Aprender a ser marineros en el ´Falken´

Base naval de Portopí

Diario de Mallorca

Aprender a ser marineros en el ´Falken´

El buque escuela de la marina real sueca ha recibido en Palma a 27 estudiantes del país escandinavo para que aprendan las nociones básicas de navegación durante una travesía de un mes por el Mediterráneo

27.10.2014 | 06:30

Aprender a ser marineros en el ´Falken´

Raquel Galán PalmaMuchos no habían navegado nunca en velero –"solo he estado de vacaciones en un crucero", dice Jamie–, pero ahora ya saben subir al palo mayor –de más de 40 metros de altura– equipados con un arnés cuyo mosquetón de protección no es enganchado al mástil hasta que los aprendices de marinero alcanzan la cruceta. Fue lo primero que tuvieron que hacer 27 estudiantes suecos a bordo del buque escuela Falken cuando llegaron a la base naval de Portopí. Tras un par de días conociendo el casco antiguo y la historia de la ciudad, la semana pasada se trasladaron al que será su hogar flotante durante un mes y cogieron el timón para poner rumbo a otros destinos del mar Mediterráneo.

En el puerto palmesano han aprendido "las nociones básicas de navegación, la nomenclatura náutica, las normas a bordo de este barco y las precauciones que deben tener. Todo es nuevo para ellos, por lo que empezamos enseñándoles lo esencial", como explica Thomas Falk, el capitán del buque escuela Falken, de la marina real sueca, quien por su apellido parece predestinado a la goleta construida en 1947.

Los nuevos tripulantes "son 15 chicas y 12 chicos de entre 16 y 17 años del colegio Bernadotte Gymnasium, especializado en enseñar a quienes en el futuro quieren aprender una profesión como bombero, policía, militar, asistencia sanitaria, etc.", detalla el capitán Falk. A bordo no solo se forman en marinería, sino que "aprenden a trabajar en grupo y convivir las 24 horas del día en un espacio muy reducido". Por su experiencia previa, Falk asegura que "es fácil, se sienten cómodos, porque el barco no es grande –39 metros de eslora– y da más confianza".

Los 27 estudiantes no están de vacaciones, por lo que trabajan codo con codo con los 12 componentes de la tripulación habitual del buque.

Durante la travesía tienen que hacer guardias de vigilancia por turnos y en grupos desde las 16 hasta las 8 horas de la siguiente jornada y no duermen más de tres horas y media seguidas, tal como indica el segundo oficial del Falken, Karl-Magnus Persson. También reciben clases teóricas y prácticas sobre los sistemas de navegación, las maniobras de atraque, labores de estiba, cómo hacer nudos marineros, adujar cabos y manejar los aparejos, entre otras enseñanzas. Lo que menos debe de gustar a muchos aprendices y profesionales son las labores de mantenimiento y limpieza, pero para que el buque escuela Falken reluzca en todo su esplendor tienen que baldear la cubierta y pulir los metales.

La bienvenida Aún no habían dejado sus petates en los camarotes cuando los alumnos suecos ya estaban trepando por la escala de cabos para llegar al mástil. Tras recibir la bienvenida del capitán Falk, un oficial les explicó que todos tenían que subir a los dos palos del velero y les dio una serie de nociones de seguridad y sobre la colocación del arnés.

Dos tripulantes hicieron una exhibición y la primera alumna en probarlo fue Thora Sönnergaard, con una sorprendente desenvoltura. "Tengo experiencia en escalada, pero es la primera vez que subo a un mástil", afirmó antes de reconocer que se había puesto "nerviosa, porque puedes caerte". Sin embargo, "después de llegar al primero, es más fácil. Lo que más miedo da es cuando estás arriba y tienes que quitar el mosquetón para cambiar de sitio", destacó ya en tierra. La sensación para Jamie fue una mezcla de "felicidad y nervios", aunque no le pilló por sorpresa esta primera experiencia a bordo: "Sabía que teníamos que subir".

A medida que descendían, el capitán del Falken les saludaba formalmente de uno en uno y les solicitaba oficialmente que se sumasen a la tripulación. Ellos le respondían con una frase que estaba escrita en una pizarra y se debían aprender. Tras este acto protocolario, recibían su código de estancia a bordo.

El país escandinavo ha tenido hasta ocho buques escuela Falken desde el siglo XVII y el actual va equipado con la más moderna tecnología para navegar estos días por el archipiélago balear rumbo a la Costa Azul, Livorno, Córcega y Málaga, después de dos semanas atracado en Palma a la espera de la aventura.