Diego Ribero, un Capitán de la marina civil que fue inventor de bombas de achique

 

 

 

Bombas de achicar de Diego Ribero 1531

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Diego Rivero, cosmógrafo y maestro de instrumentos náuticos, hizo presente al Emperador su invento de bombas de metal para achicar el agua de las naos, proponiendo hacerlas de calidad que una de ellas extrajese tanta agua como diez de las que se usaban de madera, o bien como dos, como tres, o como seis o más, según que se le pidiesen; que pudieran manejarse con un tercio menos de gente que las de madera; que no se empachasen como éstas, y empachadas uno o dos hombres las pondrían presto corrientes; que serían menos pesadas que las de palo; que las sometía a la prueba y experiencia que se le mandase; y que fuesen de larga duración, con las consiguientes ventajas y provecho a los buques, por la mayor confianza y seguridad con que podrían navegar por todas las partes del mundo; bajo cuyas condiciones, y de otras que omitimos por menos sustanciales, se obligaba a construir y entregar las que se necesitasen, pidiendo por remuneración de su trabajo en este invento la pensión de sesenta mil maravedises anuales, pagándosele por separado y bajo tasación el valor de las bombas que se le tomasen. Admitida la propuesta por el Emperador en todos sus extremos, se lo expidió Real cédula con fecha en Granada a 9 de noviembre del año 1526, haciéndote merced de los sesenta mil maravedises de pensión, sobre los treinta mil que gozaba por sueldo, siempre que hiciese constar las ventajas de sus bombas, por el experimento que harían en la Coruña o Sevilla los inteligentes que al efecto se nombrasen; y concediéndole además privilegio exclusivo por doce años, para surtir de ellas a los buques de guerra y mercantes españoles. Esta Real cédula se insertó y confirmó en otra dada por la Reina con fecha en Ocaña a 11 de marzo de 1531. Con la de 13 de octubre del mismo año se lo expidió otra en Medina del Campo, mandando a los oficiales-jueces de la Contratación de Indias en Sevilla, que conforme a la capitulación contenida en la Real cédula del Emperador, nombrasen personas que viesen y examinasen las bombas de Ribero, y del resultado diesen cuenta al Consejo de las Indias. Y por otra Real cédula, también de la Reina y con fecha en la misma villa de Medina a 4 de noviembre siguiente, se les mandó nombrasen maestros, marineros y personas prácticas en la navegación, para que en una nao hiciesen la prueba y experiencia estipulada, enviando relación de todo al Consejo.

     Presentadas dos bombas por Ribero, y teniéndolas acomodadas y dispuestas para la prueba en la nao Santa María del Espinar, pasaron a ella en 25 de dicho noviembre los jueces de la casa de Contratación Juan de Aranda factor, y Luis Hernández de Alfaro teniente de contador, con Lope Sánchez cómitre, Pedro Agustín, Bartolomé Carreño, Cristóbal Vara y Diego Sánchez Colchero, maestres, e marineros y personas sabias y aspertas en el arte del marear, y presente también el escribano de aquel tribunal Joan Gutiérrez Calderón, precedida la solemnidad del juramento, hicieron con ambas bombas cuantas pruebas quisieron, aplicando a la menor ocho hombres, igual número a la mayor y luego nueve, y examinando el mecanismo de ellas. Concluido el acto, volvieron todos a la casa de Contratación, y confiriendo prolijamente entre sí los peritos, dijeron por fin con voto unánime: que la bomba menor los pareció echaba tanta agua como dos de madera de las grandes: que siendo precisos para estas veinte hombres, aquella con un tercio menos de gente sacaría la misma cantidad de agua: que la grande de Ribero daría con los veinte hombres, tanto como cuatro de las de madera: que estas bombas de metal podían sacarse de su lugar por cima de cubierta más fácilmente que las de palo, para desempacharlas: que aquellas eran de mucho menos peso que éstas: que podía aplicárseles toda la gente que se quisiera, y que cuanta más se les pusiese tanta más agua echarían: que la nao que las llevase, iría más segura de mar e de artillería; y en fin, que les parecían más útiles y provechosas que las de madera. Los jueces apoyando este dictamen, añadieron a continuación, que a su parecer sacaban las nuevas bombas alguna más cantidad de agua que la que declaraban los maestros, porque sale con gran furia e violencia, e así es más cantidad el agua que sale de la que paresce.

     Por otra Real cédula de la Reina, con fecha en Medina del Campo a 22 de enero de 1532, se mandó al propio tribunal de la Contratación, con vista del informe anterior, por el consejo de las Indias, proceder para mayor seguridad a nueva y más larga experiencia de las bombas de metal en la primera nao que saliese para Nueva-España, recibiendo al regreso información del resultado, y dando relación de todo al Consejo, con noticia de lo que costaría cada una, sin perjuicio entretanto de abonar por aquel año a Ribero, de cualquier caudal del cargo del tesorero de la casa de Contratación, los sesenta mil maravedises que le estaban acordados.= Presentada esta cédula por Ribero en 12 de abril siguiente a los oficiales-jueces Juan López de Recaldo, contador Juan de Aranda, factor, y Francisco Tello, tesorero: acordaron entregase una de sus bombas a Ginés de Carrión el mozo, vecino del barrio de Triana y maestre de la Nao Mar-alta, para que la experimentase y se sirviese de ella en su próximo viaje a las Indias del Océano y Nueva-España. Verificólo Ribero el día 4 de mayo; y Carrión recibió la bomba, formalizando el correspondiente documento, en que expresaba ser su peso tres quintales y tres libras, y se obligaba a responder de ella y cumplir el objeto con que se le entregaba.= Salió la nao a su expedición; pero hubo de hacer tanta agua en la mar, que no pudo pasar de la isla de Santo Domingo, y de allí se volvió a España, hallándose ya en Sevilla el día 24 de abril de 1533, según escrito que Ribero presentó en él a los jueces pidiendo se recibiese la información prevenida por la última Real cédula, y se remitiese al Consejo como en ella se mandaba. Otorgada su petición, se tomaron declaraciones separadas en 17 y 20 de mayo inmediato a Nicolás Castilla y Juan Vanegas, pilotos del mismo buque, y a su maestre Carrión el mozo; quienes refiriendo su trabajosa navegación, y la imposibilidad de continuarla más allá de Santo Domingo, porque era tanta el agua que hacía, que pudiera moler un molino, por haber botado la estopa de dos costuras en la quilla, aseguraron que habrían perecido en la mar, a no haber llevado la bomba de metal, de la cual usaban solamente, aunque también llevaban una de madera: que seis de éstas no bastarían para apurar el agua: que era tan buena e provechosa la de metal, que ninguna embarcación debiera ir sin una de ellas a las Indias, porque echaba mucha agua con poca gente, no era embarazosa como las de palo, y daba lugar a que unos diesen a ella, y otros acudiesen a la maniobra y gobierno del buque: que por la confianza que habían formado de la utilidad de esta bomba, no temieron de seguir el viaje de regreso a España, aunque después de su salida del puerto de Santo Domingo, donde habían compuesto la nao, volvió a hacer agua con exceso, y que cercanos todavía del mismo puerto, pudieran haber retrocedido a él para recomponerla. A todo lo dicho, añadieron los jueces con fecha 16 de octubre de dicho año, que los parecía ser muy provechosas para la seguridad de la navegación las bombas de Ribero: que su costo podría ser sobre cuatro mil ochocientos maravedises por quintal de peso, que el peso debería ser en proporción al tamaño de los buques que hacían el viaje de Indias, o de tres a cuatro quintales para los de 100 a 200 toneladas, y a este modo según que ellos fuesen mayores o menores.

     Consta todo lo relacionado de dos testimonios dados por el citado escribano del tribunal de Contratación, en que se insertan a la letra las Reales cédulas, declaraciones y demás actos que quedan epilogados; los cuales testimonios existen en el archivo general de Indias de Sevilla entre los papeles trasladados a él del de Simancas.

     Diego Ribero. Por cédula fecha en Valladolid a 10 de julio de 1523 fue nombrado cosmógrafo de S. M. y maestro de hacer cartas, astrolabios y otros instrumentos de navegación con treinta mil maravedises de salario al año.

     Era ya difunto antes de 16 de setiembre 1533 (Tom. 1.º, de Viajes, nota en la pág. CXXV de la Introducc.)