El Capitán de mar bilbaino Martín de Jauregui y su propuesta de medidas para la construcción de barcos presentada a Felipe II (1590)

 

 

 

El Capitán de mar bilbaino Martín de Jauregui y su propuesta de medidas para la construcción de barcos presentada a Felipe II (1590)

José Ignacio Tellechea Idígoras

Universidad Pontificia de Salamanca

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De todos es sabido que existe una gran tradición vasca en la construcción de naos con una larga serie de astilleros, de mayor o menor importancia, a lo largo de la costa cantábrica. Recientemente se ha avanzado no poco en la investigación de la construcción de barcos en los siglos XVII y siguientes; y son menores los conocimientos técnicos de la construcción en siglos anteriores. El desastre, que no derrota, de la llamada Invencible (1588) propició inmediatamente el encargo de diez grandes galeones por parte del Rey. Precisamente de ese momento (1590) es una propuesta a Felipe II del Capitán de mar, vecino de Bilbao, Martín de Jauregui, quien por servir a Dios y al Rey, «sin moberle ningun ynterese» habría procurado tener práctica y experiencia sobre los tercios que deberían tener las naos que se fabricasen por cuenta de Su Majestad y los que se fabricasen por particulares, desde Fuenterrabía hasta las islas de Bayona de Galicia. Tenía la pretensión de que su propuesta se estudiase en el Consejo de Guerra y la seguridad de que su aplicación redundaría en provecho de todos1. Las ventajas de su propuesta harían que las naves fabricadas conforme a las medidas señaladas pudiesen llevar un tercio de artillería, fuesen buenas veleras y recibiesen poca agua, y disminuirían los costos de la Corona al emplazar artillería en las naos de particulares secuestradas al efecto de formar Armadas. En segundo lugar, ajustándose a las medidas propuestas se evitaría en los navíos fabricados por orden del Rey el excedente de tonelaje, a veces muy notable. En tercer lugar, la propuesta de medidas favorecería también a los particulares pues sus ventajas no supondrían mayor coste. El secreto estaba en dar a las naves mayor manga y menos altura, con lo cual «pescaban» menos agua y podían entrar en puertos con barra sin encallar, como ocurría hasta entonces. Los navíos rasos y cumplidos y de buena manga «son mejores beleros y menos tormentosos». Con tales ventajas y seguridad, el Capitán Jauregui proponía que su plan se aplicase por orden real a los astilleros de Bilbao y Guarnizo donde trabajaban los mejores maestres carpinteros y gente de mar que se podía hallar en la fábrica de los galeones encargados por el Rey, y por extensión se aplicase a lo largo de toda la costa cantábrica desde Fuenterrabía hasta Bayona de Galicia también por los armadores particulares. Su instancia entró en el Consejo de Guerra en marzo de 1590, el cual dispuso que lo viese el técnico más famoso del momento: Cristóbal de Barros.

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