Siglo XVI. EL CAPITÁN GREGORIO DE UGARTE, DE PORTUGALETE

La historia de la Marina Civil Española, como ya hemos repetido en varias ocasiones, se ha desvirtuado por completo, hasta tal extremo que oficialmente no existe como tal. Actualmente una mayor parte de los ciudadanos españoles desconocen las extraordinarias gestas marítimas realizadas por los marinos civiles. Personajes como Cristóbal Colón, Juan Sebastián Elcano, Raimundo Lulio o Andrés de Urdaneta han sido desvirtuados. Es por ello necesario hacer una llamada de atención a los Ministerios de Cultura, de Fomento, de Educación y Defensa con el fin de que pongan en marcha políticas destinadas a recuperar y divulgar la verdadera historia de la Marina Civil. Es necesario que en los centros docentes incluidos los universitarios se estudie que el descubrimiento del Nuevo mundo fue realizado por marinos civiles, que personajes como Álvaro de Bazán jamás estudió en una academia de Guardiamarinas, ni pertenecieron a la Armada Española. Que la Armada española no nace hasta el siglo XVIII, que hasta 1720 no existen marinos de Guerra formados en academias militares, que los galeones fueron diseñados y construidos por marinos civiles. Que los cartógrafos más destacados fueron marinos civiles, como Juan de la Cosa.

La tarea a realizar es ingente y el camino a recorrer estará plagado de obstáculos, pero el esfuerzo es necesario y saludable. Conocer la verdad no debe asustarnos, sino todo lo contrario.

Con el ánimo de seguir trabajando con la vista puesta en ese horizonte de respeto y recuperación de la verdadera historia de la Marina Civil,  traemos a estas páginas uno de los múltiples trabajos realizados por Goio Bañales, que ha dedicado una parte importante de su vida a investigar la historia de la Marina Civil y ha publicado numerosos trabajos sobre este tema. , si se circunscribe en su tarea de investigación al País Vasco y muy especialmente a la gran marina de Portugalete. Su trabajo es digno de nuestro respeto y reconocimiento, y le agradecemos que nos haya dado autorización para publicar el e artículo siguiente:

josé antonio madiedo acosta

 

EL CAPITÁN GREGORIO DE UGARTE, DE PORTUGALETE

 

   Uno de los marinos más importantes de Portugalete es el capitán Gregorio de Ugarte y Coscojales, quien sobresalió, además de como excelente navegante, por el hecho de haber sido constructor de alguno de los galeones de mayor tonelaje que se han botado en los puertos de Bizkaia.  

   Las primeras noticias de Gregorio de Ugarte como maestre y capitán se remontan al año 1543, cuando gobernó un navío propiedad de su madre, doña Teresa de Coscojales, en el cual trasportó a Flandes 300 soldados de la infantería del coronel Pedro de Guzmán, formando parte de una flota de ocho galeones.

   Gregorio de Ugarte figura como maestre de la nao "Los Tres Reyes" que formaba parte de la flota que salió de Sevilla en abril de 1547 con destino a San Juan de Ulua, en Indias, puerto al que llegó en noviembre del mismo año. El viaje debió ser especialmente duro y sirva como ejemplo de ello que de trece monjes agustinos que transportaba únicamente llegaron nueve. Se trata, posiblemente, de uno de los primeros viejes del capitán Ugarte al continente americano. 

   Al año siguiente, el de 1548, Gregorio y Sancho de Ugarte, vecinos de Portugalete, obtuvieron licencia para pasar a Nicaragua; con ellos viajó su convecino Pedro de San Martín, mercader. Por desgracia no disponemos de datos que nos permitan conocer el propósito de este viaje.

   El año 1553 un galeón propiedad de Gregorio de Ugarte, de porte de 400 toneles, cuyo maestre era el también portugalujo Juan de Ballecilla Ugarte, fue requisado para la armada que se encargó de proteger a las naos que venían de Indias mostrando un comportamiento encomiable. En este viaje salvó a la tripulación de la nao capitana, que se había ido a pique, y posteriormente, antes de llegar a puerto, mantuvo una pelea en el cabo de San Vicente con tres navíos del famoso corsario francés François Lecrec, más conocido como "Pie de Palo".

   En 1558 otra nao construida por Gregorio de Ugarte, nombrada Nuestra Señora de la Asunción, fue la capitana de las diecisiete que ese año llevaron a Flandes infantería y dinero. Después de desembarcar la gente, ya en el viaje de vuelta y viniendo el propio Gregorio de Ugarte como general de la flota, fueron atacados por urcas francesas repletas de infantería que les causaron graves daños. La nao de Ugarte, que soportó tres abordajes, quedó muy dañada, con los mástiles deshechos y las velas quemadas, sin embargo, su resistencia permitió que el resto de los navíos pudiese ponerse a salvo. La Nuestra Señora de la Asunción, a pesar de ser reparada, se perdió al poco tiempo en Sevilla, en un incendio en el que ardió junto a otros 15 barcos. Se hallaba recibiendo carena recomponiéndose de nuevos daños que, en esta ocasión, había sufrido en un combate contra tres fustas de "moros". También en este caso Ugarte logró que su acción salvase a las que llegaron con ella en la flota de Indias, protegiéndolas hasta que todas estuvieron a salvo en la barra de San Lúcar de Barrameda.

 

   Los servicios de Gregorio de Ugarte a la corona fueron abundantes y el rey quiso recompensarlos con una capitanía, pagada con un sueldo de 30.000 maravedís. La respuesta del portugalujo fue arrogante y contundente afirmando que si él no había hecho lo obligado en servicio del rey, que entonces entendía que se le mandase castigar pero que de ninguna manera aceptaba que "disminuyesen sus laureles" otorgándole una simple capitanía a quien había gobernado armadas y, aún más, señalaba que la corona no podía pretender con aquel pobre ofrecimiento ni satisfacer su conciencia ni pagarle la cuantía de los daños que había recibido sirviéndola. El pago que Ugarte pretendía, y que finalmente consiguió, no le deja en buen lugar desde la perspectiva actual. Tras reiteradas solicitudes logró que le se permitiese traficar con esclavos negros de Cabo Verde. El año 1579 se le concedieron 50 licencias con este fin.

Gregorio de Ugarte fue autor de un memorial dirigido al rey, en el que exponía sus planes para la conquista definitiva de La Dominica y sus islas menores, las cuales, desde la llegada de los españoles no habían podido ser controladas. Proponía para ello crear una expedición, bajo el mando de un "conquistador" -él mismo, evidentemente- que financiase los gastos, compuesta por cuatro navíos de 50 toneles y dos zabras de 20 toneles, que transportarían la gente destinada a conquistar y poblar aquellas tierras. Los expedicionarios serían exclusivamente bizkainos, gipuzkoanos y de las Cuatro Villas, excepto 20 portugueses porque eran "muy buenos marinos de aquella tierra". Para resarcirse de los gastos el conquistador recibiría la mitad de la propiedad de la tierra así como la capacidad de administrar justicia, con la jurisdicción civil y criminal, y además se le permitiría traficar con mercancía "fuera de flota", es decir, libre de impuestos, durante cuatro años. Con todo, lo más curioso del plan, y lo que posiblemente dio al traste con él, es que pretendió crear una alternativa a la Casa de Contratación de Indias de Sevilla, proponiendo la creación de varios puertos francos en el norte peninsular que estuviesen exentos de rendir cuentas en Sevilla. Desde ellos se realizaría el comercio directo con Puerto Rico y las islas de La Dominica. Los puertos que propuso eran los de Portugalete y Bilbao en BizkaiaDeba en Gipuzkoa, y Castro Urdiales en las Cuatro Villas. El plan, aunque arriesgado, sería sin duda atractivo para los mercaderes que pretendiesen revitalizar los puertos de la Mar de Castilla con algo más que la ruta de las lanas; pero la perspectiva de romper el monopolio de Sevilla era irreal por los muchos intereses establecidos en torno a aquella capital. En cualquier caso, este plan supone el primer intento documentado de crear una contratación directa entre los puertos del norte peninsular con los de América, precursor, en cierto modo, de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, que unió los puertos vascos con Venezuela desde la primera mitad del siglo XVIII.

Para terminar con esta breve reseña del capitán Gregorio de Ugarte, queda apuntar una referencia a los barcos que construía. En uno de los numerosos legajos referentes a su actividad se hace referencia al galeón Los Tres Reyes, que fabricó en 1566 para dedicarlo al transporte de mercancías. Un barco que, un año después, fue requisado por la armada real para ser la nao capitana de la armada que transportó a los 1.500 infantes que, bajo el mando del general portugalujo Sancho de Atxiniega, combatió y expulsó a los franceses de La Florida, y que pudo readaptarse sin ningún problema como galeón de guerra.

   Precisamente el arqueo de este galeón nos permite conocer de primera mano la tipología y algunas de sus características, y nos sirve como referencia y modelo de los que se hacían aquellos años en las riberas del Nerbioi-Ibaizabal. Se trataba de un barco de dos puentes, de 16 codos y un cuarto de manga por 49 codos a lo largo de la cubierta más 8,5 codos de puntal. Es fácil pasarlo a medidas actuales sabiendo que un codo de aquel tiempo equivalía a 55,70 cms de hoy día. Mediante las medidas de manga y eslora del navío el maestro carpintero encargado del arqueo determinaba el volumen o tonelaje, en este caso el galeón arrojaba un tonelaje de 407 toneles "machos", a los que se añadía una "ventaja" del 20 por cien por los espacios que ocupaba la artillería situada en la primera cubierta, con lo que el total alcanzaba 488 toneles. Un tonel "macho", que era el empleado en Bizkaia, equivalía a 10 codos cúbicos, algo mayor que el tonel castellano de 8 codos cúbicos.

   Estas naos llevaban dos castillos, el de proa y el de popa, y tres palos, lo que les daba el aspecto tan característico que se aprecia en las ilustraciones de época.

   Hay que apuntar que se trata de uno de los barcos más típicos en el conjunto de los construidos en Bizkaia, prototipo de los que cubrieron la ruta comercial marítima con Flandes, conocida popularmente como "ruta de las lanas". Sin embargo, no era ni mucho menos el único modelo. Los barcos construidos en los astilleros bizkainos abarcaron una gama amplísima en la que destacaban las chalupas de pesca, pataches, zabras, galeones y galeazas. Dentro de cada uno de estos tipos existían modelos dotados de características especiales de acuerdo a la función que debían cumplir, ya fuese como barco de guerra o de cabotage, ya para costear o para la navegación oceánica.   Precisamente, el modelo representado por el galeón Los Tres Reyes quedó caduco unos años después, cuando se demostró que los barcos de menor tonelaje se adaptaban mucho mejor que los mayores a las necesidades del comercio con los Países Bajos, porque los de gran calado no podían remontar ríos ni navegar las aguas poco profundas de aquellas costas y canales.

 

   El año 1571 Gregorio de Ugarte se hallaba construyendo una nao de 600 toneles en el puerto de Galindo en la que había empeñado un enorme capital -el coste total ascendía a 7.000 ducados- y, a causa de que las deudas que el rey tenía contraídas con él no terminaban de satisfacerse, se declaraba incapacitado por falta de recursos para concluir el velamen y la artillería. Según sus propias palabras había construido "muchas naos de porte de más de cuatrocientos toneles".

 

En Gregorio de Ugarte se resumen las facetas más sobresalientes de los marinos portugalujos de los siglos XVI y XVII, hombres que se dedicaban al comercio o a la milicia y que conjugaban en su persona la función de armadores y capitanes de sus propios navíos. Es frecuente hallar citado a este capitán portugalujo en la documentación de Indias y en la de la misma villa de Portugalete por lo que habrá oportunidad de volver a traerlo a estas páginas, posiblemente coincidiendo con el capítulo que dediquemos al apellido Ugarte.

 

Goio Bañales