1920.- El porvenir de nuestra Marina mercante

 

Diariamente llega a nuestros oídos que nuevos buques adquiridos en el extranjero por empresas españolas vienen a aumentar el tonelaje de nuestra Marina mercante. Y ante ello se nos ocurre una pregunta. ¿Ya se preocupan nuestros gobernantes, al igual que otros hacen, de ver qué clase de buques se adquieren? Porque una falta de estudio como hasta aquí ha existido sobre el particular puede acarrear fatales consecuencias en tiempos no lejanos a nuestra flota, hoy tan necesitada de protección como de aumento, pues así nos lo enseñan las grandes potencias con sus estudios sobre la marina. Nosotros nos debíamos preocupar de ello más de lo que nos preocupamos, por ser de los más llamados a sostener una marina potente, como corresponde a nuestra nación, que es esencialmente marítima por su posición geográfica v su extenso litoral. A tal punto llega el estudio que algunas naciones hacen sobre el particular, que, viéndose tan necesitadas o más que nosotros de tonelaje^ .autorizan la venta de cierta clase de buques. ¡Y que seamos nosotros sus principales clientes! Es verdad que estamos necesitados de tonelaje; pero cubriendo la falta con esos nuevos buques, que son el desecho de otras naciones, ¿qué beneficios obtenemos? Salir del paso, cubriendo las necesidades del momento. Siempre hicimos lo mismo: preocuparnos del presente tan solo... y el que venga detrás que arree. De distinto modo piensan esas naciones que se desprenden hoy de sus barcos viejos y construyen cuantos nuevos son posible construir, para verse antes de dos años con una flota de doce a catorce millas de marcha, dotada de aparatos modernos y de todas las comodidades que la, arquitectura naval moderna introduce en los nuevos buques, tanto para la seguridad y comodidad de sus tripulantes, como de sus mercancías. Mirando por el bien de todos, nos permitimos recomendar a quien corresponda que estudie cuanto antes esta cuestión, pues hoy, que todavía se conservan los fletes bastante elevados, vemos a algunas compañías navieras agobiadas, no (como algunos se han permitido afirmar) por el aumento de sueldos concedido a sus tripulaciones, sino por el costo de las continuas reparaciones que los barcos necesitan. Si nuestros gobernantes no toman pronto cartas en el asunto, prohibiendo la adquisición de ciertos buques, parecerá antes de poco tiempo nuestra nación una especie de Asilo de las Hermanitas de los Pobres o un Museo Naval de antigüedades. Flotas de esta naturaleza no podrán competir nunca con las extranjeras y, como consecuencia, vendrá nuestra ruina y la de la nación. No se engañen nuestros armadores, aumentando el tonelaje con tales buques. Y sino, fíjense en lo que hace Inglaterra, que autoriza la venta de sus barcos viejos, aun viéndose en el caso de tener que alquilar extranjeros (alguno de ellos de nacionalidad española) para el tráfico de sus costas. En cambio, intensifica la construcción. En resumen, que lo que hace Inglaterra es, sacrificándose hoy un poco, desprenderse de todos sus cacharros y hacerse con una flota de barcos nuevos que sembrarán el pánico a las demás flotas del mundo y sobre todo a la nuestra. Los tripulantes empezamos a tocar las consecuencias de estos desaciertos, pues ya se vislumbran vestigios de otras épocas y rebaja en los sueldos presentes. Mucho duraba la alegría en casa de los pobres. Pero que no nos confundan con los de otros tiempos, pues ya no estamos dispuestos a sufrir las consecuencias que acarrea el abandono en que está sumida la marina civil por quienes tienen la obligación de velar por ella. Todavía es tiempo. Intensifíquese la construcción naval, construyendo barcos dotados de mecanismos modernos que les impulse a mayores velocidades, (que consumirán menos que estos cascajos que hoy tenemos) ; exíjanse los estudios necesarios para el manejo de tales aparatos y entonces tendremos una flota para honra de la nación, de los armadores y de sus tripulantes, capaz de competir con cualquiera otra. Mientras no se haga esto, estaremos como siempre... a la cola. Armando UNION (i)

Con mucho gusto reproducimos este artículo publicado por la Revista de Bilbao “El Maquinista Naval”