Cifran en 2.300 los trabajadores del mar gallegos que asisten a cursos de formación y seguridad

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Cifran en 2.300 los trabajadores del mar gallegos que asisten a cursos de formación y seguridad

Actualmente se imparten en localidades como O Grove, A Guarda y Pontevedra - Destacan las lecciones de supervivencia en alta mar

manuel méndez 14.05.2014 | 01:31

Trajes de supervivencia y elementos de rescate son vitales. // Muñiz
Trajes de supervivencia y elementos de rescate son vitales. // Muñiz
 

La empresa de formación Alfer, con sede en Pontevedra, cifra en alrededor de 2.300 el número de trabajadores del mar, asociados al 80 por ciento de las cofradías de pescadores gallegas, que en la actualidad -o en lo que resta de año- asisten a los diferentes cursos de seguridad, riesgos laborales y primeros auxilios, los cuales se financian con fondos europeos y se canalizan a través de la Consellería do Medio Rural e do Mar.

En los últimos días, por ejemplo, una veintena de alumnos realizaron la parte práctica de estos ciclos formativos en el puerto de O Grove, pero la actividad se hace extensiva a localidades como Pontevedra, A Guarda, Baiona o Camariñas, entre otras muchas.

A nivel autonómico

Alberto Beneite, director de la firma Formación Alfer, explica que cursos como los que se desarrollan estos días en aguas grovenses integran el plan de formación de la comunidad autónoma para este ejercicio, con módulos como el de marinero/pescador, operador de radio y formación básica.

"Cada cofradía de pescadores tiene asignados diferentes cursos, en función de las necesidades y la demanda de cada puerto", relatan en Alfer, donde apostillan que "estos días en O Grove enseñamos formación básica en materia de seguridad, tanto en lo relativo a supervivencia en el mar como a lucha contra los incendios, primeros auxilios y seguridad en el trabajo".

Son cursos de setenta horas de duración -repartidas en trece jornadas de intensa formación- impartidos por capitanes y pilotos titulados de la Marina Mercante.

Los alumnos asisten primero a clases teóricas, en las que reciben todo tipo de información y conocimiento. Y después se lanzan al agua -si es el caso- para asistir a la vistosa parte práctica del ciclo, que incluye diferentes técnicas de lucha contra el fuego y el empleo de variados materiales.

Del mismo modo se habilita un módulo para aprender a poner los trajes de supervivencia en menos de dos minutos y se enseña a los marineros cómo desenvolverse con los chalecos salvavidas y las embarcaciones de rescate, tanto si son rígidas como hinchables.

Al agua

Las técnicas de lanzamiento de aros también forman parte del programa, en el que resulta especialmente llamativo el momento en que los alumnos se lanzan al agua para aprender a agruparse y a reaccionar convenientemente en caso de naufragio.

En este sentido, puede decirse que incluso aprenden cómo aplicar los primeros auxilios en el agua, por si algún día se ven en apuros y tienen que socorrer a algún compañero.

Ayer las clases en O Grove se centraron en la lucha contra el fuego y el manejo de equipos de respiración autónoma para saber acceder a habitáculos con humo y nula visibilidad. Anteayer los alumnos se dejaron ver en el agua, dentro de la ensenada de O Corgo.

 

COMENTARIOS DE AEMC

 

La finalidad de los cursos no es subvencionar este o aquel, ni hacer negocios o evitar denuncias por parte de determinadas organizaciones o grupos. Comprar la paz política o evitar críticas a base de cursos sería grave. Los cursos deben estar diseñados de modo que se ajusten a las necesidades de aquellos que van a ejercer su profesión a bordo de un barco, en un puerto o en una naviera.

Impartir cursos alrededor de un portátil instalado sobre la mesa de un bar, como parece ser que se ha hecho en algunas ocasiones, es un fraude que puede tener graves consecuencias para quien obtiene un certificado sin estar realmente capacitado para dar respuesta a una emergencia, para asistir a un náufrago o para luchar con un incendio, etc.

Encomendar la gestión administrativa de cursos y titulaciones a funcionarios carentes de una formación y sin experiencia específica en la materia es una muestra de incapacidad e irresponsabilidad política.

Algunos de los centros homologados para impartir determinados cursos deberían ser obligados a introducir cambios o en caso contrario se les debería revocár la licencia.

Las Administraciones responsables deberían inspeccionar periódicamente los centros y los cursos. Y deberían hacerlo con personas cualificadas profesionalmente para hacerlo.

Algunos de los profesores/as que imparten cursos, deberían recibirlos ellos/as previamente.

En fin,  que si lo que se quiere superar la actual situación de relajo en materia de seguridad marítima, el camino es otro muy distinto. No es cuestión de cuantificar, sino de cualificar y actuar con sentido de la responsabilidad.