Hace falta mucho más que un buen embajador en Perú

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Fernando Salazar Paredes

sábado, 10 de mayo de 2014

Fernando Salazar Paredes

Más allá de que todos estamos de acuerdo con la no politización del tema marítimo, es importante rescatar dos aspectos de las declaraciones de Carlos Mesa sobre una estrategia de apoyo a la demanda presentada ante la CIJ. "Estoy sintiendo la idea de equipo”, ha dicho y ello es muy saludable. También ha expresado que la designación de un nuevo representante en Lima "es fundamental”, ya que cerraría el circuito de este equipo que lo integran él, el agente en La Haya, el canciller y el procurador. La idea del necesario "equipo” era algo que reclamábamos desde hace mucho tiempo. Su materialización constituye un acierto gubernamental. No obstante, hace falta mucho más que la designación de un buen embajador en el Perú para cerrar el circuito. Hay otras misiones igualmente fundamentales que merecen ser reforzadas con diplomáticos que se conserven hasta que salga el fallo. Las representaciones en OEA y Naciones Unidas son de capital importancia. La primera por razones obvias y la segunda porque es el escenario donde se pueden estrechar relaciones con países en los que no mantenemos misiones diplomáticas. Actualmente, ambas representaciones son puntos vulnerables para la estrategia, cuyo principal instrumento es un equipo homogéneo y experimentado. Hay dos países latinoamericanos representados en la CIJ: México y Brasil; la pregunta es si nuestros actuales representantes son interlocutores válidos como para llevar adelante gestiones ante esos gobiernos que, de alguna manera, podrían influir en esos jueces que, evidentemente, fallarán en derecho pero que -no hay que olvidar- sus nombramientos fueron políticos y les resultará muy dificultoso, aunque no imposible, alejarse de la posición oficial de sus países en esta materia. No preocupa mucho México, ya que nuestro embajador es experimentado en negociaciones políticas, pero sí Brasil, país con el que nuestras relaciones no están en el mejor momento y donde varios sectores, especialmente de la prensa, cuestionan a nuestro jefe de misión. No se debe hacer abstracción que la misión de Chile ante el Consejo de Seguridad cuenta en sus filas con un diplomático brasileño, lo que demuestra la estrecha colaboración que hay entre ambos. Concuerdo que es preciso y oportuno fortalecer el equipo nombrando en el Perú alguien que goce de prestigio e influencia en ese país, y que tenga reconocida experiencia negociadora. Gustavo Fernández Saavedra podría ser un excelente embajador en Lima, donde tiene gran ascendencia y prestigio. En la OEA ya no podemos seguir con un improvisado que muy poco aporta a la causa. Es una pieza cardinal para el equipo, máxime si de allí emergió, en 1979, el apoyo político, semejante al respaldo jurídico que ahora buscamos. Alberto Zelada Castedo, excónsul en Chile y prestigioso miembro del Comité Jurídico Interamericano, podría asumir ese cargo y sumarse idóneamente a la estrategia. La representación en Naciones Unidas es clave. No resulta lógico, ni conducente, mantener un representante seriamente cuestionado y que, quién sabe, en cualquier momento podría ser imputado por violaciones de derechos humanos. El hombre ideal para esa misión es Jorge Gumucio Granier, cuyas credenciales sobre su aporte a la causa marítima y su capacidad en el ámbito multilateral lo habilitan como la mejor opción. Algunos países francófonos y anglófonos de Europa, Asia y África requieren de explicaciones de viva voz sobre nuestra causa y para ello el país cuenta con Carlos Antonio Carrasco, que tiene la vivencia y experiencia indispensables para argumentar y persuadir a ese importante grupo. Así como se busca aglutinar apoyos internos (Jaime Paz y Tuto Quiroga), también hay que sumar apoyos externos. Estados Unidos, nos guste o no, tiene una influencia grande en el ámbito internacional y también en la CIJ. Hay que normalizar las relaciones con ese país de una vez por todas, con las obvias y necesarias seguridades, todo en función del objetivo mayor de la reintegración marítima. El actual canciller David Choquehuanca podría ser el embajador indicado para Washington; no escapa a nadie sus desmedidos afanes y esfuerzos tendentes a dicha normalización. Claro que se dejaría acéfala a la Cancillería, pero ello tampoco es problema porque hay un miembro del equipo, Héctor Arce Zaconeta, que bien podría ser el nuevo canciller. Por su formación, capacidad y personalidad, su designación sería una gran demostración de solvencia hacia la comunidad internacional y, lo que es mas importante, podríamos contar con un canciller positivamente proactivo, que es lo que estamos necesitando desesperadamente. Pido disculpas por haberme tomado la libertad de citar algunos nombres de "los que sí saben”; son simples cavilaciones, ni siquiera son sugerencias. Son, en realidad, el único aporte efectivo posible del que escribe estas líneas a un tema que está tan dentro de todos nosotros. Fernando Salazar es abogado

internacionalista.