadas, acusacionescruzadas sobre responsabilidades, falsificación estadística sobre la cantidad de víctimas y hasta intentos de sacar rédito político de la tragedia.

De manera que, ante la mala noticia de la explosión del ARA San Juan, ya comenzó el clásico proceso en este tipo de circunstancias. 

El puntapié inicial, como no podía ser de otra forma, provino de las redes sociales, donde comenzaron los cuestionamientos y las asignaciones de responsabilidades.

Acorde con la lógica de la "grieta", están quienes responsabilizan al gobierno de Cristina Kirchner -que fue el que reparó y volvió a poner en operaciones al submarino en 2014- y los que culpan al macrismo.

Ambos se acusan por no haber llevado a cabo las tareas preventivas que permitieran anticipar un posible accidente.

Los tres nombres más mencionados son los de los respectivos ministros de Defensa: Nilda Garré Agustín Rossi -que se desempeñaron en la gestión kirchnerista- y Oscar Aguad, el actual funcionario de Cambiemos.

Garré ya ensayó un inicio de defensa personal al afirmar que durante su mandato "invertimos y pusimos el ARA San Juan a cero".

En busca de los responsables
En el ojo de la tormenta ya están Aguad y el alto mando de la Armada

La versión en el ámbito político es que Macri está disgustado por la forma en que se manejó la crisis y que está esperando que ocurra el rescate del submarino para proceder con los cambios.

El hecho de que el ministro Aguad se anoticiara de la desaparición de la nave a través de los medios y que luego se haya enterado a destiempo de que las señales de radio detectadas no eran del submarino, ya son de por sí muestras elocuentes de las fallas en la cadena de mando.

El propio Presidente, tras su visita al edificio Libertad, sede de la Armada, había hecho un sugestivo pedido de "no ocultar nada". 

Hasta hay versiones que dan cuenta de una posible intervención de un funcionario civil para monitorear la comunicación de la crisis.

De hecho, una de las tareas a las que más se tuvo que dedicar Enrique Balbi, vocero de la Armada, es la de reafirmar que no hubo ocultamiento de hechos ni una minimización de la crisis, sino que se actuó de acuerdo con lo establecido por los protocolos internacionales para estos casos.

De todas formas, la situación de la Armada parece complicada y muchos dan por hecho el pase a retiro de su comandante, Marcelo Srur. 

Tampoco parece cómoda la posición del ministro Aguad, a quien se le achaca el mal manejo desconocimiento sobre temas de defensa nacional, de la misma manera que antes -cuando fue ministro de Comunicaciones- era objeto de burlas por su evidente falta de actualización en materia tecnológica.

Aguad quedó expuesto como un ministro que puede ser "puenteado" por los mandos militares. Para colmo, eligió un "bajo perfil" y ausentarse de los medios en un momento en el que la opinión pública reclamaba voces oficiales.

Ya en las últimas horas, se empezaron a insinuar cuestionamientos sobre el operativo del submarino, tales como la ausencia de corbetas que debían estar en la zona de navegación.

La investigación que viene
Pero, sobre todo, lo que viene es el escrutinio sobre el estado del submarino. La gran pregunta es si, efectivamente, estaba en condiciones de navegar de manera segura.

En este sentido, ya empezaron las suspicacias: por ejemplo, se supo que las baterías -presumiblemente donde se originó la explosión- en realidad no habían sido cambiadas sino reparadas

El dato surge de la propia información de Tandanor, la planta industrial donde se acondicionó el ARA San Juan.

El dato contradice la publicidad kirchnerista de 2011, que señalaba que habían sido reemplazadas en su totalidad.

"Un ejemplo vivo de que la industria de la defensa llegó para quedarse", decía el spot televisivo de ese entonces, que daba cuenta de un gobierno que se enorgullecía de la recuperación naval de fabricación nacional. 

En aquella comunicación se explicaba cómo el submarino alemán, construido en 1983, fue literalmente cortado al medio para su completa adecuación y cómo el proceso había sido realizado bajo los más altos estándares de calidad.

"Pato al agua", expresó Cristina Kirchner en un acto oficial en el que anunció la puesta en operaciones del ARA San Juan e indicó que la nave había quedado en condiciones de funcionar por 30 años.

Lo que está quedando en duda es si esta última afirmación era cierta. Por ahora, los únicos que se han animado a decirlo de manera explícita son los familiares de los marinos, que se mostraron muy críticos con el comando de la Armada.

Por lo pronto, es un tema que será el centro de las investigaciones. Y, posiblemente, tendrá el efecto de cambio de fondo en el manejo de la defensa nacional.

Una revalorización de las Fuerzas Armadas
Tal vez, todavía no se pueda tomar conciencia de las consecuencias profundas que traerá lo ocurrido, pero ya hay señales en el sentido de que la sociedad argentina está recobrando la valoración de las Fuerzas Armadas.

El debate político del momento empieza a poner la lupa en el presupuesto asignado al equipamiento y a cómo se ha deteriorado progresivamente su capacidad operativa. 

En parte, por las restricciones del gasto público pero, sobre todo, por la pérdida de prioridad política que la cuestión militar ha tenido desde la recuperación democrática en adelante.

Fue a partir de este episodio con el submarinoque la opinión pública se anotició sobre la necesidad de patrullaje en las costas, para así prevenir situaciones como la pesca depredatoria que, continuamente, ocurre en las aguas de la región patagónica.

Hoy día, todos los medios hacen referencia a los 44 tripulantes del ARA San Juan con el calificativo de "héroes", situación impensada hasta hace poco tiempo.

Todo indica que una de las posibles consecuencias de lo sucedido es que las Fuerzas Armadas deban atravesar profundos cambios

Desde la propia coalición de gobierno empiezan a escucharse voces en ese sentido, como la de Elisa Carrió, quien abogó por un reequipamiento.

Además, recordó con ironía que ante la revelación de que Uruguay (cuya fuerza aérea tiene cinco aviones) había evaluado la posibilidad de un conflicto bélico durante la crisis de la papelera Botnia, ella fue la que advirtió que la Argentina estaba tan mal preparada militarmente que no podía ganar esa lucha.