La Escuela de Marina Civil cumple 25 años

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Diseñada por Diego Cabezudo, fue la primera de España que se levantó en un campus, tras convertir sus estudios en universitarios El 10 de junio de 1988 José Antonio Madiedo y Pedro de Silva inauguraron el edificio

EVA MONTES GIJÓN.Martes, 11 junio 2013, 03:42

José Antonio Madiedo quería celebrarlo adecuadamente, pero no le dejaron. Las circunstancias económicas, y la escasa inclinación del actual director de la Escuela Superior de Marina Civil por los festejos, impidieron al capitan gijonés rememorar en su justa medida los 25 años de su hijo político más querido. Aquel 10 de junio de 1988, cuando, imbuido de la autoridad que le confería ser director general de la Marina Mercante, fue protagonista de excepción de la puesta en marcha del primer edificio universitario del que disponían los marinos desde toda su historia. El propio Pedro de Silva, a la sazón presidente del Principado, reconoció aquel viernes de junio que «fueron la tozudez y contumacia de José Antonio Madiedo las que han traído este edificio para Gijón. A él debemos, en gran medida, estas modernas instalaciones».

Se refería De Silva a la convulsa historia de los estudios de marino, que de ser de Formación Profesional, depender del Ministerio de Transportes e impartirse en la Escuela Náutico Pesquera de La Calzada, pasaron, sin no pocas dificultades, a ser universitarios, depender del Ministerio de Educación y Ciencia e impartirse en una escuela superior. De hecho, el edificio que se levanta en una parcela de 28.000 metros cuadrados junto a la primigenia Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, es el primer centro de Marina Civil de España que se ubicó en el seno de un campus universitario. Y supuso una inversión de 1.200 millones de pesetas.



«Hoy es un día emocionante para mí y memorable para la marina civil, en el que se hace realidad lo proyectado hace casi 200 años por Jovellanos», recordó en 1988 José Antonio Madiedo, ante un cúmulo de autoridades de toda índole, ante las que instó a la Universidad, «que ha vivido alejada de la mar» a que «se acerque a ella y se vuelque en darle todas las facilidades». Y se las ha dado. Desde entonces, todos los directores de la escuela más específica que, sin duda, tiene la Universidad de Oviedo han valorado el apoyo de la institución a pesar de sus peculiares características, que hacen que en los 1.400 metros cuadrados de superficie construida no se muevan más de 300 estudiantes, a pesar de que su capacidad se eleva a 800.

«Pero es que hoy día resultaría prácticamente imposible atender a tantos alumnos, con nuestros condicionamientos formativos», explica Daniel Ponte, en referencia a las prácticas obligatorias en barcos, «cuando en España nos estamos quedando casi sin flota». El actual director de la escuela señala que «los grados fueron aprobados para grupos de 35 alumnos y el año pasado entraron 70. Estamos al límite. Más de 100 sería imposible», mientras confiesa que el pleno empleo del que siempre hacía alarde su antecesor, dejó de ser una realidad. «En España, desde luego, porque no hay armadores, pero en el extranjero sí hay trabajo, porque marinos se necesitan siempre. El problema es dónde y con qué condiciones. Ahora hay que salir fuera y a barcos especializados», afirma Ponte.

Después de 25 años la Escuela Superior de Marina Civil ya sufre sus propios achaques. El más llamativo es la pérdida del planetario y el más reciente, la caída de elementos de la fachada, que han obligado a proteger el acceso a la parte posterior. «Es solo por precaución», puntualiza el director del centro universitario, que está a la espera de que los servicios de mantenimiento de la Universidad, que carecen de recursos económicos, afronten la obra. «La Universidad siempre se ha portado muy bien con nosotros», repite Daniel Ponte, a quien le ha tocado gestionar, por falta de medios, la peor etapa de la escuela.

El cerebro del puerto de Gijón

No todos coinciden en la bondad de que los marinos sean universitarios ni en que su ubicación en el campus, lejos del mar, sea la adecuada, pero las bodas de plata marcan un camino irreversible. Aquel 10 de junio de 1988 Pedro de Silva hizo un vaticinio: «En Asturias se ha levantado la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas cuando la minería estaba iniciando su crisis y la de Ingenieros Industriales, en plena crisis de la industria en la región, pero no es el caso de la Escuela Superior de Marina Civil, porque la mar y el puerto de Asturias, con sus dos bocas de Gijón y Avilés, son el factor más importante para el futuro del Principado. El puerto debe y tiene que ser un factor de desarrollo para el futuro de la región, lo que nos obliga a convertir este puerto de Asturias en un proyecto ambicioso y menos dependiente de una sola empresa. Esta escuela que hoy inauguramos debe ser el cerebro de todo este proceso».

Festejos para recordar aquella memorable fecha, con Vicente Álvarez Areces como alcalde de Gijón, Obdulio Fernández como delegado del Gobierno, Antonio Landeta como presidente de la Junta General del Principado y Alberto Marcos Vallaure como rector de la Universidad de Oviedo, no va a haber, «pero sí aprovecharemos la entrega de diplomas, que suele ser por octubre, para recordar la efemérides», afirma, casi contrariado, el discreto director de la escuela, mientras piensa en fórmulas asequibles y someras.