Carta portulana. Archivo de Indias

 

 

 

Las cartas portulanas

 

Las cartas portulanas son los primeros mapas verdaderamente realistas que generó la Humanidad. Aparecieron entrado ya el siglo XIII, cuando el renacimiento del comercio marítimo mediterráneo de la centuria anterior había permitido reunir una gran cantidad de información geográfica sobre la cuenca mediterránea. Inicialmente, aquella información fue recopilada en forma de portulanos estrictos, es decir, de listas de las distancias estimadas según las direcciones marcadas por la brújula, junto con comentarios sobre las ventajas y riesgos náuticos de algunos de los lugares mencionados. El paso definitivo de toda aquella información textual al formato gráfico de un mapa realista constituye una de las grandes revoluciones culturales que han marcado la historia del mundo. A pesar de haber sido concebida como instrumento de navegación —por eso los medievales la denominaban “carta de navegar”—, su difusión acabó transformando radicalmente la manera de percibir y de gestionar el espacio de las sociedades medievales, consolidando así las bases que darían lugar a los grandes descubrimientos de la edad moderna.

Rasgos definitorios, producción y difusión

Podemos diferenciar fácilmente las cartas portulanas del resto de mapas antiguos porque siempre fueron trazadas bajo una característica telaraña tricolor de líneas, las cuales representan los 32 vientos o direcciones que podían indicar las brújulas tardomedievales. Es bajo dicha red de rayas negras, rojas y verdes que encontramos un diseño cartográfico fácilmente reconocible por su realismo, siempre rodeado por una densa lista de topónimos litorales rotulados perpendicularmente a la línea de costa. Su producción, desarrollada fundamentalmente por talleres especializados, tendió a concentrarse en las grandes repúblicas marineras itálicas de Génova y Venecia, por un lado, y en la ciudad de Mallorca, el epicentro náutico más relevante de la antigua Corona de Aragón, por el otro. Desde estos tres centros, miles de obras de cartografía náutica fueron producidas, comercializadas y exportadas hasta lugares tan lejanos como Flandes o Alejandría entre el último tercio del siglo XIII y las postrimerías del siglo XV. Sin embargo, sólo unos 180 ejemplares han podido llegar hasta nuestros días, y muchos de manera fragmentaria.

La carta portulana del Archivo de la Corona de Aragón

La carta portulana conservada en el ACA, íntegra y sorprendentemente bien conservada, es una de las cuatro únicas piezas medievales que se conservan en toda España. No se trata, en todo caso, de una carta mallorquina, sino itálica. Incorporada a los fondos del ACA en los años veinte del siglo pasado, se ignora la procedencia exacta, a pesar de que se ha repetido sin ningún fundamento que provenía del Convento de la Merced de Barcelona. Presenta la arquetípica telaraña de 32 vientos construida sobre dos círculos paralelos ocultos. Toponímica y cartográficamente, es una pieza muy peculiar. Mezcla elementos característicos de los patrones genoveses del momento con otros definitorios de las obras venecianas, y esto sin que los rasgos fonéticos de su toponimia acaben de ajustarse bien ni a las características del dialecto genovés ni a las del veneciano. Llama la atención, además, que su representación de las costas atlánticas todavía esté hecha a una escala más pequeña que la de las costas mediterráneas, manteniendo así el error tradicional de las cartas del siglo anterior.

(ACA, Colecciones, Mapas y planos, núm. 1)

Carta portulana (Mediterráneo, Mar Negro,Mar de Azov y Atlántico nororiental)Anónimo itálico, 2º cuarto del siglo XVPergamino, 419 x 849 mmEscala: 0’9cm las 50 millas náuticas (1:7.000.000)